Mi?rcoles, 21 de abril de 2010

Mensaje de monseñor Luis Armando Collazuol, obispo de Concordia, para la Pascua 2010. (AICA)

¡EN JESÚS HAY VIDA! 

Querida comunidad diocesana, queridos hermanos en el Señor:

Nos dice Jesús: “Yo he venido para que tengan Vida” (Jn 10,10).

Los cristianos hemos recibido el anuncio entusiasta y alegre: ¡En Jesús hay Vida! En la Pascua podemos proclamar: ¡Jesucristo ha resucitado! “¡Jesús es el Señor!” (1 Cor 12,3). En su resurrección se ha manifestado la gloria del amor obediente de su cruz, fuente de Vida nueva para el que cree.

Vida plena hay allí donde la Iglesia, los hombres, y también los pueblos, comienzan a vivir y a morir por la resurrección de Jesucristo.

Por el acontecimiento de la resurrección del Señor y el don del Espíritu de Pentecostés comenzaron a irradiarse para la humanidad el perdón, la reconciliación, la santificación, la comunión con Dios y entre los hombres. Y se ha abierto para todos la fuente de la verdadera Vida, digna, plena, la que ninguna muerte puede ya matar. Se ha encendido de nuevo la esperanza en la insondable grandeza de nuestra vida.

En Cristo Resucitado se nos ofrece Vida en Dios. Es don de gracia que comienza en nosotros por la fe y se realiza en el morir y resucitar bautismal del cristiano en Cristo. Nuestra Vida está oculta con Él en Dios, pero entra en nuestro presente para manifestarse en un estilo nuevo de vivir como discípulos de Jesús en el espíritu de las Bienaventuranzas. La fe en Cristo resucitado engendra la esperanza de Vida digna y plena; la esperanza se traduce en amor; el amor descubre al otro como hermano y se transforma en servicio solidario; la paciencia se exalta en el júbilo de la alegría.

Miramos a nuestro presente y encontramos pobreza, ruptura de los vínculos familiares, desarraigo, soledad, enfermedad, adicciones, inseguridad, y, en el fondo de todo ello, el sin sentido de la vida sin Dios. No son realidades virtuales; son rostros sufrientes que nos duelen y nos interpelan. La mirada de la realidad con espíritu de fe nos descubre situaciones de exclusión donde no hay vida digna de tal nombre sino más bien una realidad de muerte.

Inmersos en la angustia de la dignidad humana oscurecida, Jesús Resucitado viene hoy a nuestro encuentro para iluminar nuestra fe, para sostener nuestra esperanza, para enseñarnos a amar.

Cuando las fuerzas de las tinieblas parecen prevalecer, el creyente sabe que el mal y la muerte no tienen la última palabra. Cuando encontramos en Jesús la Vida, sentimos el impulso interior a compartirla. Percibimos que ayudar a que nuestros hermanos puedan vivir más dignamente es un desafío y es tarea de todos.

Nos disponemos a celebrar el Año Jubilar por los cincuenta años de la creación de nuestra Diócesis de Concordia. Desde el encuentro con Jesús Resucitado y la novedad que siempre crea el Espíritu Santo, queremos adecuar nuestro camino eclesial al Plan diocesano de pastoral que se viene trabajando en comunión. Se trata de alentar un estilo misionero y solidario en la pastoral orgánica y diocesana, en especial desde cada parroquia, para que en el pueblo de nuestra diócesis todos puedan encontrar Vida en Jesús.

Nuestra Nación camina hacia su Bicentenario (2010-2016), y anhelamos celebrarlo construyendo la justicia y la solidaridad. Queremos promover el compromiso misionero hacia una sociedad justa y responsable, en la pastoral familiar, educativa, laboral, de la comunicación, la salud, la política, el arte y la cultura, conforme a la Doctrina Social de la Iglesia. Estos son particularmente ámbitos del compromiso cristiano de los laicos. En nuestros ambientes se juega la dignidad de la vida. El paso para cada uno y para todos de condiciones de vida menos humanas a condiciones más humanas, es decir, de situaciones de muerte a situaciones de vida, de resurrección, de la exclusión a la inclusión, del aislamiento a la comunión, es horizonte de la misión de la Iglesia. La inclusión social es desafío y tarea de todos para que todos tengan Vida. “La Patria es un don que hemos recibido, la Nación una tarea que nos convoca y compromete nuestro esfuerzo. Asumir esta misión con espíritu fraterno y solidario es el mejor modo de celebrar el Bicentenario de nuestra Patria” (Mensaje CEA, 10.03.2010).

La Virgen Madre, testigo de la Resurrección, nos acompañe hoy como a hijos llamados a la Vida.

A toda la comunidad diocesana y a cada familia en particular deseo innumerables bendiciones y una Santa Pascua de Resurrección 

Mons. Luis Armando Collazuol, obispo de Concordia

Concordia, 4 de abril de 2010
Pascua de la Resurrección del Señor 


Publicado por verdenaranja @ 22:42  | Hablan los obispos
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