Jueves, 22 de abril de 2010

Vigilia de Oración por las Vocaciones Nativas, publicada en la revista ILUMINARE, recibida en la parroquia con los materiales para su celebración el día 25 de Abril de 2010, IV domingo de Pascua. En nuestra diócesis deTenerife se traslada al 8 y 9 de Mayo.

VIGILIA DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES NATIVAS 2010

MONICIÓN DE ENTRADA

Lector

Esta noche nos encontramos para orar por las vocaciones nativas. El lema escogido para este año es “Vocaciones nativas, al servicio de la Reconciliación”. Toda vocación es servicio, y todo servicio debe conducir a entregarnos a Dios y a nuestros hermanos y a la búsqueda de la reconciliación con el prójimo y con nuestro Señor. Cristo resucitado es el mayor signo de perdón y amor.

Seguiremos un sencillo esquema dividido en tres partes, en referencia al lema escogido para esta Jornada: la llamada, el servicio y la reconciliación. En cada una de ellas proclamaremos la Palabra de Dios, traeremos un símbolo que nos haga reflexionar sobre el tema y escucharemos las palabras del Santo Padre, que iluminarán nuestra vida a la luz del Evangelio. Después se expondrá el Santísimo y tendremos unos minutos de oración personal. Finalizaremos nuestra vigilia rezando comunitariamente la oración preparada para esta Jornada.

En este año dedicado al sacerdocio, oremos por las vocaciones nativas, pidiendo la intercession de San Juan María Vianney, porque, como él decía: “Un buen pastor, un pastor según el corazón de Jesús, es el tesoro más grande que el buen Dios puede conceder a una parroquia y uno de los dones más preciosos de la misericordia divina”.

Canto: “Haz brillar sobre nosotros” (CLN 714) 

«VOCACIONES NATIVAS,

AL SERVICIO DE LA RECONCILIACIÓN»

LA LLAMADA

Palabra de Dios

Lectura del evangelio según S. Marcos 3, 13-19

«Subió al monte y llamó a los que Él quiso; y vinieron donde Él. Instituyó Doce, para que estuvieran con Él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios. Instituyó a los Doce y puso a Simón el nombre de Pedro; a Santiago el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso por nombre Boanerges, es decir, hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el mismo que le entregó».

Símbolo

Entra por el pasillo central una persona portando un cirio encendido, que colocará junto al altar, en un lateral. (Otra persona puede llevar una cartulina con las palabras “VOCACIONES NATIVAS”, que pegará en el lado izquierdo del altar, según llega).

Lectura

«La vocación al sacerdocio y a la vida consagrada constituye un especial don divino, que se sitúa en el amplio proyecto de amor y de salvación que Dios tiene para cada hombre y la humanidad entera. El apóstol Pablo, escribiendo a los efesios, afirma: “Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor” (Ef 1,3-4). En la llamada universal a la santidad destaca la peculiar iniciativa de Dios, escogiendo a algunos para que sigan más de cerca a su Hijo Jesucristo, y sean sus ministros y testigos privilegiados. El Divino Maestro llamó personalmente a los Apóstoles “para que lo acompañaran y para enviarlos a predicar, con poder para expulsar demonios” (Mc 3,14-15); ellos, a su vez, se asociaron con otros discípulos, fieles colaboradores en el ministerio misionero. Y así, respondiendo a la llamada del Señor y dóciles a la acción del Espíritu Santo, una multitud innumerable de presbíteros y de personas consagradas, a lo largo de los siglos, se ha entregado completamente en la Iglesia al servicio del Evangelio. Damos gracias al Señor porque también hoy sigue llamando a obreros para su viña. Aunque es verdad que en algunas regiones de la Tierra se registra una escasez preocupante de presbíteros, y que dificultades y obstáculos acompañan el camino de la Iglesia, nos sostiene la certeza inquebrantable de que el Señor, que libremente escoge e invita a su seguimiento a personas de todas las culturas y de todas las edades, según los designios inescrutables de su amor misericordioso, la guía firmemente por los senderos del tiempo hacia el cumplimiento definitivo del Reino».

Benedicto XVI (20 de enero de 2009)

 

EL SERVICIO

Lectura del evangelio según S. Marcos 10, 35-45

«Se acercan a Él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: “Maestro, queremos que nos concedas lo que te pidamos”. Él les dijo: “¿Qué queréis que os conceda?”. Ellos le respondieron: “Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. Jesús les dijo: “No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?”. Ellos le dijeron: “Sí, podemos”. Jesús les dijo: “La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado”. Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan. Jesús, llamándoles, les dice: “Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será esclavo de todos; que tampoco el Hijo del Hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos”».

Símbolo

Entra por el pasillo central una persona portando un evangeliario abierto, que será colocado junto al altar, en el otro lateral, y, si puede ser, iluminado con un foco. (Otra persona puede llevar una cartulina con las palabras “AL SERVICIO”, que pegará en el centro del altar).

Lectura

«El Evangelio, en el fondo, no es solo palabra, Cristo mismo es el Evangelio. Con la Palabra, la misma vida de Cristo debe impregnar a ese hombre, para que llegue a ser enteramente una sola cosa con Él, que Cristo viva en él y dé forma y contenido a su vida… El consagrado debe ser colmado del Espíritu de Dios y vivir a partir de Él. Debe llevar a los pobres el alegre anuncio, la libertad verdadera y la esperanza que hace vivir al hombre y le cura. Debe establecer el Sacerdocio de Cristo en medio de los hombres, el Sacerdocio al modo de Melquisedec, es decir, el reino de la justicia y de la paz. Como los 72 apóstoles enviados por el Señor, debe ser alguien que trae la curación, que ayuda a curar la herida interior del hombre, su lejanía de Dios. El primer y esencial bien que el hombre necesita es la cercanía de Dios mismo. El reino de Dios… es sencillamente la presencia de Dios mismo, que es la fuerza que verdaderamente sana.

Jesús ha asumido estos múltiples aspectos de su Sacerdocio en la única frase: “El Hijo del Hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos” (Mc 10,45). Servir es, por tanto, entregarse a sí mismos; ser no sólo para sí mismos, sino para los demás, de parte de Dios y de cara a Dios: este es el núcleo más profundo de la misión de Jesucristo y, a la vez, la verdadera esencia de su Sacerdocio. Así, Él ha convertido el término “siervo” en su más alto título de honor. Con esto ha dado la vuelta a los valores, nos ha dado una nueva imagen de Dios y del hombre. Jesús no viene como uno de los amos de este mundo, sino que Él, que es el verdadero Amo, viene como siervo. Su Sacerdocio no es dominio, sino servicio: este es el nuevo Sacerdocio de Jesucristo a semejanza de Melquisedec».

Benedicto XVI (12 de septiembre de 2009)

LA RECONCILIACIÓN

Palabra de Dios

Lectura del evangelio según S. Mateo 5, 21-26

«Habéis oído que se dijo a los antepasados: “No matarás”; y aquel que mate será reo ante el tribunal. Pues yo os digo: todo aquel que se encolerice contra su hermano será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano “imbécil” será reo ante el Sanedrín; y el que le llame “renegado” será reo de la gehena de fuego. Si, pues, al presentar tu  frenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último  céntimo».

Símbolo

Entra por el pasillo central una persona portando un lavatorio con agua, que será colocado delante del altar. (Otra persona puede llevar una cartulina con las palabras “DE LA RECONCILIACIÓN", que pegará en el lado derecho del altar, según llega).

Lectura 

«Pensemos en las palabras de Jesús: “Si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar te  acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda” (Mt 5,23s). Dios, que sabía que no estamos reconciliados, que veía que tenemos algo contra Él, se levantó y salió a nuestro encuentro, aunque sólo Él tuviera la razón. Salió a nuestro encuentro hasta la cruz, para reconciliarnos. Esto es gratuidad: la disponibilidad a dar el primer paso, a ser el primero en salir al encuentro del otro, a ofrecerle la reconciliación, a asumir el sufrimiento que implica renunciar a tener la razón. No ceder en la voluntad de reconciliación. Dios nos ha dado ejemplo de ello, y esta es la manera de llegar a ser semejantes a Él, una actitud que siempre necesitamos, una y otra vez, en el mundo. Hoy debemos volver a aprender la capacidad de reconocer la culpa, debemos renunciar a la falsa convicción de que somos inocentes. Debemos aprender la capacidad de hacer penitencia, de dejarnos transformar; de salir al encuentro del otro y de pedir a Dios que nos dé el valor y la fuerza para esa renovación».

Benedicto XVI (21 de diciembre de 2009)

Canto: “Cantemos al Amor de los amores” (CLN O 8)

EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO

Oración personal

Peticiones

Elevemos nuestra voz suplicante al Padre todopoderoso e invoquemos la misericordia divina por las necesidades de todo el mundo:

Te pedimos, Señor, por la Iglesia, para que sea signo tuyo en medio de un mundo que está herido y resquebrajado. Oremos.

Te pedimos, Señor, para que suscites nuevas vocaciones nativas, jóvenes que se comprometan a evangelizar y a llevar la reconciliación a sus pueblos. Oremos.

Te pedimos, Señor, por los pobres, los que sufren, los que no tienen trabajo o vivienda, para que todos reciban la ayuda y el calor de un servicio generoso. Oremos.

Te pedimos, Señor, por las familias de los países de misión, para que sean “Iglesia doméstica” donde puedan nacer futuras vocaciones al sacerdocio o a la vida consagrada. Oremos.

Te pedimos, Señor, por los que estamos reunidos en esta celebración, para que nuestra respuesta sea el servicio desinteresado a nuestros hermanos. Oremos.

Escucha, Señor, las oraciones que tus fieles te han presentado al celebrar esta vigilia por las vocaciones nativas y, aunque seamos indignos de tu ayuda, concédenos lo que humildemente te hemos pedido. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. 

Oramos juntos

Rezamos todos juntos la oración de la estampa preparada para la Jornada de las Vocaciones Nativas. 

Y juntos rezamos el padrenuestro

BENDICIÓN Y RESERVA

Canto: “Hija del pueblo” (CLN 327)

Seminario Diocesano de Cuenca


Publicado por verdenaranja @ 19:30  | Misiones
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