Lunes, 03 de mayo de 2010

Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (11 de abril de 2010). (AICA)


DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA 

La liturgia de este domingo contempla a Jesucristo como fuente de la Misericordia Divina. Esta celebración tiene un profundo sentido salvífico, porque nos revela el motivo por el cual Dios nos ha enviado a su Hijo. Cuál es este motivo? San Juan nos dice que: “Dios amó tanto al mundo que entregó a su Hijo único…, no para juzgarlo, sino para que el mundo se salve por él” (Jn. 3, 16-17). Como vemos, en la fuente del envío de Jesucristo está el amor de Dios por sus hijos. Somos destinatarios de este amor; Dios no abandona a sus hijos. Este domingo celebramos, precisamente, ese camino de amor que tiene su origen en el corazón del Padre, y que se ha hecho visible para nosotros en la persona de su Hijo, Jesucristo.

Este amor es libre, no depende de la respuesta del hombre. Por ser un amor salvífico busca a todos y nos ama en nuestra condición de pecadores; ama al hombre por su dignidad. No es un amor, por otra parte, que sólo da algo, pero nos deja en la situación de miseria. Es un amor creativo, enriquece con su vida a la persona amada para crear con ella una nueva relación. Jesucristo, que es la expresión de ese amor misericordioso de Dios, nos dice: “Ya no los llamo servidores….yo los llamo amigos, porque les ha dado a conocer todo lo que oí de mi Padre” (Jn. 15, 15). El amor lleva a la comunión. Conociendo riqueza del amor de Dios, qué triste es escuchar aquella copla que nos dice, desprecio la caridad por la vergüenza que encierra. No es la imagen que proviene del amor de Dios, tal vez es la experiencia de quién ha visto una caricatura de la caridad, es decir, un amor que da cosas, que cumple, pero que no eleva a la otra persona.

Un signo de la presencia de Dios en nosotros es cómo practicamos las obras de misericordia, que son “acciones caritativas mediante las cuales socorremos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales” (Catecismo n° 2447). Obra de misericordia espiritual es aconsejar, consolar, confortar al que sufre, como perdonar y sufrir con paciencia; entre las obras corporales se encuentran dar de comer al hambriento, vestir al necesitado, visitar a los enfermos y a los presos, las que llamamos obras de caridad fraterna (cfr. Mat. 25, 31-46). Nuestras obras de misericordia deben elevar a la persona que ayudamos por la actitud con que las realizamos; no es cristiano dar simplemente cosas sino acompañarlas con ese gesto de amor que es expresión de una caridad auténtica. Es Jesucristo la fuente y el modelo de ese amor que enriquece y eleva a quién se encuentra en el dolor, “vengan a mí, decía, los que están tristes y sufren”.

Que seamos frente a nuestros hermanos que sufren, testigos de ese amor que nos ha enseñado Jesucristo para acompañar y elevar al hombre en su dolor. Reciban de su Obispo junto a mis oraciones, mi bendición en el Señor. 

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


Publicado por verdenaranja @ 22:51  | Hablan los obispos
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