S?bado, 08 de mayo de 2010

Sugerencias para la homilía de la XLIV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales que este año se presenta con el lema “El sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos medios al servicio de la palabra” y que se celebrará el 16 de Mayo de 2010, recibido en los materiales para su celebración.

Primera: Hechos de los Apóstoles 1, 1-11
Segunda: Efesios 1, 17-23
Evangelio: Lucas 24, 46-53 

Sugerencias para la homilía 

El libro de los Hechos de los Apóstoles comienza con el relato de la Ascensión del Señor. Jesús ha cumplido la misión que el Padre le encomendó –Palabra hecha carne para la salvación de los hombres– y el autor del texto quiere expresar que ha llegado el momento culminante de esa misión.

Lucas ha presentado todo el ministerio terreno de Jesús como “una ascensión”, una “subida” que se ha realizado desde Galilea hacia Jerusalén: “Sucedió –nos dice– que como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén”

(Lc 9, 51). En este término, el evangelista quiere expresar toda la trayectoria vital que ha desencadenado su proceso y le ha conducido a la hora definitiva de su Pasión. “Elevado” sobre la Cruz, ha entregado su vida en cumplimiento de la voluntad del Padre (Jn 19, 30). No obstante, esa trayectoria no concluye en el sepulcro vacío: Aquel que “subió a Jerusalén” para cumplir el designio del Padre, ha sido ahora elevado, “glorificado”, dirá el evangelista Juan: “Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre” (Jn 12, 23). El Hijo de Dios ha vencido a la muerte y ahora es Señor de vivos y muertos. Por su ascensión, ha entrado en su gloria definitiva.

El Apóstol lo anuncia en la segunda lectura, al recordar a los fieles de Éfeso “cuál es la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos”, según la eficacia de “la fuerza poderosa” del Padre, “que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación…” (Ef 1, 18-21).

En el contexto del Año Sacerdotal bien podemos decir, con toda propiedad, que la ascensión es la consumación del sacerdocio de Cristo: “Presentose Cristo como Sumo Sacerdote de los bienes futuros –explica el autor de la Carta a los Hebreos– a través de una Tienda mayor y más perfecta, no fabricada por mano de hombre, es decir, no de este mundo. Y penetró en el santuario una vez para siempre, no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, consiguiendo una redención eterna” (Heb 9, 11-12).

Más adelante el mismo autor recordará que, por eso precisamente, es el “mediador de una nueva Alianza” (Heb 9, 15). La conciencia de la Iglesia naciente y la experiencia vital de la plenitud de este acontecimiento salvífico definitivo queda bien expresada en los versículos finales del evangelio que se proclama en este día. Lucas constata cómo los discípulos, enviados para ser testigos de lo que han contemplado, “se volvieron a Jerusalén con gran alegría” (Lc 24, 52).

Son ellos, los discípulos, quienes tienen ahora la misión y el encargo de “anunciar en su nombre la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos” (Lc 24, 47). Es el punto de partida de la misión de la Iglesia de todos los tiempos. Así, no deja de ser hoy sumamente significativo que Benedicto XVI haya querido elegir para la solemnidad de la Asunción del Señor, en este Año Sacerdotal, un lema que hace referencia al sacerdote en cuanto “mediador de la Palabra” también en el ámbito del “mundo digital”.

“La tarea primaria del sacerdote –afirma el Papa en su mensaje para este año– es la de anunciar a Cristo, la Palabra de Dios hecha carne, y comunicar la multiforme gracia divina que nos salva mediante los Sacramentos. La Iglesia, convocada por la Palabra, es signo e instrumento de la comunión que Dios establece con el hombre y que cada sacerdote está llamado a edificar en Él y con Él. En esto reside la altísima dignidad y belleza de la misión sacerdotal”.

“También en el mundo digital, se debe poner de manifiesto que la solicitud amorosa de Dios en Cristo por nosotros no es algo del pasado, ni el resultado de teorías eruditas, sino una realidad muy concreta y actual”, añade. Y se pregunta seguidamente: “¿Quién mejor que un hombre de Dios puede desarrollar y poner en práctica, a través de la propia competencia en el campo de los nuevos medios digitales, una pastoral que haga vivo y actual a Dios en la realidad de hoy? ¿Quién mejor que él para presentar la sabiduría religiosa del pasado como una riqueza a la que recurrir para vivir dignamente el hoy y construir adecuadamente el futuro? Quien trabaja como consagrado en los medios tiene la tarea de allanar el camino a nuevos encuentros, asegurando siempre la calidad del contacto humano y la atención a las personas y a sus auténticas necesidades espirituales”.

Así pues, dirá Benedicto XVI, corresponde al sacerdote “ofrecer a quienes viven éste nuestro tiempo ‘digital’ los signos necesarios para reconocer al Señor; darles la oportunidad de educarse para la espera y la esperanza, y de acercarse a la Palabra de Dios que salva y favorece el desarrollo humano integral. La Palabra podrá así navegar mar adentro hacia las numerosas encrucijadas que crea la tupida red de autopistas del ciberespacio, y afirmar el derecho de ciudadanía de Dios en cada época, para que Él pueda avanzar a través de las nuevas formas de comunicación por las calles de las ciudades y detenerse ante los umbrales de las casas y de los corazones”. 


Publicado por verdenaranja @ 23:07  | Homil?as
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