Martes, 06 de abril de 2010

Lectio divina para el jueves de Pascua 2010, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

Jueves de Pascua

 

LECTURA:           “Lucas 24, 35‑48”

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.

Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros.»

Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por que surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.»

Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo de comer?»

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: «Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.»

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.»

MEDITACIÓN:             “Testigos de esto”

            Señor, tu resurrección supone algo más que tu vuelta a la vida. Supone que todo tu mensaje es verdadero, que, como tú mismo lo recuerdas, todo lo que se había dicho de ti en la Escritura y toda tu palabra se ha cumplido y seguirá, a pesar de todos los intentos que puedan darse de acallarla, y la verdad es que no son pocos.

            Desde entonces multitudes de hombres y mujeres han intentado adentrarse en su proceso de conversión para vivir desde ti, y para convertirse en testigos de tu vida y de tu mensaje.

            A mí también, Señor, me ha llegado tu llamada y tus palabras cargadas de vida, y ellas, cada día dan razón a mi existencia. Es verdad que no tienen la plena coherencia que debían en mi actuar, pero son mi punto de referencia, y las que van alentando mi camino. Tu palabra, tu mensaje, viene para mí cargado de vida. De una vida que se proyecta hasta la eternidad, porque tu resurrección me habla de plenificación, de totalidad. De que la vida y la historia no están llamadas a quedarse a medio de camino, sino a alcanzar la plenitud de su sentido, si no todo sería un absurdo, un sin sentido.

            Por eso mi hoy es tan importante. En él, además de jugarme mi bien y el de aquellos con quienes me ha tocado vivir esta hora de la historia, me juego mi bien definitivo, el que creo que se prolongará contigo en un crecimiento continuo, nunca acabable, de mi adentramiento en las entrañas del amor. Todo esto me habla de la dignidad con que has creado al ser humano, y a ello, con la mirada puesta en ti, quiero colaborar y ser tu testigo.         

ORACIÓN:            “Convertirme en testigo”

            Tu resurrección me confirma la fuerza del amor por encima de todo mal, de toda injusticia, de toda mentira y opresión. Sigue habiendo mucho dolor injusto, pero tu vida, tu muerte y resurrección siguen gritándome la fuerza del amor, y yo, Señor, creo en ella.

Gracias porque en tu perdón continuo de mis flaquezas e incoherencias percibo y experimento la fuerza necesaria para no dejarme aplastar por ellas, para no conformarme con ellas, y seguir apostando por lo mejor que hay en mí. Desde mi experiencia de fragilidad quiero convertirme en testigo, desde mi propia experiencia, pobre pero cierta, de Ti,  Dios de la vida y del amor.

CONTEMPLACIÓN:             “Vienes a mí”

Señor, tu vienes a mí
una vez más.

Te adentras en el fondo
de mi ser.

Vuelcas en mi corazón
tu palabra de paz,
y tu misma alegría
me recorre
en un escalofrío
de gozo intenso.

que me estremece
y me proyecta.


Publicado por verdenaranja @ 22:40  | Liturgia
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