Domingo, 11 de abril de 2010

Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas para el 4° domingo de Cuaresma (14 de marzo de 2010). (AICA)

“EL FLAGELO DE LOS AMBIENTES NEGATIVOS” 

En esta última parte de la carta cuaresmal seguiremos reflexionando el flagelo de los ambientes negativos y la desesperanza: “Lamentablemente tenemos que señalar que este flagelo no solo es un problema cultural o de los otros, muchas veces también está instalado en nuestras comunidades eclesiales, en nuestro laicado y en nuestros mismos sacerdotes y consagrados.

Hace algunos años cuando era formador de seminario, el P. González Dorado, un jesuita en el Paraguay que durante algunos años fue Rector del Seminario Mayor en Asunción, me decía que un Seminario con un buen ambiente tiene el 50% de una buena formación realizada. En realidad su reflexión me ayudó durante muchos años a tener en cuenta que en nuestros Seminarios, Presbiterios, Parroquias, Congregaciones, Diócesis necesitamos vivir ambientes asentados en una verdadera alegría espiritual y esperanza. En los ambientes negativos donde por el contrario reina el desánimo, la calumnia, el chisme que siempre habla sin necesidad, el disfrute en subrayar morbosamente el problema de los otros, tarde o temprano terminan llevando necesariamente al cansancio, la pérdida de sentido y al abandono de la misión.

La esperanza como hemos señalado no debe llevarnos a negar los problemas, por el contrario nos debe disponer a asumir, a corregir, a cambiar… Aparecida nos dice: “La alegría que hemos recibido en el encuentro con Jesucristo, a quien reconocemos como el Hijo de Dios encarnado y redentor, deseamos que llegue a todos los hombres y mujeres heridos por las adversidades; deseamos que la alegría de la buena noticia del Reino de Dios, de Jesucristo vencedor del pecado y de la muerte, llegue a todos cuantos yacen al borde del camino, pidiendo limosna y compasión (cf. Lc. 10,29-37; 18,25-43). La alegría del discípulo es antídoto frente a un mundo atemorizado por el futuro y agobiado por la violencia y el odio. La alegría del discípulo no es un sentimiento de bienestar egoísta sino una certeza que brota de la fe, que serena el corazón y capacita para anunciar la buena noticia del amor de Dios. Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo” (29).

No es fácil señalar si nuestra época es más o menos compleja que otras, pero los problemas que nos tocan en este inicio de siglo nos deben disponer a asumir las alegrías y las tristezas, las situaciones personales y la de nuestros hermanos internalizando el misterio de la Pascua en el que queremos ahondar durante la cuaresma. Cuando en nuestra vida tenemos la certeza de la esperanza pascual, de la Meta, del abrazo misericordioso de nuestro Padre al final del camino, dimensionamos mejor nuestro presente y esto nos permite no bajar los brazos aún en situaciones de sufrimiento y de cruz 

Evangelizamos en esperanza

Este tiempo cuaresmal nos permitirá prepararnos bien para celebrar la Pascua. Será fundamental que en nuestro corazón tengamos la certeza que nuestra conversión es posible, que podemos mejorar porque Dios obra su gracia salvadora, y tenemos la certeza de su fidelidad. Cuando escuchemos que esto “no cambia más”, tengamos conciencia que ese código claudicante no es cristiano, y que todo pecado, tanto personal, como social, por más estructurado que esté puede cambiar, puede ser “pascualizado”.

Durante este tiempo en nuestra Diócesis estamos viviendo el camino sinodal en la cotidianidad de llevar “las orientaciones pastorales” a nuestras comunidades, asambleas parroquiales, foros y la Asamblea diocesana que la realizaremos el lunes 21 de junio de este año. El prepararnos como comunidad diocesana durante la cuaresma para celebrar bien la Pascua, nos compromete a seguir profundizando los caminos de conversión y comunión para la misión, que es la razón de ser de la Iglesia. Como Iglesia Diocesana caminamos como peregrinos que tenemos la certeza de la esperanza. Sabemos que evangelizar, que vivir, tiene cruces y hay momentos difíciles, pero también sabemos que nuestra vida está cargada de sentido y que nuestro Padre Dios nos acompaña y nos espera con un abrazo misericordioso.

Al finalizar esta carta cuaresmal, y con el deseo que podamos vivir el misterio Pascual, les envío un saludo cercano y hasta el próximo domingo. 

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas 


Publicado por verdenaranja @ 22:54  | Hablan los obispos
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