Domingo, 06 de junio de 2010

Comentario al evangelio del domingo de la solemnidad del Corpus Christi, publicado en Diario de Avisos el domingo 6 de Junio de 2010 bajo el epígrafe DOMINGO CRISTIANO.

El amor de los amores

Daniel Padilla

Cantemos al amor de los amores: Dios está aquí". Este es uno de los cantos más cantados el Día del Corpus Christi. Lo cantan los antiguos y los modernos. Y quienes andan metidos en el mundo de la música, reconocenen él unos valores, que quisiéramos ver refle­jados en toda canción religioso-popular. Pero no nos distraigamos, vayamos al grano. Este himno eucarístico expresa, sin duda, una de las ideas clave del Cor­pus Christi: la presencia de Dios en el pan: "Dios está aquí". Lo proclamamos hoy en la iglesia y en la calle. Porque un hecho tan grande no podemos silenciarlo: "No podemos menos que contar lo que hemos visto y oído". Pero, ¡cuidado! Que la fiesta del Cuerpo y de la Sangre de Cristo no debe ser solamente proclamación y ado­ración de Cristo-Eucaristía. Sería achicar el horizonte. Cristo es, sí, pan vivo que da vida. Pero, también, pan que se reparte a todos los grupos que están sentados sobre la hierba del mundo y que han caminado como ovejas sin pastor. No olvidemos que la multiplicación de los panes y los peces ocurrió en el contexto del anuncio del Reino. La comida que Jesús repartió significaba la vida. Pero la vida que traía para todos. Por eso su euca­ristía lo abarca todo: es palabra orienta­dora en nuestro caminar, es alimento nutritivo para nuestro diario desgaste, es clave liberadora de todas nuestras escla­vitudes y es, claro que sí, derecho inalie­nable de todos los pobres del mundo para reclamar: "El pan nuestro de cada día dánosle hoy". Por eso Cáritas hace coinci­dir su día en el día del Corpus Christi. Dándonos a entender que no podemos amar a Cristo, si no lo amamos al com­pleto: a él y a los hermanos. Caritas viene a hacer con nosotros lo que ya hizo San Pablo con los de Corinto. Les advirtió seriamente que no podían recibir el Cuerpo del Señor como lo venían haciendo. Parece ser que, cuando se reunían para celebrar la eucaristía, cayeron en lamentables indignidades. Y en el ágape que solía preceder a la fracción del pan, mientras unos banqueteaban comiendo con sibaritismo y abundancia, otros pasaban hambre, y a otros ni se les esperaba siquiera. No se andaba Pablo con chiquitas: "El que come y bebe sin apreciar el Cuerpo del Señor, se come y bebe su propia condenación". Eso viene a decirnos Cáritas hoy. El pan y el vino que adoramos -"Dios está aquí"-, son el "cuerpo y la sangre" de Jesús, sí. Pero de un Jesús que se entrega por todos. Desco­nocerlo es adorar a un Cristo incompleto. Sería no darnos cuenta de que todo los que hizo Cristo, todo, lo hizo por todos: la Encarnación, la proclamación de su men­saje, la transustanciación, la muerte y la Resurrección. Por eso Caritas, en su cons­tante comunicación al Pueblo de Dios, declara constantemente: nuestro obje­tivo son los pobres. Y por si aún no acaba­mos de saber dónde están, nos especifica: "Son las personas sin esperanza ni futuro. Familias sin casa. Padres y madres sin tra­bajo. Niños y jóvenes sin oportunidades. Marginados, ancianos y enfermos termi­nales, etcétera".


Publicado por verdenaranja @ 9:27  | Espiritualidad
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