Jueves, 20 de mayo de 2010

Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (24 de abril de 2010). (AICA)

JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES 

El 4° domingo de Pascua, domingo del Buen Pastor, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Este año el Santo Padre nos ha presentado como lema para reflexionar: El testimonio suscita vocaciones. Si bien la vocación consagrada tiene su origen en Dios que llama gratuitamente, sin embargo nos dice el Santo Padre, Dios actúa a través del testimonio de quienes ya han sido llamados. El testimonio es el mejor signo para despertar en otros el seguimiento del Señor. La imagen de Jesucristo, el Buen Pastor, tiene que percibirse como algo que da sentido de plenitud a la vida de sacerdote. En la vocación consagrada el joven juega su vida y su futuro, por ello tiene derecho y necesita ver que ese camino que va a elegir no sólo es posible, sino que es causa de alegría y realización para quién lo ha elegido.

El primer signo que debe mostrar el consagrado es la amistad con Cristo. Para Jesús la intimidad de vida con su Padre, la oración, era lo fundamental. Es más, cuando se despedía de sus discípulos les dice: “es necesario que el mundo sepa que yo amo al Padre” (Jn. 14, 31). Si el sacerdote está llamado a ser “hombre de Dios” al servicio de sus hermanos, su vida tiene que ser testimonio de que Dios es lo central. Esta amistad con Cristo, que es la fuerza del sacerdote, se convierte en un testimonio decisivo para quienes son llamados. Otro aspecto de ese testimonio que suscita vocaciones, es la entrega total de sí mismo. La lógica del amor, como nos enseña Jesucristo, es la entrega sin reservas. En el Evangelio que se lee este domingo Jesús nos dice: “El Buen Pastor da su vida por las ovejas….. El Padre me ama porque yo doy mi vida…. Nadie me la quita, sino que la doy por mi mismo” (Jn. 1, 11.17). Por ello concluye el Santo Padre: “Siguiendo a Jesús, quien ha sido llamado a la vida de especial consagración, debe esforzarse en dar testimonio del don total de sí mismo a Dios”.

Junto a la amistad con Cristo y a esta entrega total de la vida, el Santo Padre nos habla de un tercer aspecto que debe estar presente en el testimonio del consagrado y el sacerdote, se refiere a una vida de comunión. Para ello recuerda el texto de Jesús cuando nos dice: “En esto reconocerán que ustedes son mis discípulos, en el amor que se tengan los unos a los otros” (Jn. 13, 35). No puede un joven entusiasmarse frente a una vida aislada y triste. La comunión es expresión de paz interior y de alegría, y de quién ha encontrado en el amor el sentido de su vida. Cuando el joven se encuentra con el testimonio de esa amistad con Cristo, de entrega total y de comunión entre hermanos, podrá decir esta vida: “puede ser un futuro también para mí, así se puede vivir”. Como vemos, junto a la oración por las vocaciones consagradas, es decisivo el testimonio para suscitar en el joven el seguimiento a Jesucristo.

Los comprometo en este día a elevar nuestra oración por las vocaciones, pero también por nuestros sacerdotes para que vivan la alegría del don que han recibido para ser pastores del pueblo de Dios. Reciban de su Obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor. 

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


Publicado por verdenaranja @ 23:27  | Hablan los obispos
 | Enviar