S?bado, 08 de mayo de 2010

Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (17 de abril de 2010). (AICA)


GUADALUPE Y LA FAMILIA 

En este segundo domingo después de Pascua nuestra mirada y afecto se dirigen con gratitud, a ese lugar en el que la fe del pueblo santafesino fue descubriendo la presencia de un gesto de Dios que marcó su historia, y se hizo devoción a través de una imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. Desde aquella intimidad a los pies de la Cruz, cuando Jesús le dijo a su madre: “Mujer, aquí tienes a tu hijo” (Jn. 19, 26-27), la presencia de María a lo largo de la historia es una constante acompañando a sus hijos. En Guadalupe reconocemos este testimonio. Pero también podemos hablar del testimonio de sus hijos, recordando la segunda parte de las palabras de Jesús, cuando nos dice a nosotros: “Aquí, tienes a tu madre”. Este descubrir su presencia en la historia es, diría, el testimonio del amor de sus hijos. La devoción a la Virgen tiene, como vemos, su fundamento en la Palabra y el deseo del mismo Jesucristo.

Una característica que he visto en la devoción a Guadalupe es que participa toda la familia. Es común ver caminar hacia la Basílica a la familia en conjunto. Este hecho tiene un profundo significado religioso y social. Si bien la fe es un hecho personal tiene, sin embargo, un anclaje familiar. Es la familia el primer ámbito donde se viven y trasmiten las principales verdades que hacen a la vida del hombre. La fe no es para el creyente una verdad más, sino la Verdad que ilumina y da sentido a su vida. Por ello, poner en el corazón y en los labios del hijo el nombre de Dios es la mayor riqueza que una familia puede trasmitir a sus hijos. El clima de orfandad, es decir la ausencia de vida familiar, es el mayor peligro para el desarrollo de todas las dimensiones de la vida del hombre sean afectivas, religiosas, sociales como culturales. No es la familia un agregado a la vida del hombre, sino el ámbito necesario para su desarrollo. Esto me hace valorar el ver a la familia peregrinar junta a Guadalupe.

La calidad de vida de una sociedad depende del clima de sus familias. Tanto la transmisión de la fe, como de los valores y la misma cultura, tienen en ella su lugar natural. Ahora bien, la familia no es algo mágico que exista independientemente de nuestra libertad y compromiso, por el contrario, ella es una realidad que reclama de nuestra presencia y responsabilidad. No se la puede imponer, pero si se la debe proclamar y favorecer como un bien que hace la vida del hombre y la sociedad. Por ello siempre será actual aquel llamado del Santo Padre, cuando les decía: “Familia se lo que eres”. Tendrá que adaptarse en cada época a los necesarios cambios que ello implica, pero hay una realidad de vida y sentido que es permanente, y que tiene para los padres y los hijos, un significado de realización y plenitud que es propio de ella. A la Familia siempre se la tiene que estar creando.

Esperando verlos en la celebración de su Fiesta Mayor este fin de semana, les hago llegar junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor Jesús y María Santísima, Nuestra Madre de Guadalupe. 

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz 


Publicado por verdenaranja @ 23:28  | Hablan los obispos
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