Martes, 20 de abril de 2010

Mensaje de los obispos de la región Patagonia-Comahue para la Pascua 2010. (AICA)

“YO HAGO NUEVAS TODAS LAS COSAS” (Ap.21,5) 

1. “El Señor  ha resucitado  y se ha manifestado” (Lc.24,35): ésta es la Buena Noticia que resuena nuevamente en esta Pascua. Noticia siempre nueva y siempre buena, que quiere despertar lo más auténtico de toda persona. En Cristo Resucitado todo ser humano descubre que sus anhelos más profundos se pueden realizar. La vida venció a la muerte, toda la creación despierta llena de esperanza a su plena realización, cada persona vuelve a descubrir y recorrer el camino de la vida verdadera.

Entre los anhelos más profundos y auténticos que aspiran a su plenitud, creemos que en esta Pascua Cristo quiere que volvamos a descubrir y hacer realidad que “todos somos hermanos”, y por eso hacer realidad una auténtica comunión entre nosotros. El ser humano fue hecho para la comunión, no para la soledad. Somos imagen de la Trinidad, estamos llamados a anticipar hoy y aquí la comunión de la Trinidad, para luego llegar a la comunión eterna con la Trinidad.

La Pascua de Cristo debe hacerse visible hoy en nuestra historia, en una renovada comunión entre nosotros. Aceptar a Cristo Resucitado es recorrer caminos de encuentro, de diálogo, de perdón, de solidaridad, de magnanimidad, de hacerse cargo del otro, de mirada en clave del bien común. En la antigüedad los Padres de la Iglesia ilustraban esta verdad así: “Supongamos un círculo trazado sobre la tierra, una circunferencia con un centro. Imaginemos que este círculo es el mundo, el centro Dios (Jesús), y los radios las diferentes maneras de vivir los hombres. Cuando los hombres caminan hacia el centro del círculo para llegar a Dios, se van acercando el uno al otro al mismo tiempo que a Dios. Cuando más se aproximan a Dios más se aproximan los unos a los otros” (Doroteo de Gaza, siglo VI).

Es esto lo que se manifestó con la fuerza de una semilla después de la muerte y resurrección de Jesús. Una semilla es siempre pequeña, pero tiene en sí la fuerza de la vida. En el momento de la muerte en la cruz Jesús se encontró solo, sus amigos se habían dispersado, cada cual había escapado para salvarse. Después de su Resurrección Jesús los invita a reunirse y a ir “a Galilea” donde un estilo nuevo de vida había empezado (Mt. 28,16-20). Los que lo reconocen “al partir el pan” no pueden quedar separados de los demás y vuelven corriendo a reunirse con la comunidad de Jerusalén (Lc. 24,30). La fe y la presencia de Cristo Resucitado dan origen a una humanidad solidaria y fraterna, donde a nadie le falta lo necesario y donde todos y todas, sin excepción, constituidos en la dignidad de hijos de Dios, comparten su fe y los bienes materiales, comprometiéndose en la búsqueda del bien común (cf. Hech 2, 42-47).

Centrar nuestra vida en Cristo Resucitado nos lleva a una nueva manera de vivir. La Pascua de Jesús nos transforma en un ser para los demás, en un ser “en comunión”. El Espíritu de amor que irradia Jesús Resucitado nos re-une. Nos hace reunión de personas donde hay lugar y tiempo para el otro, donde nos descubrimos como hermanos. Se construye el bien de todos desde cada uno, nadie es más que otros, nadie queda excluido.  

2. Quisiéramos compartir con ustedes algunas situaciones que atentan a esta vocación profunda de fraternidad que Cristo Resucitado nos trae en esta Pascua. 

•   La falta de trabajo genuino, que lleva a tantos a mendigar planes que, lejos de satisfacer las necesidades urgentes, dejan al núcleo familiar en una pobreza tan profunda que imposibilita la serena convivencia, y que genera desesperanza, dependencia, abandono, exclusión, desvalorización, situaciones todas que destruyen la dignidad de la persona. No son una solución adecuada los mega emprendimientos,  que no tienen  en cuenta la preservación del medio ambiente “casa de todos”, y que favorecen y enriquecen a pocos hipotecando el futuro, particularmente la salud y la felicidad de muchas generaciones.

•   La multiplicidad de ofertas de juegos de azar que van generando un estilo de vida que deteriora las relaciones familiares y  el valor del trabajo como realización de la persona y sostén de la familia. ¡Somos testigos de cuántas familias se han desmembrado al entrar en algunos de sus miembros la adicción al juego! Lo triste es que se promueve esta oferta lúdica con el mensaje que su rentabilidad económica redunda en posibilidad de educación, salud y otras necesidades de la comunidad. Pero en una sociedad organizada sobre valores, entre ellos el trabajo digno, los recursos para dichos servicios no deberían nunca buscarse por el  camino del juego.

•   La atención de la salud pública como un bien para todos, es cada vez más difícil de obtener. Esto crea una ruptura en la sociedad entre aquellos que se benefician de todas las posibilidades que la medicina proporciona, y aquellos que tienen que contentarse con las migajas que el sistema colapsado de la salud pública  les puede brindar.

•   La ausencia de creatividad y de eficacia de muchos funcionarios públicos, en recibir, escuchar y dar una respuesta a los múltiples conflictos que podrían y pueden haberse evitado y que enfrentan a unos contra otros. A su vez, la demora en dar respuesta a esos conflictos sociales, hace que cada uno busque resolverlos sin tener en cuenta el “bien común”, agravando así más las tensiones sociales. Una de las manifestaciones de esto es la toma de tierras, ante la ausencia de programación frente al crecimiento de la población.

•   El abandono de los migrantes a su suerte, padeciendo situaciones de discriminación, de explotación y en ciertos casos de “trato y tráfico de personas” crean un ambiente de explotados y explotadores

•   La poca preocupación por nuestros niños, adolescentes y jóvenes hacen que muchos de ellos sobreviven en las calles, buscan llenar su vida en el camino de las adicciones y en muchos casos recurren al suicidio como camino para darse una respuesta. Una sociedad donde niños, adolescentes y jóvenes no tienen lugar es una sociedad que camina a su autodestrucción. 

Estas y otras realidades que podríamos sumar atentan a la convivencia social, y nos llevan muy lejos de descubrirnos y vivir como pueblo.  El otro ya no es alguien, sujeto de derechos y deberes, sino enemigo, extraño, sobrante…

 ¿De dónde viene la injusticia? “, se pregunta el Santo padre Benedicto XVI en el mensaje para la Cuaresma 2010; “la injusticia (dice el Papa), fruto del mal, no tiene raíces exclusivamente externas, tiene su origen en el corazón humano, donde se encuentra el germen de una misteriosa convivencia con el mal”.

Jesús que “hace nuevas todas las cosas” en esta Pascua quiere “abrirnos los ojos” para que no nos acostumbremos a vivir en la indiferencia y en el aislamiento, El quiere cambiar nuestro corazón y que  nos comprometamos con el mundo en que vivimos. 

3. No quisiéramos quedarnos solamente con estas realidades tan alejadas del  plan de Dios; porque estamos convencidos que la luz de la Pascua está brillando y dando muchos frutos en aquellos que se abren a ella. Por eso también queremos compartir con ustedes algunos de los signos que nos manifiestan esos frutos pascuales.  

•   personas que creen en la cultura del trabajo, de la sobriedad y del compartir. Y saben transformar sus pequeños ahorros en posibilidad para que otros vayan abriéndose un futuro, ya sea facilitando pequeños créditos, ya sea en el compartir solidario.

•   hombres y mujeres que creen en la fuerza transformadora de unirse para enfrentar los problemas, para encontrar soluciones y para ayudar a las autoridades públicas a ser responsables a su misión. Nos alegra encontrar personas decididas a recorrer caminos de comunión, en un clima de paz y creatividad, para aportar algo nuevo. 

•   iniciativas diversas para incluir en la vida social a niños, adolescentes, ancianos y enfermos que la sociedad consumista considera “sobrantes”. Damos gracias a Dios porque se multiplican asociaciones sin fines de lucro que buscan romper la indiferencia y el individualismo.

•   reflejos solidarios y generosos para salir pronto al encuentro de los que sufren catástrofes o adversidades climáticas, como sucedió en Haití, Comodoro Rivadavia, Chile… sumándose voluntariamente a toda iniciativa de ayuda y colaboración.

Se trata ciertamente de pequeños actos que no siempre aparecen en los diarios y en los medios de comunicación, pero que tienen en sí la fuerza del cambio. Don Jaime de Nevares, el primer Obispo de Neuquén, solía decir que “el fuego para calentar debe quemar desde abajo, allí donde casi no se lo puede ver.” 

4. Como Iglesia que camina en la Patagonia en vísperas de celebrar el Bicentenario de nuestra Patria queremos que la Pascua de Jesús renueve nuestro compromiso en construir la Patria que todos anhelamos. No podemos creer en Cristo Resucitado y dejar de lado nuestro compromiso transformador de la realidad. Y ciertamente nuestro aporte distintivo será en orden a todo lo que haga que nuestra Patria sea una casa de hermanos donde todos tengan una morada para vivir y convivir con dignidad. “La sangre reconciliadora de Cristo nos da la fuerza para ser constructores de puentes, anunciadores de verdad, bálsamo para las heridas” (DA535), es decir: constructores de comunión y fraternidad.

Que Nuestra Señora de Luján patrona de la Argentina, interceda ante su Hijo Jesús para que bendiga nuestra Patria, sus familias e instituciones. Y que allí donde parece que la vida se apaga, encienda en cada uno la libertad en el Amor, el compromiso con la Verdad y una vida agradecida y orante que siga anunciando la Resurrección.

Con sentimientos cordiales, les damos a todos un abrazo fraterno y les dejamos nuestra bendición personal.  

Virginio D. Bressanelli, scj, administrador Apostólico de Comodoro Rivadavia
Esteban M. Laxague, sdb,  obispo de Viedma
Fernando C. Maletti, obispo de San Carlos de Bariloche
Marcelo A. Melani, sdb, obispo de Neuquén
Néstor H. Navarro, administrador Apostólico del Alto Valle del Río Negro
Juan C. Romanín, sdb, obispo de Río Gallegos
José Slaby, c.ss.r., obispo de la Prelatura de Esquel

 


Publicado por verdenaranja @ 22:52  | Hablan los obispos
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