Lunes, 05 de abril de 2010

Lectio divina para el martes de Pascua 2010, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.


Martes de Pascua

 

LECTURA:      “Juan 20, 11‑18”

En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.

Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?»

Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto»

Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.

Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»

Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.»

Jesús le dice: «¡María!»

Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!»

Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: "Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro."»

María Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto.»

MEDITACIÓN:      ¡María!

            No basta con ver con los ojos ni con oír con los oídos para tener experiencia de algo o de alguien. Muchos habían visto y oído directamente a Jesús y no vieron en él a nadie especial e, incluso, algunos vieron un hombre peligroso que merecía la muerte y no pararon hasta conseguirlo. Tenía razón Jesús, “no sabían lo que hacían”, y consiguieron sin pretenderlo, que Dios manifestase el culmen de su amor, hasta el final, un final que no podía sino acabar en vida.

            Pero para ver esa vida, hace falta, también, algo más que los ojos de la cara y los oídos externos. A María no le bastaron sus ojos ni sus oídos, tuvo que escuchar el resonar de su corazón cuando aquel “hortelano” pronunció su nombre. Entonces fue todo su ser el que se conmovió y descubrió que Jesús estaba vivo.

            Y a mí también, Señor, no me bastan mis sentidos corporales, por muy agudos que los tenga. Yo también necesito escuchar que pronuncias mi nombre con amor para que se remuevan mis entrañas y experimente que vives en mí, sólo así me puedo convertir en testigo de tu presencia. Y hoy, con María y desde ella, me llega el calor y la emoción de esa certeza

ORACIÓN:         “Testigo de tu resurrección”

            Señor, me llega el eco de tu llamada y me has hecho sentir el calor y la emoción de tu presencia. Que en medio de las incertidumbres de mi camino la fuerza y la certeza de tu presencia me ayude a ser testigo de tu amor.

            Sé que muchas veces prefiero hacer oídos sordos. Sé que muchas veces me he escondido en las disculpas de mis miedos y de mis comodidades. Pero sé que vives y quiero ser testigo de tu resurrección

CONTEMPLACIÓN:           “Mi meta”

No, no he visto tu figura
ni he oído tus palabras,
pero he sentido
que pronunciabas mi nombre,
y algo saltaba en mi interior,
y una alegría profunda
recorría mis entrañas
hasta hacerme llorar de emoción.

Y al sentir que vives
me descubro vivo,
me abres el baúl de mis sueños,
y ya sé por dónde camino
y cuál es mi meta.


Publicado por verdenaranja @ 11:32  | Liturgia
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