Viernes, 30 de abril de 2010

 Ideas para la homilía del Día de Cáritas, publicadas en el Guión litúrgico para la celebración de la misa de ese día, uqe se ha recibido con los diversos materiales par la Jornada.

Para la homilía

1. Dadles vosotros de comer

La estampa evangélica nos pinta a un Cristo que no vive para sí ni busca nada para sí. ¡Gracias, Jesús, porque no fuis­te egoísta! Cristo literalmente se des­vive por los demás. En lugar del retiro y descanso que deseaba, se encuentra con una muchedumbre que lo busca. Y Jesús «sintió compasión de ellos» (Mc 6,34), se puso a enseñarles despacio y a curar enfermos, olvidándose hasta de la comida.

Pero el tema de la comida también inte­resaba al Señor. Cuando ve que la gente está agotada, no les despide para que cada uno se las arregle como pueda, sino que se implica en el problema y ofrece una respuesta liberadora. ¡Gracias, Jesús, porque has querido compartir nuestra realidad y nos has abierto caminos de liberación!

Dadles vosotros de comer. Hay mil millo­nes de personas que se acuestan todas las noches con hambre, después de re­buscar en vertederos y basureros. Es el mayor castigo que sufre la humanidad. Hoy no haría falta multiplicar nada, bas­taría con recoger lo que sobra a los epu­lones y pedir perdón a los lázaros.

Dadles vosotros de comer. Hemos de con­cienciar a los señores del poder y las fi­nanzas. Bastaría el 0,7% o derivar hacia el desarrollo un pequeño porcentaje de lo que se gasta para la guerra. Y, avergonza­dos, pedirles perdón.

Dadles vosotros de comer. Mejor sería darles trabajo, o un microcrédito, o una oportunidad, para que desarrollen sus ta­lentos y capacidades. Y animarles.

Y darles más. Darles respeto, cercanía, comprensión, misericordia. Siempre esta­mos en deuda de amor con los pobres.

Y darles más. Darles fe, ilusión, alegría, es­peranza. Y darles oportunidad que ellos mismos puedan dar. El verdadero amor hace del amado un amante; el verdadero don hará del que recibe un dador.

2. Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros

Como respuesta a las crisis del mundo, Jesús hace algo más que quejarse y de­nunciar —lo que hacemos nosotros—. Para vencer las fuerzas diabólicas del odio, Jesús ofrece el acto de amor más grande, el sacrificio de sí mismo por amor. Pero el sacrificio no será de ho­locausto, sino de comunión, para que sirva de alimento y medicina a la huma­nidad deprimida.

Este gesto está en la línea de la Encar­nación. Si por amor el Hijo se hizo carne, ahora por amor se hace pan; carne para curar la carne, pan para alimentarla y di­vinizarla. Si por amor se hizo pobre, ahora por amor se hace víctima. Si por amor se quedó con nosotros, ahora por amor en­tra dentro de nosotros.

Este amor eucaristizado es el principio de la victoria sobre el mal: pone gracia en la miseria, perdón en el odio, gratuidad en el mercantilismo, amor en todo desamor. La Eucaristía es el principio de la transfor­mación del universo. Ya todo puede ser renovado.

3. Haced esto en memoria mía. Comunión y misión

Se nos pide no sólo repetir unas palabras y unos gestos, sino vivirlos. El memorial nos exige algo más que un recuerdo, exi­ge actualización del misterio. Hemos de asumir ese espíritu de Jesús que le llevó a hacerse pan y vino, llenarnos de ese amor que llevó a Jesús a partirse y entre­garse por nosotros.

Celebrar y vivir la Eucaristía. También sembrarla, es la misión. Hemos de es­parcir por nuestro mundo semillas de Eucaristía, poner en nuestros ambientes fermentos eucarísticos. Adelantaremos así el Reino de Dios. Pero la dinámica del fermento es, ya sabemos, la pequeñez, el ocultamiento, la paciencia y la energía contagiosa.


Publicado por verdenaranja @ 16:52  | Homil?as
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