Jueves, 20 de mayo de 2010

Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia, para el cuarto domingo de Pascua (25 de abril de 2010). (AICA)


Jesús, el Buen Pastor
Jn 10,27-30
 

I. ¿POR QUÉ EL CUARTO DOMINGO SE LLAMA DEL BUEN PASTOR? 

1. En el cuarto domingo de Pascua, la Iglesia nos lee siempre un pasaje del capítulo 10 del Evangelio de Juan, que, con imágenes pastoriles (la puerta del corral, el pastor), nos habla del amor de Cristo por los hombres y de sus desvelos por salvarnos a todos. Sobresale la imagen del pastor. Se subraya su actitud de exponerse a grandes peligros, incluso a la muerte, para salvar a las ovejas: “El buen Pastor da la vida por las ovejas… Yo soy el buen Pastor…, y doy mi vida por las ovejas” (Jn 10,11.14-15).

No se trata de una muerte trágica que dejaría desguarnecidas a las ovejas. La muerte de Jesús es un camino misterioso para vencer la muerte y recobrar la vida: “El Padre me ama porque yo doy mi vida para recobrarla. Nadie me la quita, sino que la doy por mi mismo. Tengo el poder de darla y de recobrarla” (vv. 17-18).

Así, frente al lobo, “que arrebata y dispersa” (v.12), el buen Pastor, muerto y resucitado, es garantía cierta de que las ovejas podrán escapar para siempre de la muerte: “Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre” (vv. 27-29).  

2. En este domingo no se lee ninguna aparición de Jesús resucitado. Pero este capítulo de Juan es una síntesis estupenda del misterio que celebramos en la Pascua: la muerte y la resurrección de Jesús, el buen Pastor, y nuestra participación en ellas. De allí que, no sin razón, se lo denomine popularmente “domingo del buen Pastor”.  

II. LA 47ª JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES 

3. Ustedes conocen muy bien que el Papa Pablo VI instituyó este domingo como Jornada mundial de oración por las vocaciones. Está fundamentada en la exhortación de Jesús: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha” (Mt 9,37-38).

Para apoyar esta Jornada, el Papa dirige cada año un mensaje, que lleva un lema y aborda diversos aspectos de la pastoral vocacional. El lema de este año es “El testimonio suscita vocaciones”. Y señala tres aspectos de la vida del presbítero, que considera esenciales para un testimonio vocacional. A saber: 1º) la oración del sacerdote; 2º) el don total de sí mismo a Dios; 3º) el vivir en comunión. 

4. Alguno de Ustedes podrá decir: “pero eso no nos atañe directamente a nosotros los fieles laicos”. Le respondo: la Iglesia es como una familia. En ella cada uno de sus miembros tiene su propia responsabilidad, pero el bien de cada uno interesa a todos. Por ello, si bien el testimonio de vida santa que hemos de dar los clérigos nos afecta directamente, es un aspecto de la pastoral vocacional y de la vida de la Iglesia que interesa a todos sus miembros. Y a obtener de Dios esta gracia ha de estar dirigida especialmente la oración de Ustedes en esta Jornada.  

III. TRES ASPECTOS DE LA VIDA TESTIMONIAL DEL PRESBÍTERO 

La oración personal

5. La oración del sacerdote, a imagen de la que Jesús hacía al Padre: es un momento insustituible donde se cultiva la amistad con Cristo. Sin la misma el sacerdote o el religioso no puede ser feliz, ni testimoniar a los jóvenes cuán hermosa es la vida consagrada. Hemos de reconocer, sin embargo, que en este renglón existe una crisis de vieja data, de la que no se tiene plena conciencia. 

El don total de sí mismo

6. El Papa nos recuerda lo escrito por el apóstol Juan: “En esto hemos conocido lo que es el amor: en que él ha dado su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos” (1 Jn 3, 16). Y prosigue: “Siguiendo a Jesús, quien ha sido llamado a la vida de especial consagración debe esforzarse en dar testimonio del don total de sí mismo a Dios. De ahí brota la capacidad de darse luego a los que la Providencia le confíe en el ministerio pastoral, con entrega plena, continua y fiel, y con la alegría de hacerse compañero de camino de tantos hermanos, para que se abran al encuentro con Cristo y su Palabra se convierta en luz en su sendero”.  

Tercero: vivir en comunión

7. En cuanto a este punto el Papa escribe: “Por último, un tercer aspecto que no puede dejar de caracterizar al sacerdote y a la persona consagrada es el vivir la comunión. Jesús indicó, como signo distintivo de quien quiere ser su discípulo, la profunda comunión en el amor: “Por el amor que os tengáis los unos a los otros reconocerán todos que sois discípulos míos” (Jn 13, 35). De manera especial, el sacerdote debe ser hombre de comunión, abierto a todos, capaz de caminar unido con toda la grey que la bondad del Señor le ha confiado, ayudando a superar divisiones, a reparar fracturas, a suavizar contrastes e incomprensiones, a perdonar ofensas”.  

8. Les recomiendo, hermanos, que supliquen a Dios por esta triple gracia para nosotros los ministros del Evangelio. 

Mons. Carmelo Juan Giaquinta, obispo emérito de Resistencia 


Publicado por verdenaranja @ 23:24  | Hablan los obispos
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