Mi?rcoles, 19 de mayo de 2010

Lectio divina para la fiesta de la Ascensión del Señor, ofrecida por la Delegación de Liturgia de la diócesis de Tenerife.


ASCENSION DEL SEÑOR

 

LECTURA:           “Lucas 24, 46‑53”

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. 

Vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto.» 

Después los sacó hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo. Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo. 

Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios. 

MEDITACIÓN:           “Hacia el cielo”

            Tu resurrección truncó los deseos de todos los intereses oscuros y volvió a resonar como el gran grito, como el “big bang” de una nueva creación que dejaba en alto y abiertos los mejores anhelos del hombre y del mismo Dios.

            Pero esto lo tenemos que vivir sin ingenuidad. Han pasado dos mil años de historia, y los hombres no alcanzamos nuestra humanidad. Seguimos siendo portadores de muerte, ¡hasta hablamos ya de una cultura de muerte! Muchos no conocen o no les interesa conocer a un Dios de vida. Todavía sentimos la necesidad de dominarnos unos a otros o de eliminarnos en nombre de ideas o de intereses, a veces, como la mayor de las blasfemias, en nombre de lo más sagrado.

            En medio de esta realidad oscura, de esta tierra a la que nos empeñamos en seguir ocultando su maravilloso cielo azul, con nubes de negras tormentas, que siembran muchísimo más dolor que las de la naturaleza desbordada, sigue resonando tu palabra de esperanza, tu anuncio continuo de perdón, que brota de tu amor gratuito de padre bueno, y tu llamada a convertir nuestros corazones, a volver nuestra mirada, a lo más íntimo de nuestra intimidad, donde tú te aposentas con tus entrañas de bondad y misericordia, para ser desde ahí don para nosotros y para los otros. Así, nos llamas a “elevarnos” y ascender en nuestra humanidad, para construir contigo la civilización del amor, la vida que iniciada aquí se prolongue continua hasta la eternidad.         

ORACIÓN:             “Instrumento de tu amor”

            Gracias, Señor. Gracias porque no has truncado el sueño abierto por Jesús. Nosotros sí parecemos seguir queriendo truncarlo. ¡Qué complejo es el corazón humano! ¡De cuántas contradicciones es portador! ¡De cuánta capacidad de generar dolor! Queremos que las cosas vengan solas y, en verdad, sólo se puede apreciar aquello que se consigue con ilusión, con tenacidad, con esfuerzo, con anhelo ardiente, más allá y por encima de las dificultades.

Señor, sé que tu ascensión me llama a la mía desde ahora. Hazme instrumento de tu amor, hazme instrumento de perdón, de acogida, de bien, de bondad.

CONTEMPLACIÓN:           “En  mi intimidad”

Te vas
para quedarte
íntimamente arraigado
en mi intimidad.

Me invades
con tu Espíritu
para inundar mis entrañas
de tu amor.

Tu perdón constante
se derrama
como lluvia que empapa
la tierra reseca
de mi existencia
vacía sin ti.

Y una ola de gozo profundo
arrasa mis miedos

y anega mis vacíos,
hasta colmarlos
de tu cielo,
hecho de ansias
de humanidad.


Publicado por verdenaranja @ 20:46  | Liturgia
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