S?bado, 10 de abril de 2010

Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia, para el cuarto Domingo de Cuaresma (14 de marzo de 2010) (AICA) 

EL PADRE MISERICORDIOSO  

Lc 15,1-3.11-32 (14 /03/2010). 

I. “ESTE HOMBRE RECIBE A LOS PECADORES Y COME CON ELLOS”

 

1. El Evangelio de San Lucas está salpicado de escenas en las que Jesús come con los pecadores, que suscitan la crítica de los fariseos. Era tan frecuente este gesto de Jesús, que comenzó a correr un dicho irónico: “Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores” (Lc 7,34).

Esas situaciones le dieron a Jesús ocasión para dejarnos una lección teórico-práctica sobre la situación del mundo, la necesidad urgente de misericordia y el sentido de su venida: “Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan” (Lc 5,32).

A los ojos de Dios, todos somos pecadores. ¡Pobre del que se creyese justo! Se quedaría fuera del beneficio de la venida de Jesucristo.  

II. LUCAS, “EL ESCRIBA DE LA MANSEDUMBRE DE CRISTO” 

2. El capítulo 15 de Lucas, que leemos hoy, supera todas las escenas aludidas. Una verdadera obra de arte, donde el evangelista pinta con maestría la misericordia de Jesús. Comienza diciendo: “Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo” (v. 1). Sigue la consabida crítica: “Los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: ‘Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos’” (v. 2). Jesús reacciona proponiendo tres parábolas, una más bella que otra. Con razón Dante llamó a San Lucas “el escriba de la mansedumbre de Cristo”. 

3. Las dos primeras parábolas, -que leeremos el domingo 21º-, son la del pastor que tiene cien ovejas y se le perdió una, y la de la mujer que tiene diez monedas y perdió una. Ambos personajes se comportan de la misma manera: hacen esfuerzos sobrehumanos hasta encontrar la oveja y la moneda. Tanta es la alegría que sienten por el hallazgo, que convocan a los vecinos para compartirla. En las dos parábolas la moraleja es idéntica: “Les aseguro que de la misma manera se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte” (v.10).  

4. La tercera parábola, que leemos hoy, es una joya del evangelio de Lucas: la del padre que tenía dos hijos: uno, el mayor, observante de todos sus mandatos; otro, el menor, que opta por una vida licenciosa, malgasta la herencia recibida, y, cuando el hambre comienza a apretar, se arrepiente y vuelve a la casa paterna. Ante este regreso, la reacción del padre y la del hijo mayor es muy distinta. El padre: “Cuando todavía estaba lejos, lo vio y se conmovió profundamente, corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó… El padre dijo a sus servidores… ‘Comamos y festejemos porque este mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado’” (v.20.23-24). El hijo mayor, en cambio: “Se enojó y no quiso entrar” (v.28).

El padre de la parábola personifica a Jesús, que come con los pecadores. El hijo mayor personifica a los fariseos y escribas que reprueban la actitud de Jesús. Los pecadores están personificados en el hijo menor que se fue de casa a malgastar la herencia y regresa arrepentido. 

III. EL RECHAZO DEL OTRO: UN DRAMA ECLESIAL PERSISTENTE  

5. Cuando Lucas escribió este capítulo, eran muchos los cristianos de origen judío que habían aceptado a Jesús como Mesías. Pero no aceptaban en pie de igualdad a los cristianos de origen pagano, ni admitían que éstos se salvasen sin practicar toda la Ley de Moisés como ellos. Se comportaban como los fariseos que murmuraban contra Jesús. Actuaban como el hijo mayor, autosatisfecho con su propia honradez, que rechaza el gesto misericordioso del padre para con el hermano menor. 

6. No pensemos que este drama, que vivió la Iglesia primitiva, no se haya vivido después. Y de muchas maneras. Recordemos cuanto nos recordaba Juan Pablo II en vísperas del Gran Jubileo del Año 2000 del Nacimiento de Jesucristo: “Otro capítulo doloroso sobre el que los hijos de la Iglesia deben volver con ánimo abierto al arrepentimiento está constituido por la aquiescencia manifestada, especialmente en algunos siglos, con métodos de intolerancia e incluso de violencia en el servicio a la verdad” (Tertio Millenio Adveniente 35). Creyéndonos los justos, los católicos muchas veces hemos aplicado criterios anticristianos en relación con los demás. 

7. No hemos descartar que este drama se lo viva también hoy. Y ello a nivel de Iglesia universal, y también de Iglesia particular o comunidad local: diócesis, parroquia, colegio religioso, asociaciones, movimientos.

En esta Cuaresma hemos examinarnos si en todas las situaciones procedemos con la misericordia de Jesucristo. O si procedemos como el hijo mayor, autosatisfecho en su propia justicia, que lo hace duro de corazón y le impide entrar en la fiesta del reencuentro fraterno. Para este examen es preciso que confrontemos nuestros criterios y normas pastorales con el Evangelio: si coinciden o están en contradicción con él. 

IV. LA RECIENTE EXHORTACIÓN DEL EPISCOPADO 

8. La reciente exhortación del Episcopado, “La Patria es un don, la Nación una tarea” (10/03/2010), se refiere a una situación político-social-cultural que tiene mucho que ver con la parábola. Hay una fiesta por celebrar durante los próximos seis años, la del Bicentenario de la Nación Argentina (2010-2016). A menos de dos meses del inicio del sexenio, no hay clima para ello. Ciertamente éste no existirá el próximo 25 de mayo, a pesar de las celebraciones formales que se realicen. ¿Lo habremos logrado al final del sexenio, el 9 de julio de 2016?  

9. La situación en la Argentina es hoy como si el hermano mayor de la parábola hubiese visto venir al hermano menor, y saliese a su encuentro a trompearlo y echarlo para siempre de la casa. Los Obispos se refieren a la situación con palabras claras pero mesuradas, temerosos de echar leña al fuego: “La celebración del Bicentenario merece un clima social y espiritual distinto al que estamos viviendo. Urge recrear las condiciones políticas e institucionales que nos permitan superar el estado de confrontación permanente que profundiza nuestros males” (nº 1). 

10. En la Argentina sobran hermanos mayores que se tienen por justos. Son soberbios, duros de corazón, diestros en la retórica, pero incapaces de un verdadero diálogo político. Ellos, y sólo ellos, encarnan el modelo de país que todos los demás deben acatar. Ni en el oficialismo ni en la oposición aparece el padre de familia que quiera armar la fiesta grande para todos los argentinos.

Sin duda que ese padre de familia existe, al menos en germen en el corazón del pueblo. Habrá que cuidar que ese padre nazca, y que sea un verdadero padre de todos. 

V. QUE LA “CATÓLICA” ARGENTINA MIRE AL “LAICO” URUGUAY 

11. “El domingo (o sea, hoy), se cumplirán 25 años de la liberación de los últimos presos políticos del régimen militar y de ex guerrilleros que fueron amparados por la ley de pacificación nacional, que se votó en 1985, durante el primer gobierno de Julio María Sanguinetti”. Así decía el diario el 11 de este mes. Y para asombro mío, continuaba: “Mujica (el nuevo presidente del Uruguay) y su esposa, la senadora Lucía Topolanski, dos ex guerrilleros tupamaros, fueron beneficiados por esa ley y pudieron salir de prisión. En los últimos días, ambos transmitieron a su entorno político que es necesario encontrar una fórmula jurídica para terminar con el encarcelamiento de los procesados por hechos de aquella dictadura. Considera que no hay que limitarla a los militares recluidos en una cárcel especial, sino a todos los que tengan edad avanzada”. No estoy en grado de prever cómo se desarrollará esta iniciativa. Pero no dudo que, en el laico Uruguay, y desde el corazón de un ex guerrillero, hoy presidente de la nación, está brotando una iniciativa auténticamente democrática, republicana, de raíz cristiana que, de llevarse adelante, fortalecerá a la nación uruguaya, y la hará ejemplo para las naciones hermanas. ¿La “católica” Argentina será menos?  

12. En la Argentina, con la ingeniosa teoría de “los dos demonios”, inventada para desechar cualquier retractación de parte de la izquierda revolucionaria, estamos todavía encerrados en otra teoría inconfesa, pero nefasta y puesta en práctica: la de “los ángeles y los demonios”. Los ángeles fueron el ERP, los Montoneros, y todos los que optaron por la violencia armada en una supuesta guerra por la liberación nacional. Los demonios fueron los militares. No se percatan que lo que dicen es como escupir al cielo. Pues los militares represores fueron argentinos, nacidos de madres argentinas, y frecuentaron escuelas argentinas. Los miembros de la Junta de comandantes, por su parte, que hizo el golpe del 24 de marzo de 1976, eran todos argentinos, designados por el gobierno democrático argentino, elegido por el partido argentino mayoritario, y recibieron órdenes del gobierno argentino, que comenzaron a ejecutar muchos antes del golpe. 

VI. SIN RECONCILIACIÓN NO HABRÁ NACIÓN 

13. En la Argentina se ha demonizado incluso la palabra “Reconciliación”, como si ella significase “impunidad”. Al punto que en la misma Iglesia no pocos hemos dejado de pronunciarla. Pero la misma hace a la esencia del cristianismo. Nos lo recuerda hoy el apóstol San Pablo, en la segunda lectura: “El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente. Y todo esto procede de Dios, que nos reconcilió con Él por intermedio de Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación. Porque es Dios el que estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, no teniendo en cuenta los pecados de los hombres, y confiándonos la palabra de la reconciliación. Nosotros somos embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro. Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: déjense reconciliar con Dios” (2 Co 5,17) 

14. ¿Por qué los argentinos no asumimos todo nuestro pasado? El estado de terror de los guerrilleros. Y el Terror de Estado impuesto por los militares. Y obramos en consecuencia, llorando todos por el mal que hicimos, y abrazándonos todos con sinceridad como hermanos: guerrilleros y militares, radicales y peronistas, los de derecha y los de izquierda.

Es hora que los argentinos dejemos el pasado a la justicia y a los historiadores. Y comencemos a ocuparnos del presente y del futuro.

       De lo contrario el Bicentenario será una palabra vacía. 

Mons. Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia 


Publicado por verdenaranja @ 23:16  | Homil?as
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