Martes, 18 de mayo de 2010

Reflexión de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús para el programa radial "Compartiendo el Evangelio" para el 3º Domingo de Pascua (18 de abril de 2010). (AICA)


TERCER DOMINGO DE PASCUA 

Evangelio según San Juan 20, 19-31 (Ciclo C) 

Queridos hermanos: quiero recordar a toda la comunidad diocesana que el próximo sábado 24 es el quinto aniversario de la inauguración del Ministerio Pastoral del querido Papa Benedicto XVI. ¡Cómo hay que amar al Papa! ¡Cómo hay que quererlo! ¡Cómo hay que rezar por él! ¡Cómo hay que cuidarlo! Y cómo algunos son adversarios de él y de la Iglesia, queriéndolo hacer responsable de todo. Hay que cuidar más al Papa y rezar por él. 

Evangelio: obediencia fiel, fiel obediencia

El relato evangélico nos habla de una de las apariciones de Jesús a los discípulos, cuando estaban pescando porque ellos eran pescadores, ese era su trabajo. Aparece Jesús, ellos no lo reconocen; Jesús les dice “tiren la red a la derecha”; Pedro le dice “hemos pescado toda la noche y no sacamos nada”, pero lo hizo obedeciéndole pero sin saber que era Jesús. Recién allí se da cuenta porque pescó abundantemente.

Acá está la obediencia de la fe. Para que haya frutos, perseverancia, fecundidad en el espíritu; para que haya vida en serio entre los fieles, en la Iglesia, en la comunidad, en la sociedad, en el país y en el mundo, es necesaria una obediencia filial, una filial obediencia al Señor.

Obediencia filial o filial obediencia porque si el Señor lo pide es porque lo da y hay que aceptarlo y obedecerle. En esto hay algo importante: el que no escucha bien, se va a equivocar en la respuesta y va a responder mal; el que escucha bien va a responder bien.

Todos nosotros, sacerdotes, obispo, fieles laicos, religiosos, religiosas, todos los hombres de buena voluntad, si queremos fecundidad en nuestra vida tenemos que tener una obediencia filial o una filial obediencia en la fe: hacer lo que Dios quiere, porque ciertamente es lo mejor; hacer lo que El quiere y es lo mejor para todos nosotros.

Cada uno sabe, que se ponga el sayal; cada uno sabe donde renguea; cada uno sabe donde le aprieta el zapato. Esto quiere decir que cada uno tiene que volver a ser fiel en la obediencia y una obediencia fiel.

Si le obedecemos, nuestra vida será muy pero muy fecunda en el Señor. Si no le obedecemos trabajaremos en vano; y si trabajamos en vano nos vamos a cansar, a gastar y a desanimar. ¡Con el Señor el entusiasmo y la fuerza; sin Él no quedará nada!

Les dejo mi bendición: en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén 

Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús


Publicado por verdenaranja @ 23:27  | Hablan los obispos
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