Viernes, 21 de mayo de 2010

Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas para el cuarto domingo de Pascua (25 de abril de 2010). (AICA)


“EL TESTIMONIO SUSCITA VOCACIONES” 

En este domingo en nuestra Diócesis se celebran dos acontecimientos importantes. Por un lado en el cuarto domingo de Pascua rezamos especialmente por las vocaciones, porque es el domingo del Buen Pastor y por otro realizamos la catequesis diocesana sobre el sostenimiento de la Iglesia Católica.

El texto de este domingo (Jn. 10, 27-30), nos ayuda a comprender la importancia de orar por las vocaciones sacerdotales y consagradas y ahondar en esta imagen de Jesús, como Buen Pastor: “Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna…”. El mismo Señor eligió a los Apóstoles, entre los discípulos, para que sean sus sacerdotes y apacienten sus ovejas. En este sentido es bueno recordar el diálogo entre Jesús y Pedro: “Simón hijo de Juan ¿me amas? Señor tu lo sabes todo, tu sabes que te quiero. Entonces Jesús le dijo, apacienta mis ovejas” (Jn. 21,17). Hoy también seguimos necesitando que haya jóvenes que quieran donar su vida a Dios y a sus hermanos, respondiendo al llamado que Dios les hace a la vida sacerdotal o consagrada.

Cada año en esta Jornada Mundial de oración por las vocaciones el Papa envía un mensaje que este año tiene como tema: “El testimonio suscita vocaciones”. En dicho mensaje el Papa lo inicia señalando: “La 47 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebra en el IV domingo de Pascua, domingo del “Buen Pastor”, el 25 de abril de 2010, me ofrece la oportunidad de proponer a vuestra reflexión un tema en sintonía con el Año Sacerdotal: El testimonio suscita vocaciones. La fecundidad de la propuesta vocacional, en efecto, depende primariamente de la acción gratuita de Dios, pero, como confirma la experiencia pastoral, está favorecida también por la cualidad y la riqueza del testimonio personal y comunitario de cuantos han respondido ya a la llamada del Señor en el ministerio sacerdotal y en la vida consagrada, puesto que su testimonio puede suscitar en otros el deseo de corresponder con generosidad a la llamada de Cristo. Este tema está, pues, estrechamente unido a la vida y a la misión de los sacerdotes y de los consagrados. Por tanto, quisiera invitar a todos los que el Señor ha llamado a trabajar en su viña a renovar su fiel respuesta, sobre todo en este Año Sacerdotal, que he convocado con ocasión del 150 aniversario de la muerte de San Juan María Vianney, el Cura de Ars, modelo siempre actual de presbítero y de párroco”.

También en este domingo realizamos la catequesis y campaña sobre el sostenimiento de la Iglesia Católica. Muchos desconocen cuales son los ingresos que tiene la Iglesia diocesana para realizar su acción evangelizadora. El comprender esto nos permitirá entender la necesidad de aportar nuestro “tiempo, talento y dinero”, para ayudar a anunciar el Reino de Dios. Gran parte del sostenimiento es con el esfuerzo de las comunidades y la comunión de bienes, colectas y ayudas de las Diócesis y de iglesias hermanas. La multiplicación de la población hace que las comunidades tengan que buscar terrenos, armar nuevos salones, capillas y generar recursos con beneficios, venta de pollos, comidas…, en algunos casos hemos tenido la colaboración del estado provincial y también de donaciones privadas, pero todo es escaso ante el crecimiento de nuevas comunidades y necesidades. El mismo sostenimiento del Seminario Mayor, en gran proporción es con las colectas de Confirmaciones que en su totalidad son destinadas para el seminario, y los bonos de ayuda, así como donaciones particulares.

En este domingo quiero compartir parte de la carta que los Obispos argentinos enviamos con este tema a cada una de nuestras diócesis: “Queridos hermanos, con ocasión de la campaña anual para el sostenimiento de la acción evangelizadora de la Iglesia, los Obispos de Argentina queremos compartir con ustedes una reflexión que consideramos importante. El Papa Juan Pablo II, al comenzar el tercer milenio, precisó que la Iglesia debe ser no solo “casa” sino también “escuela” de comunión. La Iglesia vivió esta comunión desde sus comienzos, movida por el impulso transformador del Espíritu Santo recibido en Pentecostés. Los Hechos de los Apóstoles narran que aquellos primeros cristianos “tenían un solo corazón y una sola alma”. Es decir, vivían conforme a lo que Jesús les había enseñado: “En esto conocerán que son mis discípulos, en el amor que se tengan los unos a los otros” (Jn. 13,35). La comunión de bienes no es solo un aporte económico, también implica los dones y talentos. Pido a Dios que en este domingo del Buen Pastor, todos nos sintamos responsables de la acción evangelizadora de la Iglesia.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo! 

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas 


Publicado por verdenaranja @ 22:42  | Hablan los obispos
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