Martes, 27 de abril de 2010

Carta a Mi querido Teófilo del Padre Antonio María Hernández del Hogar Santa Rita del Puerto de la Cruz, publicado en la revista "Como las Abejas", número 50, Marzo - Abril de 2010.

CARTA A MI QUERIDO TEÓFILO

Mi querido y viejo amigo Teófilo: Paz y bien.

Después de leer tu carta un tanto amarga y que casi cae en la desesperación, he de decirte que siento muy hondo el problema que se te ha añadido con esa enfermedad, que tantas vidas se esta llevando aún en estos tiempos de tantos adelantos y que el puro mencionar su nombre, ya te produce escalofríos. Para comprender tu dura situación, tendría yo que meterme en tu pellejo.

Dice el viejo refrán, que no hay enfermedad, sino enfermos que padecen las enfermedades, y la situación de cada enfermo, aún con la misma enfermedad, es diferente. Cada persona es un mundo y su interior es infranqueable y hay muchas cosas que no se pueden explicar con palabras, sino que hay que sufrirlas en carne propia. iQué puedo yo decirte, mi buen Teófilo! A ti, que has sido un hombre apaleado y curtido por las pruebas, a lo largo de tu vida. Has hablado con el corazón en la mano y tus palabras son, ciertamente, un reboso de tu corazón y creo en cuanto has escrito, llevado por tus sentimientos de amargura y de impotencia, ante una enfermedad tan dura que muchas veces suena a "muerte segura". Y, por mucha fe que se tenga no puede evitarse, en un primer momento, este derrumbe y abatimiento, que está ocurriendo en tu vida en estos momentos tan delicados y decisivos para ti.

Sin embargo, pienso que no debes complicar las cosas, añadiendo amarguras a las amarguras. Tú llevas unos cuantos años viviendo en este mundo y no puedes cargar las tintas solamente en tus fallos, en tus fracasos, en el daño que hayas podido hacer a terceros, en tu paso por la Tierra y muchos de ellos, como bien dices, que se murieron y, a lo mejor, ni les pediste perdón, ni caíste en la cuenta el hacerlo y se han llevado a la Tierra, quizá mucho sufrimiento, por culpa tuya. La vida no es fácil para nadie y es muy difícil vivir "en directo" la vida, y no cometer errores. Somos pecadores y el Señor lo sabe. También es verdad, que uno no puede abusar de la bondad de Dios, ni aprovecharse de que uno no vea un castigo inminente a dada equivocación o pecado que cometamos.

Se aprende a vivir viviendo, como se aprende a amar amando, sabiendo que somos seres humanos de carne y hueso, sujetos a los instintos animales y a las pasiones un tanto desordenadas: pero Dios existe, mi amigo Teófilo, y aunque nos parezca, algunas veces, que Dios no está al tanto de nuestros problemas y que permite, impasible, todos los sufrimientos de los seres humanos, como si nada le importaran. Podemos decir que no entendemos a Dios, que no comprendemos las desagradables cosas que nos ocurren. Ese no es nuestro Dios. Nuestro Dios es infinitamente bueno y misericordioso. Lejos de estar ajeno a lo que nos pasa, como si no le importáramos. es al contrario. cuando más lejos le creemos, más cerca está de nosotros y justamente en el dolor, en el sufrimiento, en las pruebas dolorosas y en las pruebas sangrantes del hombre. Tú mismo, amigo Teófilo, estarás comprobando que hay mucha gente preocupada por tu enfermedad y son muchos los que te quieren y que, de seguro, están rezando por ti. Y si eso es así y tienes que aceptarlo, como prueba clara de que Dios está preocupado de ti, y no creas que se ha desentendido de tu enfermedad y ni que te ha abandonado a tus solas fuerzas.

A Dios le importas tú, y le llevan de cabeza tus angustias y tus problemas y, en modo alguno, te abandonará a tu suerte. Tú eres por encima de todo, hijo de Dios y no me digas que habrá en este planeta Tierra, ni madre, ni padre. ni esposa, ni hermano, ni amigos que te quieran más que Él y que le importen más tus problemas concretos., ya desde ahora, la novedad de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Mi buen Teófilo, esta es la hora de la fe para ti. Agárrate, a ciegas, de Dios, aunque no lo entiendas, aunque estés un tanto alejado de Él. Jamás te dejará a la deriva, sin duda, aunque tú no lo creas. Lo más importante para Dios eres tú. Sí, tú, como si no existieran en este mundo más personas que tú. No te olvides que Dios quiere positivamente el bien; pero permite los males, y entre ellos las enfermedades, para sacar un bien para purificarnos, para darnos una lección de humildad y que nos enteremos, de una vez por todas, que es Dios quien nos da la vida y la salud, que es Dios el que dirige la historia de cada persona, que es Dios el que está detrás de todo esto, aunque no lo entendamos.

No tienes que dar la sensación "de acabado". El que pone punto y final a la vida de cada persona es Dios y no tienes que desmotivarte y darte por finiquitado. Esto es sólo un aviso y una prueba de humildad. Para que te des cuenta que dependes de Él y que para Dios todas las enfermedades son curables. Tienes que levantar de nuevo el ánimo. Tú siempre has sido una persona optimista y muy golpeado por la misma vida. Quizá Dios te ha dado una buena salud durante muchos años y no se lo habías agradecido. Ahora te ha visitado la enfermedad como a tantos millones de personas en este valle de lágrimas y te has derrumbado como un gigante de pies de barro. Hay muchas cosas que ya no tienen solución y no le des más vueltas. Cosas que no tienen remedio por muchas vueltas que le des y es una pérdida de tiempo mirar hacia atrás. Lo que importa es tu vida actual, que no sigas cayendo en los mismos errores, porque tú no sabes si te quedará tiempo para rectificar. Que tu perdón sea una verdadera conversión. Realmente esta es una nueva etapa en tu vida, no vivida anteriormente. Ahora que te toca estar entre enfermos en un hospital, fíjate en cuánta gente está peor que tú, y más abandonada que tú: personas que no tienen, siquiera, ni familia, ni amigos, ni nadie que se interese por ellos. ¡Cuánto se aprende en la enfermedad del dolor! Ahora tienes que rezar y orar más fuertemente, aunque te falte la fe, y tienes que ser humilde y pedirle fuerzas a Dios y no rechazar la mano del que te quiere ayudar. Tu vida no es tuya. Todos nos debemos a todos y somos, aunque seres libres, eslabones, de una cadena que empieza en la Tierra, pasa por el Purgatorio y termina en el Cielo; para volver de nuevo a la Tierra. Es un dogma de fe, la "Comunión de los Santos", la comunicación misteriosa y mística; pero real que existe entre la Tierra, el Purgatorio y el Cielo, en un eterno ir y venir mientras dure la vida en la Tierra.

Tampoco, mi amigo Teófilo, es correcto que cargues tanto las tintas en el mal, en el daño que has hecho a tu paso por esta vida. Esto no sería verdad. También tú has hecho muchas cosas buenas, has ayudado a muchas personas, has colaborado en muchas obras sociales, has hecho también mucho bien a muchas personas. En estos tiempos has animado a muchos, has dado buen ejemplo. La vida no es tan sencilla y hay muchos grandes Santos en la historia que su vida, en otro tiempo, dejaba mucho que desear, y quizá, puede hasta escandalizar, como "La Magdalena", o "San Agustín", o "Santa Margarita de Cortona", y otros muchos, cuya vida espiritual iba a la deriva y a la perdición, y que su vida cambió radicalmente en sentido positivo, a raíz de una enfermedad, de una muerte, de un acontecimiento adverso, como el caso de San Pablo, y que luego cambió su vida en otra dirección.

Cuánto me gustaría, mi buen Teófilo, que esta enfermedad, tan dura que te tiene desconcertado y casi hundido, sirva para que pongas un antes y un después, para que veas la vida, de otra manera. Que tu vida personal se fleche hacia Dios. Mira el dolor, la enfermedad, como una suave caricia de Dios, que los dolores son "perlas preciosas caídas del cielo", aunque nadie las quiera.

Venga, espabila esa cara. acepta la enfermedad, no con resignación, sino con amor, mirando como una oportunidad que Dios te está dando, sencillamente, porque te quiere. Acuérdate que vino desde el Cielo por ti, que está en el Sagrario por ti, que no hay nada más cierto y seguro de que Dios te quiere y le preocupan tus angustias y sufrimientos y va a estar las veinticuatro horas de cada día,

pendiente de ti. como la mejor de las madres. Que no se pierda la sonrisa de tu rostro, "aunque la procesión vaya por dentro". Quizá Dios ha permitido que te visite esta enfermedad, para darte una lección, para que hagas una parada en tu camino, para que mires más hacia Dios y te percates que la vida y la salud está en manos de Dios y que el milagro existe.

No tienes que pensar tanto en la muerte y en que se acabó tu historia en este planeta. Tú no sabes todavía todos los planes que el Padre tiene sobre ti. El que te devolverá la salud es Él. Mira icuánto le debes a Dios! Y no seas tan olvidadizo. Esta enfermedad te puede servir de reflexión y vas a tener tiempo para orar, en medio del dolor, de los sueros, de las inyecciones, de la quimioterapia, de la radioterapia, de la operación, de la post-operación, de las idas y venidas a realizar tantas pruebas. Otros han pasado por más y lo tuyo en comparación con tantos otros enfermos es una minucia.

No se trata tampoco de estar dándole vueltas y más vueltas a que si tú mereces o no el Cielo y jamás te consideres un condenado. Esto jamás. Ni pensarlo es bueno. Piensa que Dios "desde antes de la Creación" de este mundo material, pensó en ti, para que ocupes un lugar en el Cielo, en calidad de ser humano, pero como verdadero hijo de Dios, un derecho a heredar el Cielo. No lo perdamos por un ratito de gozo, por una imprudencia. Mejor que no peques ya más; pero si, por desgracia, cayeses alguna vez de nuevo, reacciona, enseguida, y vuelve "al Padre" y pídele mil veces perdón. Dios es el gran perdonador porque es el que más nos ama, sin duda. Esta enfermedad es una gran oportunidad que Dios pone en tus manos para que le demuestres que le quieres.

Decía Santa Teresa: "Por eso tienes muy pocos amigos" iPor qué a los que amas les haces mucho sufrir! Es por el sufrimiento y por la cruz que nos salvó el Señor. iSi supiéramos cuánto hacemos sufrir a Dios y a la Virgen Santísima cuando pecamos! ¡Cuántos pecados a lo largo de la vida hemos cometido personalmente, aunque nos lo hayan perdonado a través de la confesión! ¡Cuánto se ofende hoy en día, en todas las partes del mundo! ¡Cuánta gente camina hacia abajo, a precipitarse un día en el horrible abismo del Infierno! Pensando todo esto qué son nuestros dolores comparados con el gozo del Cielo que nos espera. Si encima, con nuestros dolores, podemos ayudar al Señor a redimir al mundo, tanto mejor. "Son muchos los que se van al Infierno porque no hay quien rece por ellos", le dijo la Virgen de Fátima a los pastorcillos. Si puedes, léete la autobiografía y escritos de Santa Gema Galgani y entenderás mejor todo esto y verás qué poco has sufrido comparado con esta Gran Santa.

Por último, ten paciencia con tu enfermedad. No te quejes ni te vuelvas un "quejica". Vete paso a paso, sin pensar en todas las pruebas que te quedan. Ponte en las manos de Dios, que es estar en las mejores de las manos. Vete cumplimentando, sin desesperarte, las sesiones a que te someterán a través de la quimioterapia. Vete una por una, cumpliendo puntualmente las prescripciones de los médicos, que están ciertamente preocupados responsablemente de que todo termine bien. Sé que tienes prisa y que quieres que todo termine cuanto antes. No quieras quemar etapas. Sigue lo que te manden. Sé humilde y sé un buen enfermo, dócil, obediente, comprensivo. Ten paciencia con tu estómago, con tu apetito, con los mareos de tu cabeza. Esto es parte del proceso. Tranquilo. Pide fuerzas a Dios y a la Virgen y a los Santos de tu devoción. También Dios, está preocupado de tu enfermedad. No lo dudes.

Haz lo que puedas en tus cosas. Delega lo que puedas delegar. No te angusties, déjate ayudar. Ponte en manos de Dios, de los médicos y de cuantos tengan que ver con tu enfermedad. Todos están haciendo lo que mejor saben y pueden: que esta enfermedad, que afecta indiscriminadamente a tantas y tantas personas, sirva para reforzar más aún tu fe y tu confianza en Dios,   y no  te olvides de la Virgen de Candelaria.        

Antonio María Hernández Hernández


Publicado por verdenaranja @ 16:40  | Cartas a Te?filo
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