Domingo, 09 de mayo de 2010

Homilía de monseñor Marcelino Palentino, obispo de Jujuy en el Acontecimiento Redentor (Santuario de Nuestra Señora del Rosario, Río Blanco y Paypaya, 18 de abril de 2010). (AICA)


ACONTECIMIENTO REDENTOR 

Queridas hermanas y hermanos:

Hemos encontrado este párrafo del Evangelio de San Juan en el cual vemos distinto momentos, es una hermosa metodología que presenta el evangelista para reflexionar nosotros también sobre lo que estamos haciendo y lo que tenemos que ir haciendo después. Yo hago una introducción y luego ustedes, en grupitos cercanos, van a releer y hacer su reflexión también. Por lo tanto ya les anticipo tendrán su momentito de reflexión luego de esta introducción que yo les hago.

Los apóstoles, primera escena, quieren ir a pescar estaban tristes después de la muerte de Jesús y Pedro toma la iniciativa y dice: “Yo voy a pescar”, los demás le dicen: “Nosotros también vamos contigo” y hacen esa experiencia de la pesca sin sacar nada. Es la iniciativa solamente de hombres,  expertos en la pesca, pero es su iniciativa y el fruto es no sacar nada.

Aparece Jesús en la orilla, y es la segunda escena, le indica cómo y dónde echar las redes, y el fruto de esto es que sacan gran cantidad de peces: ciento cincuenta y tres peces. Simboliza ese número las naciones conocidas en ese tiempo que entran en esa barca de Pedro. Lo importante pensar que los expertos en la pesca humanamente y en Jesús que no era pescador. Los expertos por su cuenta nos sacan lo que ellos soñaban.  Pero en el momento en que escuchan a Jesús ahí empieza a ser todo distinto. Primer momento que lo podemos pensar y aplicar a nuestra vida cuando tomamos una iniciativa ¿la hacemos por cuenta nuestra o escuchamos la voz de Cristo? Cuando nosotros hacemos un trabajo de todo tipo, sobre todo para nosotros en este día, nos replanteamos el trabajo pastoral – que vale para mí como obispo, para los sacerdotes, para los agentes de pastoral- ¿lo hacemos por iniciativa propia, porque a mí se me ocurre, o es fruto de una escucha atenta de la voz del Señor que nos dice lo que tenemos y cómo tenemos que hacerlo? Es una primera parte que tenemos que ir pensando y reflexionando, y es lindo en este Acontecimiento que celebramos hacernos algunas preguntas que hacen a nuestra vida pastoral.

Llega una segunda escena: Jesús está en la orilla, ya tiene preparado un asadito para sus amigos, ellos no lo reconocieron inicialmente, Juan si, intuye que es  Jesús. Pedro se tira al agua, va y se encuentra con la cena de Jesús que ya había preparado un pequeño asadito y le pide más pescado para ponerlo a las brasas y poder compartir. Es todo un símbolo del amor y de la ternura de Jesús para sus discípulos, este amor y ternura se manifiesta hasta en los detalles: los que escuchan a Jesús viven experiencias de amor en pequeños detalles ¡cuántas veces en nuestras vidas tenemos esa experiencia de que Jesús nos da lo que ni sabía ni siquiera habíamos pensado y previsto nosotros!, pero Él sí. Nos espera siempre con algo que nos sorprende pero en el fondo manifiesta siempre su gran amor. Jesús está más cerca de nosotros que lo que nosotros podemos imaginarnos y nos da muchas más respuestas de la que nosotros a veces tenemos pensado planificar.

Tercera escena: lo llama a Pedro y hay un diálogo hermoso entre Jesús y Pedro. “Pedro, ¿me amas?”. El examen de Pedro para que siga siendo el representante de Jesús, el jefe de su Iglesia y la piedra sobre la cual construye su Iglesia no es sobre cuanto conoce,  sino cuanto ama. “¿Me amas?” No le pregunta ¿aprendiste todo en estos tres años, sino me amas? Si ama después también sabrá aprender y transmitir. Pero el punto de partida es el amor. Tampoco le reprocha su triple negación, se da por descontado que el que ama también está arrepentido y empieza una vida nueva. Le pregunta simplemente “Pedro ¿me amas?”. Nos pregunta nosotros no si sabemos hacer una lectura exegética de la Biblia,  si tenemos todos los conocimientos habidos y por haber para poder empezar los grupos bíblicos. No nos pregunta cuánto hemos estudiado, esto vendrá después. Es un proceso. Lo que le interesa es “¿me amas?”, y si hay amor hay capacidad de escucha y si hay capacidad de escucha, hay disponibilidad para estar con Jesús y si queremos de veras estar con Él entonces vale la última palabra del Evangelio: “Sígueme”. Y nos lo dice nosotros también: “Sígueme”, “si me amas ves la forma de seguirme, a través de esa escucha atenta de la Palabra, a través de ese compromiso que progresivamente vas asumiendo para transformar este mundo, este mundo tan necesitados de amor y de esta Palabra de Vida”.

Por eso este es el Acontecimiento Redentor que coincide con el cierre de nuestros 75 años de historia como Diócesis. 75 años de evangelización como estructura diocesana, pero son tiempos de crecimiento: es todo un proceso que se fue viviendo y se seguirá viviendo, es todo un camino que fuimos haciendo a lo largo de esta historia con los distintos obispos que han sido responsables de esta historia de la diócesis: Mons. Mühn al comienzo, Mons. Medina luego, Mons. Casado, y actualmente con este Obispo que  el Señor ha puesto acá. Y el camino siempre ha sido y quiere ser un escucha atenta del Señor y una respuesta. Porque queremos a través de esta fuerza de la Palabra de Dios queremos transformar la sociedad, no es la vocación del cristiano la vocación intimista: “Sí, Diocito, yo te quiero y con eso basta”. No, te vuelve a decir: “¡Sígueme!”. Y el camino de Jesús es un camino que transforma la historia, transforma la sociedad, ser discípulo de Jesús es sentirnos amados por Él, compartir su vida que pasa también a través de la Cruz para poder después anunciar su Palabra, su mensaje de salvación. El discípulo es el que escucha pero también después es el que anuncia con su vida esa Palabra que ha llegado su corazón, por lo tanto o en es un día en el cual no sólo damos gracias por haber caminado 75 años en esta Diócesis, sino también es un punto de partida por una nueva etapa, para decirnos el uno al otro es posible cambiar la historia. Nos quejamos de la violencia que existe nos quejamos de las situaciones de inseguridad, de falta de trabajo, de falta de armonía social, nos quejamos de muchas cosas desde adentro de la familia hacia fuera en toda la sociedad ¿cuál es la respuesta? ¿No será que hemos hecho nuestro proyecto personal? ¿No será que cada uno de nosotros tomó su iniciativa – nuestra sociedad, los que nos conducen – han tomado su iniciativa privada y entonces siguen sin pescar nada, sin cambiar esta realidad? ¿No será el momento de detenernos para escuchar atentamente esta Palabra de Jesús que nos indica cómo y dónde tenemos que trabajar? ¿No será que la escucha de la Palabra de Dios será el punto de comienzo una nueva historia que será la historia donde los vecinos se encuentran alrededor de esta Palabra, y si hay divisiones, enfrentamientos, dificultades, la vamos superando con la fuerza de la Palabra? Pero tenemos que ponernos a la escucha: de Dios y al escucha del otro. Nadie va a enseñar sino todos están llamados a compartir la riqueza de la Palabra. El otro – como decíamos en la carta pastoral los obispos argentinos el año pasado – el otro no es el destinatario de nuestra misión si no es un interlocutor, con el otro compartimos la fe, cada uno aporta lo suyo que enriquecerá al grupo, enriquecerá al vecino, y juntos podremos ser el comienzo de una transformación también en la realidad social de nuestra Provincia, de nuestro País, ojalá cada uno nosotros se ponga a esa escucha atenta de la Palabra para poder decir al mundo, no solamente a nuestra Diócesis, sino el mundo: “Es posible cambiar escuchándolo a Dios, dejándonos conducir por Él, y siguiendo a este Salvador”, que es el salvador de todos. Por lo tanto este acontecimiento será de redención, ¿Por qué? Porque empezamos a llevar mensajes nuevos al mundo, no de quejas por lo que anda mal sino de propuesta por lo que podemos hacer como constructor de una nueva sociedad con la fuerza de Jesús.

Ahora yo les invito a que cada uno se mire alrededor con lo que tienen, abre nuevamente la Biblia en este párrafo que hemos leído recién. Capítulo 21 de San Juan. Vamos a leerlo juntos y dos o tres minuto compartimos ¿qué me dice a mi? Qué me dice para que yo sea protagonista de la transformación de este mundo… ¿qué me dice para que yo pueda colaborar en este seguimiento de Jesús como discípulo misionero para que su amor venga anunciado a todos los hombres? porque la evangelización de para todos el mensaje de salvación para todos y el Señor quiere servirse de cada uno nosotros para llevar este mensaje al vecino y a todos lo que tenemos en nuestro alrededor, en el trabajo o en la vida social. Vamos a dedicarnos unos minutos mirándose entre ustedes, entre vecinos – han traído la Biblia, vemos que muchísimo tiene la Biblia – la vuelven a recordar y si no tiene la Biblia hablan de lo que han escuchado y lo que queremos realizar. 

Mons. Marcelino Palentini, obispo de Jujuy
 


Publicado por verdenaranja @ 23:20  | Homil?as
 | Enviar