Lunes, 22 de marzo de 2010

 Carta de monseñor Aurelio José Kühn Ofm, obispo prelado de Deán Funes para la Cuaresma 2010. (AICA)

CARTA PASTORAL DE CUARESMA 2010 

A los hermanos Sacerdotes y fieles de la Prelatura, PAZ Y BIEN. 

1. Hermanos, otra vez iniciamos el camino de preparación a la Pascua, con el tiempo cuaresmal.

Es un tiempo de gracia, que si lo aprovechamos, podrá marcar un profundo cambio en nuestra vida cristiana y eclesial.. Nos recuerda el paso por el desierto del pueblo de Israel y los cuarenta días que Jesús pasó por el desierto, en la oración y el ayuno, y donde también soportó, victoriosamente, las tentaciones del demonio.  

2. En este tiempo, la Palabra nos invitará a no endurecer el corazón, sino escuchar la voz del Señor (Sal 94,8). Por el Profeta Joel, nos anuncia: “Pero aún ahora –oráculo del Señor- vuelvan a mí de todo corazón, con ayuno, llantos y lamentos. Desgarren su corazón y no sus vestiduras, y vuelvan al Señor, su Dios, porque es bondadoso y compasivo” (Joel 2, 10-13).

Tenemos muchos signos a través de los cuales Dios nos esta llamando, y con fuerza. Nos habla a través de la Iglesia y sus Pastores, con sabios y oportunos mensajes. Nos habla a través de las situaciones y acontecimientos dolorosos, que nos tocan de cerca, y nos revelan nuestras irresponsabilidades, nuestros descuidos, debilidades y pecados, nuestra falta de fe.

¡Y sobre todo nos habla con su Palabra! Pero estamos muy acelerados y ocupados de nosotros mismos. No nos ocupamos o muy poco de las cosas del Señor. “Pero mi pueblo no escuchó mi voz, Israel no quiso obedecer. ¡Ojalá mi pueblo me escuchara, e Israel siguiera mis caminos!... Yo alimentaría a mi Pueblo con lo mejor del trigo, y lo saciaría con miel silvestre” (Sal 80, 12-17). 

3. Los invito, pues, a iniciar un camino cuaresmal, atentos a la Palabra y dispuesto a darle al Señor una respuesta concreta, a ejemplo de María, que le dijo Sí y le fue fiel hasta el final.

Tengo muchas inquietudes y propuestas.

Primero, necesitamos tomar conciencia de la necesidad de la oración. Sin la ayuda del Señor nada podemos (Jn 15,5). Sobre todo les pido a los sacerdotes, a los movimientos eclesiales y fieles, que en las parroquias y capillas donde esté el Santísimo, organicen y hagan la adoración eucarística. Que sea un fruto del Año Sacerdotal, porque de allí florecerá la vida cristiana en las familias y en las mismas comunidades eclesiales. Y surgirán también vocaciones, firmes y santas, para la Iglesia. Jesús exclamó: “Quien tenga sed venga a mí; y beba quien crea en mí” (Jn 7,37-38). Acercarnos a Jesús, en la Eucaristía, abrirle el corazón en ardientes súplicas y alabanzas, y acoger lo que nos ofrece, el Espíritu Santo. 

4. A partir del encuentro con el Señor, esperamos también hacer un camino de renovación y reconciliación, y asumir con mayor entusiasmo la misión diocesana. En el nombre del Señor, fiados de su palabra, queremos lanzar las redes, como Simón Pedro, que al mandato de Jesús de “navega mar adentro y echen las redes”, obedeció y obtuvieron una pesca milagrosa (Lc 5,5).

Tenemos dos celebraciones con un fuerte mensaje cada una, que pueden y deben impulsar la renovación de nuestra vida eclesial:

1ª. Los 150 años de la piadosa muerte de San Juan María Vianey y el Año Sacerdotal. Una oportunidad providencial para intensificar la oración por las vocaciones, actualizar la Obra de las Vocaciones sacerdotales y religiosas, y para nosotros sacerdotes, renovar y vivir más plenamente nuestra consagración sacerdotal: “Esfuércense los sacerdotes, con oraciones y obras buenas, por obtener de Cristo, sumo y eterno Sacerdote, la gracia de brillar por la fe, la esperanza y la caridad, y otras virtudes, y muestren con su estilo de vida, pero también con su aspecto exterior, que están plenamente consagrados al bien espiritual del pueblo, que es lo que la Iglesia siempre ha buscado por encima de cualquier otra cosa” (Decreto de la Penitenciaría Apostólica).

2ª. Los 400 años de la muerte de San Francisco Solano, el segundo Patrono de la Prelatura. Fue el gran misionero, que dejó Mantilla, España, su tierra de origen, para internarse en los pueblos de Argentina y Perú, y evangelizarlos con la fuerza de su fe, de su amor y su generosa entrega. También evangelizó nuestra zona. Nos preguntamos, cuál fue su secreto para imprimir, tan profundamente, la fe y las costumbres evangélicas en el corazón de los primeros habitantes en territorio americano.  

5. Por la misión diocesana, nos proponemos seguir su ejemplo. En los meses de junio y julio, llevando sus reliquias, visitaremos todas las parroquias, en el nombre del Señor. Dice el Documento de Aparecida” “¡Necesitamos un nuevo Pentecostés! ¡Necesitamos salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo” (Ap 548).

El patrimonio más valioso de nuestros pueblos es la ‘fe en Dios Amor’ y la ‘perla más preciosa’ es Jesucristo. Por eso, dice el Papa Benedicto XVI, hay que fortalecer la fe para afrontar serios retos, pues están en juego el desarrollo armonioso de la sociedad y la identidad católica de sus pueblos. “Todos los bautizados estamos llamados a recomenzar desde Cristo” (Ap 549).

Tenemos, ciertamente, un gran desafío: ¿Cómo formar en la fe y en la vida cristiana a los cristianos de hoy y de mañana? ¿Y cómo acompañar a tantos hermanos, marcados por la inseguridad, la inestabilidad y el sin sentido de sus vidas, sin una mirada serena hacia el futuro por la misma falta de trabajo o rupturas familiares? Necesitamos impulsar el espíritu misionero y fortalecer la catequesis, incentivar los grupos de oración, los centros o escuelas bíblicas, pues el cristiano de hoy debe ser discípulo de la Palabra (Benedicto XVI). También elegir y formar animadores y líderes en las comunidades. Fortalecer las Caritas parroquiales como el rostro de la caridad de la Iglesia, que va al encuentro de sus hijos.

La misión diocesana puede y debe ser la oportunidad para verificar el camino recorrido e indicar el camino a recorrer. 

6. Creo que el Año Sacerdotal es un momento de gracia para nuestra comunidad cristiana. El sacerdote es un don y un signo, muchas veces de contradicción, para la Iglesia y la sociedad. Y lo necesitan. Por eso insisto en la necesidad de la adoración eucarística en las parroquias, por la santificación y aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas, y por el fortalecimiento de los vínculos familiares, de donde surgen las vocaciones. También oremos para que en las comunidades cristianas florezcan las virtudes cristianas, de la fe, la esperanza, el amor y tantas otras virtudes que pueden hermosear y dar vida nueva a una comunidad.

Igualmente el 400 aniversario de la muerte de S. Francisco Solano será un momento privilegiado para despertar y animar el espíritu misionero en la Prelatura. “Por nuestro Bautismo todos estamos llamados a ser discípulos y misioneros de Jesucristo”(Benedicto XVI).

Dios nos conceda la gracia de vivir una verdadera cuaresma, de oración, conversión y apertura al Espíritu.

Dios los bendiga. 

Mons. Aurelio José Kühn OFM, obispo prelado de Deán Funes 

 


Publicado por verdenaranja @ 22:45  | Hablan los obispos
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