Lunes, 24 de mayo de 2010

Subsidio litúrgico para la jornada de Vida Consagrada, ofrecido por la comisiópn de la CEE, a celebrar el 30 de Mayo

Monición de entrada

Hoy celebramos en toda la Iglesia la fiesta solemne de la Santísima Trinidad, confesión de nuestro Credo en que se fundamenta toda la vida cristiana. Dios se hace cercano al revelársenos en la presencia eucarística, misterio de fe y misterio de luz en la vida de la Iglesia.

En este marco litúrgico, hoy tenemos un recuerdo particular por quienes en la Iglesia han sido llamados a la vida consagrada contemplativa. Los monjes, las monjas y la vida eremítica ofrecen a la comunidad cristiana y al mundo de hoy, necesitado más que nunca de auténticos valores espirituales, un anuncio silencioso y un testimonio humilde del misterio trinitario. Ellos sirven al Reino por medio de la alabanza, la adoración, la súplica, la intercesión, el amor; acogiendo y ofreciendo todo al Padre, unidos a la infinita acción de gracias del Hijo y colaborando en la obra del Espíritu del Señor.

Con su existencia, configurada con Cristo, nos invitan a reconocer el valor de la oración y muy especialmente de la adoración eucarística, y nos invitan a dar gracias por el don inestimable de la Presencia real de Jesucristo en el Sacramento..

Preces

[A las preces completas de la solemnidad se propone añadir estas tres específicas.]

• Pedimos hoy muy especialmente por los hermanos y hermanas llamados por Dios a la vida contemplativa en su Iglesia, para que en su silencio y soledad cada día escuchen su Palabra y adoren su Presencia. Oremos.

• Por todos los jóvenes a quienes Dios llama a vivir en intimidad con Él, para que acojan con gozo el don de la llamada, y la sigan, haciendo de su vida una ofrenda eucarística que glorifique a Dios y bendiga a sus hermanos. Oremos.

• Por todos cuantos participamos en la belleza, verdad y bondad de esta solemnidad dedicada a la Santísima Trinidad, para que seamos fieles adoradores en espíritu y en verdad. Oremos.

Monición de envío

Hemos celebrado los misterios de nuestra fe. Como pueblo de Dios convocado en tantos caminos vocacionales, nos unimos a todos los hermanos que viven en contemplación, desde el silencio y soledad de sus monasterios, damos gracias a Dios por el don de sus vocaciones, y avivamos en nosotros la necesidad de adorar a Dios con nuestras vidas, como ellos nos testimonian.

Que María, mujer eucarística, acompañe nuestro camino hacia la Trinidad.


Publicado por verdenaranja @ 16:46  | Liturgia
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