Domingo, 23 de mayo de 2010

Comentario al evangelio del domingo de Pentecostés, publicado en Diario de Avisos el domingo 23 de Mayo de 2010 bajo el epígrafe DOMINGO CRISTIANO. 

El movimiento se demuestra...

Daniel Padilla 

El movimiento se demuestra andando". Eso parece pregonar las tres lecturas de hoy. Lucas, en los Hechos, comienza retratando la acti­tud de los Apóstoles: "Estaban juntos el día de Pentecostés". Es una imagen dete­nida. Con la irrupción del Espíritu -ruido, viento, fuego-, aquella imagen comienza a moverse: "Empezaron a hablar en len­guas extranjeras; y todos, mesopotamios, judíos, capadocios entendían las maravi­llas de Dios en su propia lengua". Era, pues, una Iglesia en marcha. San Pablo, en su carta a los corintios, viene a decir lo mismo: "Sin la acción del Espíritu, nadie es capaz de decir, ni siquiera, que Jesús es el Señor". Al revés, con la ayuda y bajo la acción de él, "que obra todo en todos", "hay diversidad de dones y de servicios", con los que debemos trabajar "para el bien común". En cuanto al evangelio, ya ven a Jesús. Después de enseñarles las condecoraciones ganadas -las "llagas de las manos y el costado"- "exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: 'Como el Padre me ha enviado así les envío yo". Ese es el tema: mittere. Significa enviar. Lo saben los alumnos de secundaria. Y deben saberlo todos los cristianos. Somos, por el Espíritu, enviados, misio­neros. Este es un día para caer en la cuenta de nuestro compromiso de corres­ponsabilidad y de urgencia evangeliza­dora. Efectivamente. Sobre todos los cris­tianos, ha descendido el Espíritu y es menester que, impulsados por él hable­mos en todas las lenguas. La lengua de la palabra, por supuesto. ¿Nunca te has planteado, amigo, ser catequista, porta­voz de la Palabra a través de tu fe, para caminar y ayudar a caminar a otros en el itinerario cristiano? La lengua del testi­monio. Ese saber entregarnos cada día a nuestras propias obligaciones puede convertirse, no lo duden, en el claro espejo en el que muchos, "al ver vuestras buenas obras, glorifiquen al Padre que está en los cielos". La lengua de nuestro saber sufrir. El domingo pasado recordábamos al enfermo, al que lleva en su cuerpo o en su espíritu los estigmas de alguna Pasión. Los adelantos modernos no nos han librado, no, ni nos librarán, de nuestra condición de siervos dolientes. Pues, bien, aprender a llevar con elegancia nuestra cruz puede ser un modo de hablar en distintas lenguas. La lengua de la comprensión y del acercamiento. Frente a una sociedad que crece cada vez más en actitudes individualistas, una sociedad en la que hemos aprendido a aislarnos, yendo incluso por la calle con nuestros propios auriculares escuchando nuestra personal melodía, el Espíritu nos está impulsando, o tratando de impulsar­nos si le dejamos, a curtirnos en eso de llorar con el que llora y reír con el que ríe. La lengua, finalmente, del respeto.Tam­bién con el respeto podemos llegar a los de Frigia y Parafina. No es menester que todos piensen como yo. En cambio sí es menester que yo piense que, quienes van por otro camino, por alguna razón que yo no entiendo van. Y hay que respetarla. Caminando, pues, que es gerundio.


Publicado por verdenaranja @ 9:43  | Espiritualidad
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