Mi?rcoles, 14 de abril de 2010

Hora Santa Sacerdotal recibida con los materiales para la celebraciçón de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebrará el 25 de Abril de 2010, IV Domingo de Pascua, bajo el lema "El testimonio suscita vocaciones".

EL TESTIMONIO SUSCITA VOCACIONES
XLVII JORNADA MUNDIAL DE
ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
25 de abril de 2010 – IV Domingo de Pascua

Hora santa sacerdotal 

Monición

El Papa Benedicto XVI, coincidiendo con la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, en junio de 2009, abrió un especial «Año Sacerdotal» que conmemorase el 150 aniversario de la muerte del santo Cura de Ars, Juan María Vianney, como verdadero referente sacerdotal para todo el pueblo de Dios. Este Año Sacerdotal, según refiere el mismo Papa, debe suponer «una importante ocasión para mirar, todavía más, con grato estupor la obra del Señor que, “en la noche que fue entregado” (1Co 11, 23), quiso instituir el Sacerdocio ministerial, uniéndolo inseparablemente a la Eucaristía, cumbre y fuente de vida para toda la Iglesia. Será un año para redescubrir la belleza y la importancia del sacerdocio y de cada sacerdote, concienciando a todo el pueblo santo de Dios: los consagrados y las consagradas, las familias cristianas, los que sufren y, sobre todo, los jóvenes, tan sensibles a los grandes ideales vividos con auténtico empuje y constante fidelidad, para que estén abiertos a la llamada del Señor».

Al acercarnos a este manantial abierto del corazón de Jesús buscamos renovar nuestra filiación divina y agradecerle su inmenso amor, la institución del sacerdocio y la Eucaristía.

En el Corazón de Jesús el triste siempre hallará consuelo, el soberbio humildad, el iracundo mansedumbre y todos hallaremos todo para ser hijos agradecidos, cristianos perfectos, verdaderos siervos de Dios, asemejándonos en todo a Jesucristo. 

Saludo

Celebrante: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos: Amén. 

Celebrante: La Gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros. 

Todos: Y con tu espíritu. (Canto eucarístico y Exposición del Santísimo)

Oración 

Dios todopoderoso, al evocar el Corazón de Jesús, recordamos los beneficios de su amor para con nosotros. Te pedimos nos concedas recibir de esta fuente divina una inagotable abundancia de gracia. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. 

Salmo al Corazón de Jesús

Ant. «Señor, crea en mí un corazón puro». 

¡Qué bueno es Dios para el justo, el Señor para los limpios de corazón! Pero yo por poco doy un mal paso, casi resbalaron mis pisadas: porque envidiaba a los perversos, viendo prosperar a los malvados.

Pensaba: ¿para qué he limpiado mi corazón y he lavado en la inocencia mis manos? ¿Para qué aguanto yo todo el día y me corrijo cada mañana?

Cuando mi corazón se agriaba y me punzaba mi interior, yo era un necio y un ignorante, yo era un animal ante ti.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.

Dios mío, mi corazón está firme, para ti cantaré y tocaré, gloria mía.

Despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora. Te daré gracias ante los pueblos, Señor, tocaré para tí ante las naciones: por tu bondad, que es más grande que los cielos; por tu fidelidad, que alcanza a las nubes.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. 

Ant. «Señor, crea en mí un corazón puro».

(Salmo 72; 50; 107) 

Palabra de Dios 

«Los judíos, como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado –porque aquel sábado era muy solemne– rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran. Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con él. Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua. El que lo vio lo atestigua y su testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis. Y todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: No se le quebrará hueso alguno. Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron». (Juan 19, 31-37) 

¿Qué hay dentro del Corazón de Jesús? 

Se abre la puerta de una casa para dejar entrar; se abre la vida cuando se quiere compartir; se abre el corazón cuando se quiere regalar. Jesús nos abrió su Corazón para darnos la VIDA. ¿Qué mejor manera para conocer a Cristo que adentrarnos en su Corazón?

Todos: «Y nos abrió su corazón».

Lector: Para que, arraigados y cimentados en el amor, podamos comprender con todos los creyentes la anchura y la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo; un amor que supera todo conocimiento y nos lleva a la plenitud misma de Dios.

Todos: «Y nos abrió su corazón».

Lector: Para entrar en su intimidad y gustar sus amores.

Todos: «Y nos abrió su corazón».

Lector: Para desvelarnos sus sentimientos y enviarnos a encarnarlos en el mundo.

Todos: «Y nos abrió su corazón».

Lector: Y nos dijo: «He deseado ardientemente comer esta Pascua con vosotros».

Todos: «Y nos abrió su corazón».

Lector: Y nos dijo: «Tomad y comed, esto es mi Cuerpo... Tomad y bebed, esta es mi Sangre» (Mt 26, 26.28), regalándonos la Eucaristía.

Todos: «Y nos abrió su corazón».

Lector: Y nos regaló el mandamiento del amor fraterno: «Amaos unos a otros como yo os he amado... Permaneced en mi amor... Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos...».

Todos: «Y nos abrió su corazón».

Lector: Y nos dijo: «Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve» regalándonos el ministerio sacerdotal para: «Haced esto en conmemoración mía».

Todos: «Y nos abrió su corazón».

Lector: Y nos dijo: «Orad para que no caigáis en tentación... Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo».

Todos: «Y nos abrió su corazón».

Lector: Y nos entregó a la Virgen María, como Madre de la Iglesia.

Todos: «Y nos abrió su corazón».

Lector: Y nos dijo: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré... Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso».

Todos: «Y nos abrió su corazón».

Lector: Hasta derramar la última gota de su sangre por cada uno de nosotros, por eso decimos: «Me amó y se entregó por mí».

Todos: «Y nos abrió su corazón».

Lector: Y gritó, en pie, diciendo: «Quien tenga sed que venga a mí y beba... y ya nunca más tendrá sed».

Todos: «Y nos abrió su corazón».

Lector: «Y nuestra obra brotó del Corazón de Jesús Sacramentado, silencioso, olvidado, desconocido, ultrajado». 

Canto 

Hay un Corazón que mana, que palpita en el Sagrario; el Corazón solitario que se alimenta de amor. Es un Corazón paciente, un Corazón amigo, el que habita en el olvido, el Corazón de tu Dios.

Es un Corazón que ama, un Corazón que perdona, que te conoce y que toma de tu vida lo peor.

Que comenzó esta tarea una tarde en el Calvario y que ahora en el Sagrario tan sólo quiere tu amor.

Decidles a todos que vengan a la Fuente de la Vida, que hay una historia escondida dentro de este Corazón.

Decidles que hay esperanza, que todo tiene un sentido, que Jesucristo está vivo, decidles que existe Dios.

Es el Corazón que llora en la casa de Betania, el Corazón que acompaña a los dos de Emaús. Es el Corazón que al joven rico amó con la mirada, el que a Pedro perdonaba después de su negación.

Es el Corazón en lucha del Huerto de los Olivos que, amando a sus enemigos, hizo creer al ladrón. Es el Corazón que salva por su fe a quien se le acerca, que mostró su herida abierta al apóstol que dudó.

Decidles a todos que vengan a la Fuente de la Vida, que hay una historia escondida dentro de este Corazón. Decidles que hay esperanza, que todo tiene un sentido, que Jesucristo está vivo, decidles que existe Dios.

Que Jesucristo está vivo, decidles que existe Dios. 

Plegaria para pedir por los sacerdotes 

Señor Jesús, Buen Pastor, presente en el Santísimo Sacramento, que quisiste perpetuarte entre nosotros por medio de tus sacerdotes, haz que sus palabras sean sólo las tuyas, que sus gestos sean los tuyos, que su vida sea fiel reflejo de la tuya.

Que ellos sean los hombres que hablen a Dios de los hombres y hablen a los hombres de Dios.

Que no tengan miedo al servicio, sirviendo a la Iglesia como ella quiere ser servida.

Que sean hombres de Dios, testigos del Eterno en nuestro tiempo, caminando por las sendas de la historia con tu mismo paso y haciendo el bien a todos.

Que sean fieles a sus compromisos, celosos de su vocación y de su entrega,

claros espejos de la propia identidad y que vivan con la alegría del don recibido y la tarea encomendada.

Te lo pido por tu Madre Santa María:

Ella que estuvo presente en tu vida estará siempre presente

en la vida de tus sacerdotes. Amén.

Oración

 

«Señor Jesucristo, Redentor del género humano, nos dirigimos a tu Sacratísimo Corazón con humildad y confianza, con reverencia y esperanza, con profundo deseo de darte gloria, honor y alabanza.

Señor Jesucristo, Hijo de Dios Vivo, te alabamos por el amor que has revelado a través de tu Sagrado Corazón, que fue traspasado por nosotros y ha llegado a ser fuente de nuestra alegría, manantial de nuestra vida eterna.

Reunidos juntos en tu nombre, que está por encima de cualquier otro nombre, nos consagramos a tu Sacratísimo Corazón, en el cual habita la plenitud de la verdad y la caridad.

Señor Jesucristo, Rey de amor y Príncipe de la paz, reina en nuestros corazones y en nuestros hogares. Vence todos los poderes del maligno y llévanos a participar en la victoria de tu Sagrado Corazón. ¡Que todos proclamemos y demos gloria a Ti, al Padre y al Espíritu Santo, único Dios que vive y reina por los siglos de los siglos! Amén». 

Extracto de la oración de Juan Pablo II
en la Catedral del Sagrado Corazón
Delhi, 1 de febrero de 1986
 

Bendición con el Santísimo y reserva 

Poema
Al Santísimo Sacramento
 

Entre tantas dudosas certidumbres
que me mienten, halagan los sentidos,
Tú, callado y sin nubes, tan desnudo,
tan transparente de ternura y trigo.

¿Qué me quieres decir labios sellados desde
tu oculto y cándido presidio?
¿Qué me destellas, ay, qué me insinúas,
que quieres, Amor, Secreto mío?
Porque las ondas que abres y propagas
desde la fresca fuente de tu círculo
me alcanzan y me anegan, me coronan,
me ciñen de suavísimos anillos.

Mas sé lo que quieres, lo que buscas.
Si la esperanza es prenda de prodigios,
si el sol de Caridad arde sin tregua,
lo que pides es Fe, los ojos niños.

Quererte, sí, y creerte. ¿Tú me esperas?
¿Me quieres Tú? ¿De veras que yo existo?
¿Tú me crees, Señor? Yo te creo y quiero
creer en Ti, quererte a Ti y contigo.

Ya me tienes vaciado,
vacante de fruto y flor,
desposeído de todo,
todo para Ti, Señor. (…)

Tierno y preciso estás, manso y sin prisa,
dulce y concreto estás, Secreto mío.

¿Qué valen todas mis verdades turbias
ante esa sola, oh Sacramento nítido?

En Ti y por Ti yo espero y creo y amo,
en Ti y por Ti, mi Pan, Misterio mío.

(Gerardo Diego)


Publicado por verdenaranja @ 23:27  | Pastoral Vocacional
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