Martes, 15 de junio de 2010

ZENIT nos ofrece la transcripci?n del coloquio que el Papa Benedicto XVI mantuvo con cinco sacerdotes de los cinco continentes, en representaci?n de los miles de presb?teros presentes el? jueves 10 de junio de 2010 en la Vigilia de Clausura del A?o Sacerdotal, en la Plaza de San Pedro.

Am?rica:

P. ? Beat?simo Padre, soy don Jos? Eduardo Oliveira y Silva y vengo desde Am?rica, precisamente desde Brasil. La mayor parte de nosotros aqu? presentes estamos comprometidos en la pastoral directa, en la parroquia, y no solo con una comunidad, sino que a veces somos p?rrocos de muchas parroquias, o de comunidades particularmente extensas. Con toda la buena voluntad intentamos hacer frente a las necesidades de una sociedad muy cambiada, ya no m?s enteramente cristiana, pero nos damos cuenta de que nuestro ?hacer? no basta. ?A d?nde ir, Santidad? ?En qu? direcci?n?

R. ? Queridos amigos, ante todo quisiera expresar mi gran alegr?a porque aqu? est?n reunidos sacerdotes de todas partes del mundo, en la alegr?a de nuestra vocaci?n y en la disponibilidad de servir con todas nuestras fuerzas al Se?or, en este nuestro tiempo. Respecto a la pregunta: soy bien consciente de que hoy es muy dif?cil ser p?rroco, tambi?n y sobre todo en los pa?ses de antigua cristiandad; las parroquias son cada vez m?s extensas, unidades pastorales... es imposible conocer a todos, es imposible hacer todos los trabajos que se esperan de un p?rroco. Y as?, realmente, nos preguntamos a d?nde ir, como usted ha dicho. Pero quisiera decir, ante todo: s? que hay muchos p?rrocos en el mundo que dan realmente todas sus fuerzas por la evangelizaci?n, por la presencia del Se?or y de sus Sacramentos, y a estos p?rrocos fieles, que trabajan con todas las fuerzas de su vida, de nuestro ser apasionados por Cristo, quisiera decir un gran ?gracias?, en este momento.

Dije que no es posible hacer todo lo que se desea, que se deber?a hacer, porque nuestras fuerzas son limitadas y las situaciones son dif?ciles en una sociedad cada vez m?s diversificada, m?s complicada. Yo creo que, sobre todo, es importante que los fieles puedan ver que este sacerdote no hace solo un ?oficio?, horas de trabajo, y que despu?s est? libre y vive s?lo para s? mismo, sino que es un hombre apasionado por Cristo. Si los fieles ven que est? lleno de la alegr?a del Se?or, comprenden tambi?n que no lo puede hacer todo, aceptan sus l?mites, y ayudan al p?rroco. Este me parece el punto m?s importante: que se pueda ver y sentir que el p?rroco realmente se siente un llamado por el Se?or; que est? lleno de amor por el Se?or y por los suyos. Si esto existe, se entiende y se puede tambi?n ver la imposibilidad de hacer todo.

Por tanto, estar llenos de la alegr?a del Evangelio con todo nuestro ser es la primera condici?n. Despu?s se deben tomar decisiones, tener prioridades, ver lo que es posible y lo que es imposible. Dir?a que las tres prioridades fundamentales las conocemos: son las tres columnas de nuestro ser sacerdotes. Primero, la Eucarist?a, los Sacramentos: hacer posible y presente la Eucarist?a, sobre todo dominical, en cuanto sea posible, para todos, y celebrarla de forma que se convierta en realmente en visible el acto de amor del Se?or por nosotros. Despu?s, el anuncio de la Palabra en todas las dimensiones: desde el di?logo personal hasta la homil?a. El tercer punto es la "caritas", el amor de Cristo: estar presentes para los que sufren, para los peque?os, para los ni?os, para las personas con dificultad, para los marginados; hacer realmente presente el amor del Buen Pastor. Y despu?s, una prioridad muy importante es tambi?n la relaci?n personal con Cristo. En el Breviario, el 4 de noviembre, leemos un hermoso texto de san Carlos Borromeo, gran pastor, que se dio verdaderamente a s? mismo, y que nos dice, a todos los sacerdotes: ?No descuides tu propia alma: si la propia alma est? descuidada, tampoco puedes dar a los dem?s lo que deber?as dar. Por tanto, tambi?n debes tener tiempo para ti mismo, ara tu alma", o, en otras palabras, la relaci?n con Cristo, el coloquio personal con Cristo es una prioridad pastoral fundamental, ?es condici?n para nuestro trabajo por los dem?s! Y la oraci?n no es algo marginal: es precisamente rezar la ?profesi?n? del p?rroco, tambi?n en representaci?n d ella gente que no sabe rezar o no encuentra el tiempo de rezar. La oraci?n personal, sobre todo la liturgia de las Horas, es el alimento fundamental para nuestra alma, para todas nuestras acciones. Y, finalmente, reconocer nuestros l?mites, abrirnos tambi?n a esta humildad. Recordemos una escena de Marcos, cap?tulo 6, donde los disc?pulos estaban ?estresados?, quer?an hacer todo, y el Se?or dice: ?Venid tambi?n vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco" (cfr Mc 6,31). Tambi?n ?ste es trabajo ? dir?a ? pastoral: encontrar y tener la humildad, el valor de descansar. Por tanto, pienso que la pasi?n por el Se?or, el amor por el Se?or, nos muestra las prioridades, las decisiones, nos ayuda a encontrar el amino. El Se?or nos ayudar?. ?Gracias a todos vosotros!

?frica:

P. ? Santidad, soy Mathias Agnero y vengo desde ?frica, precisamente desde Costa de Marfil. Usted es un Papa-te?logo, mientras que nosotros, cuando podemos, leemos apenas alg?n libro de teolog?a para la formaci?n. Nos parece, con todo, que se ha creado una fractura entre teolog?a y doctrina y, a?n m?s, entre teolog?a y espiritualidad. Se siente la necesidad de que el estudio no sea tan acad?mico sino que alimente nuestra espiritualidad. Sentimos necesidad de esto en nuestro propio ministerio pastoral. Quiz?s la teo-log?a no parezca tener a Dios en el centro y a Jesucristo como primer ?lugar teol?gico?, sino que tenga en cambio los gustos y las tendencias difuminadas; y la consecuencia es la proliferaci?n de opiniones subjetivas que permiten la introducci?n, tambi?n en la Iglesia, de un pensamiento no cat?lico. ?C?mo no desorientarnos en nuestra vida y en nuestro ministerio, cuando es el mundo el que juzga a la fe y no al rev?s? ?Nos sentimos ?descentrados?!

R. ? Gracias. Usted toca un problema muy dif?cil y doloroso. Existe realmente una teolog?a que quiere sobre todo ser acad?mica, parecer cient?fica, y olvida la realidad vital, la presencia de Dios, su presencia entre nosotros, su hablar hoy, no s?lo en el pasado. Ya san Buenaventura distingui? dos formas de teolog?a, en su tiempo; dijo: ?hay una teolog?a que viene de la arrogancia de la raz?n, que quiere dominar todo, hace pasar a Dios de sujeto a objeto que estudiamos, mientras deber?a ser sujeto que nos habla y nos gu?a?. Existe realmente este abuso de la teolog?a, que es arrogancia de la raz?n y no nutre la fe, sino que oscurece la presencia de Dios en el mundo. Despu?s hay una teolog?a que quiere conocer m?s por amor al amado, est? estimulada por el amor y guiada por el amor, quiere conocer m?s al amado. Y esta es la verdadera teolog?a, que viene del amor de Dios, de Cristo, y quiere entrar m?s profundamente en comuni?n con Cristo.

En realidad, las tentaciones hoy son grandes; sobre todo se impone la llamada ?visi?n moderna del mundo? (Bultmann, modernes Weltbild), que se convierte en el criterio de cuanto ser?a posible o imposible. Y as?, precisamente con este criterio de que todo es como siempre, que todos los acontecimientos hist?ricos son del mismo tipo, se excluye precisamente la novedad del Evangelio, se excluye la irrupci?n de Dios, la verdadera novedad que es la alegr?a de nuestra fe. ?Qu? hacer? Yo dir?a ante todo a los te?logos: tened valor. Y quisiera decir un gran ?gracias? tambi?n a muchos te?logos que hacen un buen trabajo. Hay abusos, lo sabemos, pero en todas partes del mundo hay muchos te?logos que viven verdaderamente de la Palabra de Dios, se nutren de la meditaci?n, viven la fe de la Iglesia y quieren ayudar para que la fe est? presente hoy d?a. A estos te?logos quisiera decir un gran ?gracias?. Y dir?a a los te?logos en general: "?no teng?is miedo de este fantasma de la cientificidad!". Yo sigo la teolog?a desde 46; comenc? a estudiar teolog?a en enero de 1946, y he visto por tanto a tres generaciones de te?logos, y puedo decir: las hip?tesis que en aquel tiempo, y despu?s en los a?os 60 y 80 eran las m?s nuevas, absolutamente cient?ficas, absolutamente casi dogm?ticas, ?con el tiempo han envejecido y ya no valen! Muchas de ellas parecen casi rid?culas. Por tanto, tener el valor de resistir a la aparente cientificidad, de no someterse a todas las hip?tesis del momento, sino de pensar realmente a partir de la gran fe de la Iglesia, que est? presente en todos los tiempos y que nos abre el acceso a la verdad. Sobre todo, tambi?n, ?no pensar que la raz?n positivista, que excluye lo trascendente ? que no puede ser accesible ? sea la raz?n verdadera! Esta raz?n d?bil, que presenta s?lo las cosas experimentables, es realmente una raz?n insuficiente. Nosotros te?logos debemos usar la raz?n grande, que est? abierta a la grandeza de Dios. Debemos tener el valor de ir m?s all? del positivismo a la cuesti?n de las ra?ces del ser. Esto me parece de gran importancia.

Por tanto, es necesario tener el valor de la raz?n amplia, grande, tener la humildad de no someterse a todas las hip?tesis del momento, vivir de la gran fe de la Iglesia de todos los tiempos. No existe una mayor?a contra la mayor?a de los Santos: ?la verdadera mayor?a con los Santos de la Iglesia, y a los Santos debemos orientarnos! Despu?s, a los seminaristas y sacerdotes digo lo mismo: pensad que la Sagrada Escritura no es un libro aislado: est? vivo en la comunidad viva de la Iglesia, que es el mismo sujeto en todos los siglos y que garantiza la presencia de la Palabra de Dios. El Se?or nos ha dado a la Iglesia como sujeto vivo, con la estructura de los obispos en comuni?n con el Papa, y esta gran realidad de los obispos del mundo en comuni?n con el Papa nos garantiza el testimonio de la verdad permanente. Tengamos confianza en este Magisterio permanente de la comuni?n de los obispos con el Papa, que nos representa la presencia de la Palabra. Y tengamos tambi?n confianza en la vida de la Iglesia y, sobre todo, debemos ser cr?ticos.

Ciertamente la formaci?n teol?gica ? esto quisiera decir a los seminaristas ? es muy importante. En nuestro tiempo debemos conocer bien la Sagrada Escritura, tambi?n precisamente contra los ataques de las sectas; debemos ser realmente amigos de la Palabra. Debemos conocer tambi?n las corrientes de nuestro tiempo para poder responder razonablemente, para poder dar ? como dice san Pedro - ?raz?n de nuestra fe?. La formaci?n es muy importante. Pero debemos ser tambi?n cr?ticos: el criterio de la fe es el criterio con el que ver tambi?n a los te?logos y las teolog?as. El Papa Juan Pablo II nos dio un criterio absolutamente seguro en el Catecismo de la Iglesia Cat?lica: aqu? vemos la s?ntesis de nuestra fe, y este Catecismo es verdaderamente el criterio para ver donde va una teolog?a aceptable o no aceptable. Por tanto, recomendamos la lectura, el estudio de este texto, y as? podremos seguir adelante con una teolog?a cr?tica en el sentido positivo, es decir, cr?tica contra las tendencias de la moda y abiertas a las verdaderas novedades, a la profundidad inagotable de la Palabra de Dios, que se revela nueva en todos los tiempos, tambi?n en nuestro tiempo.?

Europa:

P. ? Padre Santo, soy don Karol Miklosko y vengo desde Europa, precisamente desde Eslovaquia, y soy misionero en Rusia. Cuando celebro la Santa Misa me encuentro a mi mismo y comprendo que all? encuentro mi identidad y la ra?z y energ?a de mi ministerio. El sacrificio de la Cruz me revela al Buen Pastor, que lo da todo por el reba?o, por cada oveja, y cuando digo: ??ste es mi cuerpo ? esta es mi sangre" dada y derramada en sacrificio por vosotros, entonces comprendo la belleza del celibato y de la obediencia, que promet? libremente en el momento de la ordenaci?n. A?n con las naturales dificultades, el celibato me parece obvio, mirando a Cristo, pero me siento trastornado al leer tantas cr?ticas mundanas a este don. Le pido humildemente, Padre Santo, que nos ilumine sobre la profundidad y sobre el sentido aut?ntico del celibato eclesi?stico.

R. ? Gracias por las dos partes de su pregunta. La primera, en la que muestra el fundamento permanente y vital de nuestro celibato; la segunda que muestra todas las dificultades en las que nos encontramos en nuestro tiempo. Es importante la primera parte, es decir: el centro de nuestra vida debe ser realmente la celebraci?n cotidiana de la Santa Eucarist?a; y aqu? son centrales las palabras de la consagraci?n: ?Esto es mi cuerpo, esta es mi Sangre?; es decir, hablamos in persona Christi. Cristo nos permite usar su ?yo?, hablamos en el ?yo? de Cristo, Cristo nos ?atrae hacia s? y nos permite unirnos, nos une con su ?yo?. Y as?, a trav?s de esta acci?n, este hecho de que ?l nos ?atrae? a s? mismo, de forma que nuestro ?yo? queda unido al suyo, realiza la permanencia, la unicidad de su Sacerdocio; as? ?l es realmente siempre el ?nico Sacerdote, y a?n muy presente en el mundo, porque nos ?atrae? en s? mismo y as? hace presente su misi?n sacerdotal. Esto quiere decir que somos atra?dos al Dios de Cristo: es esta uni?n con su ?yo? que se realiza en las palabras de la consagraci?n. Tambi?n en el ?yo te absuelvo? ? porque ninguno de nosotros podr?a absolver de los pecados ? es el ?yo? de Cristo, de Dio, el ?nico que puede absolver.

Esta unificaci?n de su ?yo? con el nuestro implica que somos ?atra?dos? tambi?n a su realidad de Resucitado, que seguimos adelante hacia la vida plena de la resurrecci?n, de la que Je?sus habla a los saduceos en Mateo, cap?tulo 22: es una vida ?nueva?, en la que ya estamos m?s all? del matrimonio (cfr Mt 22,23-32). Es importante que nos dejemos penetrar siempre de nuevo por esta identificaci?n del ?yo? de Cristo con nosotros, de este ser ?sacados? hacia el mundo de la resurrecci?n. En este sentido, el celibato es una anticipaci?n. Trascendamos este tiempo y sigamos adelante, y as? nos ?atraemos? a nosotros mismos y a nuestro tiempo hacia el mundo de la resurrecci?n, hacia la novedad de Cristo, hacia la vida buena y verdadera.

Por tanto, el celibato es una anticipaci?n hecha posible por la gracia del Se?or, que nos ?atrae? a si hacia el mundo de la resurrecci?n; nos invita siempre de nuevo a trascendernos a nosotros mismos, este presente, hacia el verdadero presente del futuro, que se convierte en presente hoy. Y aqu? estaos en un punto muy importante. Un gran problema de la cristiandad en el mundo de hoy es que no se piensa ya en el futuro de Dios: parece suficiente solo el presente de este mundo. Queremos tener solo este mundo, vivir solo en este mundo. As? cerramos las puertas a la verdadera grandeza de nuestra existencia. El sentido del celibato como anticipaci?n del futuro es precisamente abrir estas puertas, hacer m?s grande el mundo, mostrar la realidad del futuro que es vivido por nosotros ya como presente. Vivir, por tanto, as? como en un testimonio de la fe: creemos realmente que Dios existe, que Dios tiene que ver con mi vida, que puedo fundar mi vida sobre Cristo, sobre la vida futura.

Y conozcamos ahora las cr?ticas mundanas de las que usted ha hablado. Es verdad que para el mundo agn?stico, el mundo en el que Dios no tiene nada que ver, el celibato es un gran esc?ndalo, porque muestra precisamente que Dios es considerado y vivido como realidad. Con la vida escatol?gica del celibato, el mundo futuro de Dios entra en las realidades de nuestro tiempo. ?Y esto deber?a desaparecer! En un cierto sentido, puede sorprender esta cr?tica permanente contra el celibato, en un tiempo en el que est? cada vez m?s de moda no casarse. Pero este no casarse es algo totalmente, fundamentalmente distinto del celibato, porque el no casarse se basa en la voluntad de vivir solo para s? mismos, de no aceptar ning?n v?nculo definitivo, de tener la vida en todo momento en una autonom?a plena, decidir en cada momento qu? hacer, qu? tomar de la vida; es por tanto un "no" al v?nculo, un "no" a la definitividad, un tener la vida solo para s? mismo. Mientras que el celibato es precisamente lo contrario: es un "s?" definitivo, es un dejarse tomar de la mano por Dios, entregarse en las manos del Se?or, en su ?yo?, y es por tanto un acto de fidelidad y de confianza, un acto que supone tambi?n la fidelidad del matrimonio; es precisamente lo contrario de este "no", de esta autonom?a que no quiere obligarse, que no quiere entrar en un v?nculo; es precisamente el "s?" definitivo que supone, confirma el "s?" definitivo del matrimonio. Y este matrimonio es la forma b?blica, la forma natural del ser hombre y mujer, fundamento de la gran cultura cristiana, de las grandes culturas del mundo. Y si desaparece esto, se destruir? tambi?n la ra?z de nuestra cultura. Por ello el celibato confirma el "s?" del matrimonio con su "s?" al mundo futuro, y as? queremos seguir y hacer presente este esc?ndalo de una fe que pone toda su existencia en Dios. Sabemos que junto a este gran esc?ndalo, que el mundo no quiere ver, est?n tambi?n los esc?ndalos secundarios de nuestras insuficiencias, de nuestros pecados, que oscurecen el verdadero y gran esc?ndalo, y hacen pensar: ??Pero no viven realmente fundados en Dios!?. ?Pero hay mucha fidelidad! El celibato, precisamente las cr?ticas lo muestran, es un gran signo de la fe, de la presencia de Dios en el mundo. Oremos al Se?or para que nos ayude a hacernos libres de los esc?ndalos secundarios, para que se haga presente el gran esc?ndalo de nuestra fe: ?la confianza, la fuerza de nuestra vida, que se funda en Dios y en Jesucristo!?

Asia

P. ? Santo Padre, soy don Atsushi Yamashita y vengo desde Asia, precisamente desde Jap?n. El modelo de sacerdote que Su Santidad nos ha propuesto este A?o, el Cura de Ars, ve en el centro de la existencia y del ministerio la Eucarist?a, la Penitencia sacramental y personal y el amor al culto, dignamente celebrado. He visto los signos de la austera pobreza de san Juan Mar?a Vianney y tambi?n de su pasi?n por las cosas preciosas para el culto. ?C?mo vivir estas dimensiones fundamentales de nuestra existencia sacerdotal, sin caer en el clericalismo o en una alienaci?n de la realidad, que el mundo de hoy no permite?

R. ? Gracias. Por tanto, la pregunta es c?mo vivir la centralidad de la Eucarist?a sin perderse en una vida puramente cultual, ajenos a la vida de cada d?a de las dem?s personas. Sabemos que el clericalismo es una tentaci?n de los sacerdotes en todos los siglos, tambi?n hoy; tanto m?s importante es encontrar la forma verdadera de vivir la Eucarist?a, que no es cerrarse al mundo, sino precisamente la apertura a las necesidades del mundo. Debemos tener presente que en la Eucarist?a se realiza este gran drama de Dios que sale de s? mismo, deja ? como dice la Carta a los Filipenses ? su propia gloria, sale y desciende hasta ser uno de nosotros, y desciende hasta la muerte en la Cruz (cfr Fil 2). La aventura del amor de Dios, que deja, se abandona a s? mismo para estar con nosotros ? esto se hace presente en la Eucarist?a; el gran acto, la gran aventura del amor de Dios y la humildad de Dios que se dona a nosotros. En este sentido la Eucarist?a debe considerarse como el entrar en este camino de Dios. San Agust?n dice, en el De Civitate Dei, libro X: "Hoc est sacrificium Christianorum: multi unum corpus in Christo", es decir: el sacrificio de los cristianos es el estar unidos por el amor de Cristo en la unidad del ?nico cuerpo de Cristo.

El sacrificio consiste precisamente en salir de nosotros, en dejarnos atraer a la comuni?n del ?nico pan, del ?nico Cuerpo, y as? entrar en la gran aventura del amor de Dios. As? debemos intentar celebrar, vivir, meditar siempre la Eucarist?a, como esta escuela de liberaci?n de mi ?yo?: entrar en el ?nico pan, que es pan de todos, que nos une en el ?nico Cuerpo de Cristo. Y por tanto, la Eucarist?a es, de por s?, un acto de amor, nos obliga a esta realidad del amor por los dem?s: que el sacrificio de Cristo es la comuni?n de todos en su Cuerpo. Y por tanto, de esta forma, debemos aprender la Eucarist?a, que es adem?s lo contrario del clericalismo, de cerrarse en s? mismos. Pensemos tambi?n en la Madre Teresa, verdaderamente el ejemplo m?s grande de este siglo, en este tiempo, de un amor que se deja a s? mismo, que deja todo tipo de clericalismo, de alejamiento del mundo, que va a los m?s marginados, a los m?s pobres, a las personas a punto de morir, y que se da totalmente al amor por los pobres, por los marginados. Pero Madre Teresa que nos dio este ejemplo, la comunidad que sigue sus huellas supon?a siempre como primera condici?n de una fundaci?n suya la presencia de un tabern?culo. Sin la presencia del amor de Dios que se da no ser?a posible realizar ese apostolado, no habr?a sido posible vivir en ese abandono de s? mismos; s?lo insert?ndose en este abandono de s? en Dios, en esta aventura de Dios, en esta humildad de Dios, pod?an y pueden llevar a cabo este gran acto de amor, esta apertura a todos. En este sentido, dir?a: vivir la Eucarist?a en su sentido original, en su verdadera profundidad, es una escuela de vida, es la protecci?n m?s segura contra toda forma de clericalismo.

Ocean?a

P. ? Beat?simo Padre, soy don Anthony Denton y vengo desde Ocean?a, desde Australia. Esta noche aqu? estamos much?simos sacerdotes. Sin embargo, sabemos que nuestros seminarios no est?n llenos y que, en el futuro, en varios lugares del mundo nos espera una bajada, incluso brusca. ?Qu? hacer de verdaderamente eficaz por las vocaciones? ?C?mo proponer nuestra vida, en lo que hay en ella de grande y de bello, a un joven de nuestro tiempo?

R. ? Gracias. Realmente usted toca de nuevo un problema grande y doloroso de nuestro tiempo: la falta de vocaciones, a causa de la cual Iglesias locales est?n en peligro de volverse ?ridas, porque falta la Palabra de vida, falta la presencia del sacramento de la Eucarist?a y de los dem?s Sacramentos. ?Qu? hacer? La tentaci?n es grande: de tomar nosotros mismos en mano la cuesti?n, de transformar el sacerdocio ? el sacramento de Cristo, el ser elegidos por ?l ? en una profesi?n normal, en un empleo que tiene sus horas, y que por lo dem?s uno se pertenece solo a s? mismo; y hacerlo as? como cualquier otra vocaci?n: hacerlo accesible y f?cil. Pero es una tentaci?n, esta, que no resuelve el problema. Me hace pensar en la historia de Sa?l, el rey de Israel, que antes de la batalla contra los filisteos espera a Samuel para el necesario sacrificio a Dios. Y cuando Samuel, en el momento esperado, no viene, ?l mismo realiza el sacrificio, aun no siendo sacerdote (cfr 1Sam 13); piensa resolver as? el problema, que naturalmente no se resuelve, porque toma en mano por s? mismo lo que no puede hacer, se hace ?l mismo Dios, o casi, y no puede esperarse que las cosas vayan realmente a la manera de Dios. As?, tambi?n nosotros, si ejerci?semos solo una profesi?n como las dem?s, renunciando a la sacralidad, a la novedad, a la diversidad del sacramento que solo Dios da, que puede venir solo de su vocaci?n y no de nuestro ?hacer? no resolveremos nada. Tanto m?s debemos ? como nos invita el Se?or ? rezar a Dios, llamar a la puerta, al coraz?n de Dios, para que nos de vocaciones; rezar con gran insistencia, con gran determinaci?n, con gran convicci?n tambi?n, para que Dios no se cierre ante una oraci?n insistente, permanente, confiada, aunque deje hacer, esperar, como a Sa?l, m?s all? de los tiempos que nosotros hemos previsto. Este me parece el primer punto: animar a los fieles a tener esta humildad, esta confianza, este valor de rezar con insistencia por las vocaciones, de llamar al coraz?n de Dios para que nos de sacerdotes.

Adem?s de esto dir?a quiz?s tres puntos. El primero: cada uno de nosotros deber?a hacer lo posible para vivir su propio sacerdocio de tal manera que resultase convincente, de tal manera que los j?venes puedan decir: esta es una verdadera vocaci?n, as? se puede vivir, as? se hace algo esencial para el mundo. Creo que ninguno de nosotros habr?a llegado a ser sacerdote si no hubiese conocido sacerdotes convincentes en los que ard?a el fuego del amor de Cristo. Por tanto, este es el primer punto: intentemos ser nosotros mismos sacerdotes convincentes. El segundo punto es que debemos invitar, como ya he dicho, a la iniciativa de la oraci?n, a tener esta humildad, esta confianza de hablar con Dios con fuerza, con decisi?n. El tercer punto: tener el valor de hablar con los j?venes si pueden pensar que Dios les llama, porque a menudo una palabra humana es necesaria para abrir la escucha de la vocaci?n divina; hablar con los j?venes y sobre todo ayudarles a encontrar un contexto vital en el que puedan vivir. El mundo de hoy es tal que casi parece excluida la maduraci?n d una vocaci?n sacerdotal; los j?venes necesitan ambientes en los que se viva la fe, en los que aparezca la belleza de la fe, en los que aparezca que ?ste es un modelo de vida, ?el? modelo de vida, y por tanto ayudarles a encontrar movimientos, o la parroquia ? la comunidad en parroquia ? u otros contextos en los que realmente est?n rodeados por la fe, por el amor de Dios, y puedan estar abiertos para que la vocaci?n de Dios llegue y les ayude. Por lo dem?s, damos gracias a Dios por todos los seminaristas de nuestro tiempo, por los j?venes sacerdotes, y oramos. ?El Se?or nos ayudar?! ?Gracias a todos vosotros!

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:16  | Habla el Papa
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