S?bado, 10 de abril de 2010

 Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9. (AICA)
(13 de marzo de 2010)

DIOS ES PADRE 

Una de las constantes en l a predicación de Jesús es hablarnos de su Padre. Podríamos decir que vino para revelarnos a Dios como Padre. Él se presenta como su enviado para mostrarnos el camino que da sentido a nuestras vidas de hijos de Dios. Al mismo tiempo, él se identifica con su Padre: “si ustedes me conocen, dice, conocerán a mi Padre” (Jn. 14, 7). En Jesucristo, se nos revela y conocemos de un modo único, este amor de Dios como Padre. El 4° domingo de Cuaresma nos habla, a través de la parábola del Hijo Pródigo, de esta imagen de Dios.

Podríamos reflexionar sobre la actitud del hijo menor que con humildad reconoce su pecado y pide perdón; o la del hijo mayor, que en su buen comportamiento responde con el orgullo y dolor de quién no se siente reconocido, se queda, diría, en los límites de una justicia que no comprende el nivel de la misericordia. La fuerza de la parábola está, sin embargo, en la imagen y la actitud del Padre. Esta es la finalidad de Jesús, él nos diría, el mundo tiene que conocer el amor de mi Padre.

Este amor vive del encuentro y se alegra de la comunión con sus hijos. Cuando el hijo mayor le recrimina por la atención que le presta al que se había alejado, le responde: “Hijo mío, tu estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo…, y concluye: Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado” (Lc. 15, 31-32). El valor del encuentro y la comunión superan para Dios la rigidez de la justicia, no la niega, pero la trasciende en la dimensión del perdón y la reconciliación porque su fuente es la verdad y el amor.

La característica del amor del Padre respecto del hijo que se “había perdido”, es el de una espera activa: “Cuando todavía estaba lejos, dice el texto, su Padre lo vio y se conmovió…., corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó” (15, 20). Este rasgo de una espera activa, decía, define el amor del Padre. Él se pone en camino, sale al encuentro, no hace acepción de personas ni comienza por una recriminación. Es un amor con especial sensibilidad hacia el que está lejos, porque su alegría es el encuentro. Cuánta confianza nos da esta imagen de Padre que nos revela Jesucristo. Más allá de la experiencia personal que cada uno haya tenido en su vida, la conciencia de la paternidad de Dios sana nuestras heridas, porque nos descubre como hijos de un Padre que es Amor.

Les aconsejaría, en este tiempo de Cuaresma, detenerse en una lectura pausada de este bello capítulo 15 del Evangelio de san Lucas, para encontrar esa alegría y paz que nacen del encuentro filial con Dios, nuestro Padre. Reciban de su Obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en Jesucristo Nuestro Señor. 

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz 


Publicado por verdenaranja @ 22:53  | Hablan los obispos
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