Martes, 30 de marzo de 2010

Lectio divina para el Jueves Santo, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.


JUEVES SANTO

 

LECTURA:         “Juan 13, 1‑15”

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Estaban cenando (ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara) y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.

Llegó a Simón Pedro y éste le dijo: Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?

Jesús le replicó: Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.

Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás.

Jesús le contestó: Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.

Simón Pedro le dijo: Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza. Jesús le dijo: Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos. (Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.»)

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «El Maestro» y «El Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.

MEDITACIÓN:           “Vosotros también”

         Siempre me estremezco al pensar qué grande tiene que ser el misterio profundo del hombre, que no somos capaces de intuir, que provocó el que tú, el Hijo de Dios,  vieses que tenías que llegar hasta la muerte. Dios muere de amor por el hombre. Por el hombre que sigue sin necesitar aparentemente de Él, que le sigue rechazando, que trata de juguetear a serle fiel, por mí. Tú, Dios, me amas hasta el extremo, y das tu vida para decirme lo importante, lo vital, que es la necesidad del amor para dar un nuevo rostro a la humanidad sufriente, al hombre y a la mujer de todos los siglos.

            Y no puedo menos, que mirar a mi alrededor, y mirarme a mí, que me llamo tu discípulo, que me atrevo a llevar tu nombre de seguidor, y sentir dolor y tristeza. Al matarte a ti, descubrimos que se puede matar al amor, y porque se sigue matando al amor allí donde se manifiesta, sigue habiendo sufrimiento y dolor, y la humanidad se sigue desangrando por demasiados costados.

            Hoy, en ese gesto con tus discípulos, además de dejarnos lo que ha sido la actitud de tu vida, nos dejas la tarea de continuarla en cada uno de nosotros, de continuarla en mí. Me llamas a amar. A amar no en la teoría, sino manifestado en mi actitud de servicio, es decir, de ser para los otros, de disponibilidad, de apertura, de donación. Son palabras fuertes, lo sé, pero no indican imposibles, sino actitudes que cada uno estamos llamados a realizar desde la realidad concreta, sencilla o importante, desde la forma de seguimiento que hemos adoptado o queremos adoptar en nuestra vida. No me pides imposibles, me pides que, allí donde esté, simplemente ame, sea bendición para todos y no una maldición, sea sonrisa, mano tendida, corazón abierto, como el tuyo.      

ORACIÓN:             “Instrumento de amor”

Señor, enséñame y ayúdame a lavar los pies a mis hermanos los hombres, es decir, a amar. A amar a todos, como tú, hasta el extremo de mi capacidad. Me lo recuerdas y me lo pides el día en que tú lo consumaste con tu vida, y dentro de mí late la semilla de ese amor que tú has colocado y que lucha por romper sus barreras.

En este día previo a tu muerte por amor, que seguirá siendo indiferente para muchos, para otros, incluso, desconocida, deseo, Señor, que me hagas vibrar con más fuerza en mi deseo de ser instrumento de amor. Sé a qué me expongo, sé que es incómodo, sé que me expongo a seguir siendo incomprendido y ridiculizado. Pero quiero aprender a amar y a hacerlo cada día con más fuerza, con más ilusión, con más alegría, porque yo lo necesito y el mundo, el mundo que ríe insolidariamente,  y el mundo que sufre en su vacío profundo y en su dolor injusto, lo necesita

CONTEMPLACIÓN:           “Me amas”

Sí, sé que me amas.

siento que me amas,
como amas al mundo,
y a cada hombre,
en su dolor,
especialmente en su dolor,
y en su alegría.

Por eso te acercas a cada uno,
te acercas a mí.

Te abajas a nuestra miseria,
a mi pequeñez,
para gritarnos con tu entrega,
nuestra grandeza,
nuestra dignidad,
nuestra realidad de hijos tuyos.

Por eso nos llamas a amarnos
y a servirnos.

Nos quieres hacer sentir
que al toque de tu amor,
con tu vida y con tu muerte,
todo nuestro ser
se vuelve limpio,
transparente,
y que la vida,
además de ser hermosa,
sigue siendo posible.


Publicado por verdenaranja @ 22:36  | Liturgia
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