Mi?rcoles, 21 de abril de 2010

Guión litúrgico para la celebración de la Pascua del Enfermo 2010 el 9 de Mayo, VI domingo de Pascua, recibido en la parroquia con los materiales para ese día.

Dando la vida, sembrando esperanza
Campaña del Enfermo 2010

Sugerencias pastorales

  • El Domingo VI de Pascua la Iglesia de España celebra la Pascua del Enfermo. La celebración debe desarrollarse dentro del clima propio de este tiempo pascual.
  • La Pascua del Enfermo es una fecha señalada en la que hay que hacer visible que los enfermos tienen un lugar de preferencia en la comunidad cristiana, el mismo que tuvieron en la vida de Jesús.
  • La Pascua del Enfermo nos ofrece cada año la posibilidad de movilizar a la comunidad parroquial para traer a la Iglesia a todos los enfermos que sea posible y que participen en la Eucaristía.
  • Es un buen momento para mostrarles el aprecio y cariño con algún gesto: un "recuerdo", un mensaje personal, entregado durante la celebración y/o llevado por los agentes de Pastoral de la Salud a los que no pudieron asistir, una llamada de teléfono, un e-mail, un SMS...
  • En este día se puede destacar de algún modo la labor de los que se ocupan de los enfermos en la comunidad. Tras la Comunión, podría realizarse el gesto de enviarlos a llevar a los enfermos la Comunión y/o el mensaje y recuerdo que la comunidad les ofrece. 

El lenguaje de los símbolos

  • Cartel de la Campaña.
  • A la entrada de la iglesia un bloc de notas en blanco y un bolígrafo para que quien lo desee pueda escribir el nombre de un familiar enfermo o de un amigo o conocido al que quiere se tenga presente en la oración de la parroquia o capilla.
  • Un bloc de notas en blanco y un bolígrafo para escribir el futuro con esperanza.
  • Si hay procesión de las ofrendas, pueden acompañar al pan y el vino un "recuerdo", un mensaje personal, para entregarlo a los enfermos o llevárselo al final de la Eucaristía a casa a quienes no hayan podido asistir.

Monición de entrada

Nuestra comunidad se reúne para celebrar el Día del Señor en este Domingo de Pascua. El amor de Dios, la vida del Resucitado, sigue animando nuestra vida, que ha de ser una vida pascual, inspirada en la fe y ungida en el amor de Cristo. La promesa de Jesús es firme: no nos dejará desamparados, la fuerza de su Espíritu estará siempre presente en nuestro caminar.

Hoy celebramos la Pascua del Enfermo. La enfermedad nos plantea dudas y, en ocasiones, sentimos el silencio y la ausencia de Dios. Sin embargo, Dios está ahí, en el centro de nuestra vida y Él nos ha reunido y convocado para guardar su Palabra y amarle en la verdad. El aprecio y cariño hacia los enfermos es el mejor exponente de nuestro amor en la verdad. La práctica cristiana del amor es el signo más claro y evidente de nuestra pertenencia a la Iglesia de Jesús.

Acto penitencial

Cristo Jesús murió para llevarnos a Dios y nos ofrece su perdón. Reconozcamos las limitaciones y faltas de amor y pidamos al Señor su gracia y perdón:

  •       Tú, Palabra eterna del Padre. Señor ten piedad.
  •       Tu, imagen del Amor de Dios. Cristo, ten piedad.
  •       Tú, Espíritu que vivifica y fortalece. Señor ten piedad.

Monición a las lecturas

Los apóstoles se reúnen en Jerusalén y, dejándose guiar por el Espíritu, dan soluciones a los problemas surgidos en la comunidad cristiana.
En el libro del Apocalipsis describe la Iglesia celestial llena de perfección y belleza. Estructurada en torno a los apóstoles tiene su origen en el triunfo del Resucitado.
En el Evangelio, Jesús, en el discurso de despedida, les dice a sus discípulos que su muerte va a ser un ir al encuentro del Padre. Su ida al Padre significa una vuelta más completa hacia sus discípulos. Esto será posible gracias a la presencia del Espíritu Santo.

Oración de los fieles

Llenos de gozo por la Resurrección de Jesús, oremos con confianza al Padre.

-      Por la Iglesia, para que la fidelidad a Cristo y su Evangelio nos lleve a encontrar en cada momento la forma adecuada de expresión y vivencia de la fe. Oremos.

-      Por todas las naciones de la tierra, para que alcancen la paz que Cristo trae y comunica en su paso de la muerte a la vida. Oremos.

-      Por todos los enfermos, para que el Señor les sostenga en sus dificultades y mantenga siempre viva en ellos la llama de la fe y de la esperanza, y encuentren en Dios fortaleza y paz. Oremos.

-      Por las familias de los enfermos y los que se dedican al cuidado de los enfermos o a la investigación para curar las enfermedades, que realicen su tarea con espíritu generoso y Dios les bendiga con su bondad. Oremos:

-      Por todos los que estamos aquí reunidos y que ahora compartiremos la mesa de la Eucaristía, que llenos de la alegría de Jesucristo resucitado vivamos con coherencia nuestra condición de Hijos de Dios y de hermanos de todos. Oremos. 

Escucha con bondad, Señor, nuestra oración y danos la fuerza del Espíritu Santo. Que, sintiendo tu amor, pongamos siempre en ti nuestra esperanza y demos testimonio gozoso y consciente de la Resurrección de tu Hijo.

Sugerencias para la homilía

1. Las lecturas del Domingo

- Hch 15,1-2.22-29. En la comunidad de Antioquía nacen las primeras disensiones con motivo de la misión entre los gentiles. Los apóstoles se reúnen en Jerusalén y, dejándose guiar por el Espíritu, resuelven los problemas creados por la apertura del evangelio a los gentiles. El texto es un vivo ejemplo de colegialidad en la vida de la Iglesia, de diálogo y de apertura; pero también lo es de valentía, de decisión y de saber asumir los riesgos. En el centro del texto está manifiesta la presencia del Espíritu en la Iglesia, Él es el que dirige las decisiones y el que alienta la actividad misionera. 

-      Sal 66. La comunidad agradece al Señor los frutos de la tierra y le pide que renueve constantemente sus bendiciones, para que todos los pueblos reconozcan en el Dios de Israel al único Dios.

-      Ap 21,10-14.22-23. El libro del Apocalipsis describe lo que podríamos llamar la Iglesia celestial, la Nueva Jerusalén, que tiene su origen en el triunfo del Resucitado y se caracteriza por su perfección y belleza. La Nueva Jerusalén es iluminada por la gloria de Dios, es decir, por el Cordero, manifestación del Padre. Es el triunfo del bien sobre el mal, del amor sobre el odio, de la vida sobre la muerte.

-      Jn 14,23-29. Jesús se despide de sus discípulos con palabras de consuelo y expone la situación del creyente en el periodo intermedio entre su resurrección y su retorno. Esta situación se caracteriza por la relación íntima con él, una relación de amor que crea una afectiva presencia de Dios en él. La condición para esta relación personal es el amor del discípulo a Jesús, un amor que se manifiesta en la aceptación y en la adhesión fiel a su palabra, que es adhesión a su persona en cuanto reflejo del Padre, imagen perfecta suya, su palabra. Amar es guardar lo mejor del otro en el propio corazón, es dar tanta importancia a la palabra del otro que ya no hace falta más; no hace falta ni que el otro esté presente físicamente. La situación del creyente se caracteriza también por la presencia y acción en él del Espíritu enviado por Jesús en su nombre, en su lugar y de su parte. Jesús se despide de sus discípulos comunicándoles su paz, que es el bienestar, el reposo y la seguridad de quien posee la presencia divina en él, y con ella todos los bienes. Sus discípulos deben sentirse en paz, sentir su paz, comunicar la paz.

2. La Pascua del Enfermo

La celebración de los 25 años de la Pascua del Enfermo nos brinda la oportunidad de agradecer al Señor todo el bien que, con su inspiración y ayuda, hemos podido hacer a los hermanos más pequeños, los enfermos, y el que ellos nos han regalado. Además nos ofrece la oportunidad de mirar hacia el futuro para dar un nuevo impulso, con esperanza y creatividad, a la celebración. Ofrecemos las siguientes pistas:

En el momento histórico-cultural actual, se advierte la exigencia de una presencia eclesial atenta junto a los enfermos, así como de una presencia en la sociedad capaz de transmitir de modo eficaz los valores evangélicos para tutelar la vida humana en todas sus fases, desde su concepción hasta su término natural. Esto comporta tener siempre como horizonte y estímulo de toda evangelización el ofrecer al hombre de hoy la salvación cristiana de tal modo que le haga vivir de manera más digna y humana la vida entera: la enfermedad y la salud, el dolor y la muerte.

Las comunidades cristianas han de ser fuentes de salud abiertas a la salvación de Jesucristo. Toda la actividad evangelizadora de la comunidad, y no sólo la pastoral de la salud, es y ha de ser saludable y sanante. Sin desvirtuar las diversas actividades de la comunidad, hay que enriquecerlas y dinamizarlas desde la fuerza sanante que se encierra en la salvación ofrecida por Jesucristo.

Recuperar la actitud de Cristo ante el enfermo y sus familiares, promoviendo una asistencia más humana e integral. Nuestra acción pastoral en el mundo de la enfermedad ha de impulsar todo aquello que puede encarnar y prolongar hoy el servicio sanador de Cristo: la defensa de la salud y del bien del enfermo, la lucha contra la enfermedad y sus causas, la ayuda a la familia del enfermo, la solidaridad en el campo de la salud, la humanización de la asistencia...

Han de estar muy presentes entre nosotros los enfermos más necesitados y desasistidos. Este servicio al enfermo pobre y desasistido ha de ser también hoy para la Iglesia criterio de discernimiento y punto de referencia para su acción evangelizadora en la sociedad.

— Hoy se hace necesario evangelizar la cultura actual de la salud ofreciendo un modelo de salud más fiel a los valores evangélicos y una iluminación ética de los problemas sanitarios. Nuestro modo de estar en el mundo, de vivir en esta sociedad, nos está reclamando colaborar, desde la inspiración del Evangelio, en la promoción de una cultura de la salud más atenta a todas las dimensiones del ser humano y más abierta a su salvación definitiva.

Canciones para la celebración

Entrada: Cristo resucitó, ¡Aleluia! (CLN, A13); Invoco al Dios altísimo (CLN, 713); Reunidos en el nombre del Señor (CLN, A9); Juntos cantando la alegría (1 CLN-410); Cristo nos da la libertad (1CLN-727); El que me ama guardará mi palabra (del disco «15 Nuevos cantos para la Misa» de Erdozáin).

Salmo: LDS o el Salmo A Dios den gracias los pueblos (1 CLN-510).

Aleluya: Canta aleluya al Señor (CB-33).

Ofertorio: Llevemos al Señor (del disco «16 Cantos para la Misa»). Santo: 1 CLN-I 2.

Comunión: Beberemos la copa de Cristo (CLN, 010); Unidos en ti (CLN, 031); En la paz de Cristo (1 CLN-603); Delante de Ti (del disco «Cantos para participar y vivir la Misa»); Te damos gracias, Señor (1CLN-531); Guarda mi alma en la paz, de Deiss (1CLN-710).

+ Final: Regina coeli (gregoriano).

ORACIÓN

Señor Jesús, Tú viniste a este mundo
para darnos vida en abundancia
sembrándola de una esperanza que no defrauda.
Tú te conmoviste
ante quienes caminaban vacilantes
bajo el peso de la enfermedad.
Tú nos has encomendado la misión
de cuidar y aliviar, de sanar y acompañar.
Llénanos de tu amor y de tu ternura,
ayúdanos a mirar con tus mismos ojos,
educa nuestro corazón y nuestras manos
para que también nosotros seamos
servidores de la vida,
motivo de esperanza,
apoyo en la fragilidad,
mirada que consuela, anima y da vida.
Amén.


Publicado por verdenaranja @ 17:23  | Liturgia
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