Mi?rcoles, 16 de junio de 2010

ZENIT ? nos ofrece el contenido de la intervenci?n del Papa Benedicto XVI el mi?rcoles 26 de Mayo de 2020, durante la Audiencia General concedida en la Plaza de San Pedro, a miles peregrinos de varios pa?ses.??

Queridos hermanos y hermanas,

El A?o Sacerdotal llega a su fin; por eso he empezado en la ?ltimas catequesis a hablar sobre tareas esenciales del sacerdote, es decir: ense?ar, santificar y gobernar. Ya he dado dos catequesis: una sobre el ministerio de la santificaci?n, sobre todo los Sacramentos, y otra sobre la ense?anza. Por tanto, me queda hoy hablar sobre la misi?n del sacerdote de gobernar, de guiar, con la autoridad de Cristo, no con la propia, la porci?n del Pueblo que Dios le ha confiado.

?C?mo comprender en la cultura contempor?nea una dimensi?n as?, que implica el concepto de autoridad y tiene su origen en el mismo mandato del Se?or de apacentar su grey? ?Qu? es realmente, para nosotros los cristianos, la autoridad? Las experiencias culturales, pol?ticas e hist?ricas del pasado reciente, sobre todo las dictaduras en la Europa del Este y del Oeste en el siglo XX, han hecho al hombre contempor?neo sospechar de este concepto. Una sospecha que, a menudo, se traduce en considerar necesario el abandono de toda autoridad, que no venga exclusivamente de los hombres y est? ante ellos, controlada por ellos. Pero precisamente la mirada a los reg?menes que, en el siglo pasado, sembraron terror y muerte, recuerda con fuerza que la autoridad, en todo ?mbito, cuando se ejercita sin una referencia a lo Trascendente, si prescinde de la Autoridad suprema, que es Dios, acaba inevitablemente volvi?ndose contra el hombre. Es importante entonces reconocer que la autoridad humana nunca es un fin, sino siempre y s?lo un medio y que, necesariamente y en toda ?poca, el fin es siempre la persona, creada por Dios con su propia dignidad intangible y llamada a relacionarse con su propio Creador, en el camino terreno de la existencia y en la vida eterna; es una autoridad ejercitada en la responsabilidad ante Dios, el Creador. Una autoridad entendida as?, que tiene como ?nico objetivo servir al verdadero bien de la persona y ser transparencia del ?nico Sumo Bien que es Dios, no s?lo no es extra?a a los hombres, sino, al contrario, es una preciosa ayuda en el camino hacia la plena realizaci?n en Cristo, hacia la salvaci?n.

La Iglesia est? llamada y se compromete a ejercitar este tipo de autoridad que es servicio, y la ejercita no a t?tulo propio, sino en el nombre de Jesucristo, que ha recibido del Padre todo poder en el Cielo y en la tierra (cf Mt 28,18). A trav?s de los Pastores de la Iglesia, de hecho, Cristo apacienta a su grey: es ?l quien la gu?a, la protege, la corrige, porque la ama profundamente. Pero el Se?or Jes?s, Pastor supremo de nuestras almas, ha querido que el Colegio Apost?lico, hoy los Obispos, en comuni?n con el Sucesor de Pedro, y los sacerdotes, sus m?s preciosos colaboradores, participaran en esta misi?n suya de cuidar del Pueblo de Dios, de ser educadores en la fe, orientando, animando y sosteniendo a la comunidad cristiana, o, como dice el Concilio, ?cuidando, sobre todo, de que cada uno de los fieles sea guiado en el Esp?ritu Santo a vivir seg?n el Evangelio su propia vocaci?n, a practicar una caridad sincera y de obras y a ejercitar esa libertad con la que Cristo nos ha liberado (Presbyterorum Ordinis, 6). Todo Pastor, por tanto, es el medio a trav?s del cual Cristo mismo ama a los hombres: mediante su ministerio -queridos sacerdotes- a trav?s de nosotros el Se?or re?ne las almas, las instruye, las custodia, las gu?a. San Agust?n, en su Comentario al Evangelio de san Juan, dice: ?Sea por tanto compromiso de amor apacentar la grey del Se?or? (123,5); ?sta es la norma suprema de conducta de los ministros de Dios, un amor incondicional, como el del Buen Pastor, lleno de alegr?a, abierto a todos, atento a los cercanos y a los alejados (cf S. Agust?n, Discurso 340, 1; Discurso 46, 15), delicado con los m?s d?biles, los peque?os, los sencillos, los pecadores, para manifestar la infinita misericordia de Dios con las palabras tranquilizadoras de la esperanza (cf Id., Carta 95,1).

Aunque esa tarea pastoral est? basada en el Sacramento, su eficacia no es independiente de la existencia personal del presb?tero. Para ser Pastor seg?n el coraz?n de Dios (cf Jr 3,15) es necesario un profundo arraigo en la viva amistad con Cristo, no s?lo de la inteligencia, sino tambi?n de la libertad y de la voluntad, una clara conciencia de la identidad recibida en la Ordenaci?n Sacerdotal, una disponibilidad incondicional a conducir a la grey confiada all? donde el Se?or quiere y no en la direcci?n que, aparentemente, para m?s conveniente o m?s f?cil. Esto requiere, en primer lugar, la continua y progresiva disponibilidad para dejar que Cristo mismo gobierne la existencia sacerdotal de los presb?teros. De hecho, nadie es capaz de apacentar la grey de Cristo, si no vive una profunda y real obediencia a Cristo y a la Iglesia, y la misma docilidad del Pueblo a sus sacerdotes depende de la docilidad de los sacerdotes a Cristo; por eso, en la base del ministerio pastoral est? siempre el encuentro personal y constante con el Se?or, el conocimiento profundo de ?l, el conformar la propia voluntad a la voluntad de Cristo.

En las ?ltimas d?cadas, se ha utilizado a menudo el adjetivo ?pastoral? casi en oposici?n al concepto de ?jer?rquico?, as? como, en la misma contraposici?n, se ha interpretado tambi?n la idea de ?comuni?n?. Y quiz?s en este punto puede ser ?til una breve observaci?n sobre la palabra ?jerarqu?a?, que es la designaci?n tradicional de la estructura de autoridad sacramental en la Iglesia, ordenada seg?n los tres niveles del Sacramento del orden, episcopado, presbiterado, diaconado. En la opini?n p?blica prevalece, en esta realidad ?jerarqu?a?, el elemento de subordinaci?n y el elemento jur?dico: por eso a muchos la idea de jerarqu?a les parece en contraste con la flexibilidad y la vitalidad del sentido pastoral y tambi?n contraria a la humildad del Evangelio. Pero ?ste es un sentido mal entendido de la jerarqu?a, hist?ricamente tambi?n causado por abusos de autoridad y de hacer carrera, que son precisamente abusos y no derivan del ser mismo de la realidad ?jerarqu?a?. La opini?n com?n es que ?jerarqu?a? es siempre algo ligado al dominio y as? no correspondiente al verdadero sentido de la Iglesia, de la unidad en el amor de Cristo. Pero, como he dicho, ?sta es una interpretaci?n err?nea, que tiene su origen en abusos de la historia, pero no responde al verdadero significado de lo que es la jerarqu?a. Empecemos por la palabra. Generalmente, se dice que el significado de la palabra jerarqu?a ser?a ?sagrado dominio?, pero el verdadero significado no es ?ste, es ?sagrado origen?, es decir: esta autoridad no viene del hombre mismo, sino que tiene su origen en lo sagrado, en el Sacramento; somete por tanto la persona a la vocaci?n, al misterio de Cristo, hace del individuo un servidor de Cristo y s?lo en cuanto siervo de Cristo ?ste puede gobernar, guiar por Cristo y con Cristo. Por eso quien entra en el sagrado Orden del Sacramento, la ?jerarqu?a?, no es un aut?crata, sino que entra en un lazo nuevo de obediencia a Cristo: est? ligado a ?l en comuni?n con los dem?s miembros del Orden sagrado, del Sacerdocio. Y tampoco el Papa -punto de referencia de todos los dem?s Pastores y de la comuni?n de la Iglesia- puede hacer lo que quiera; al contrario, el Papa es custodio de la obediencia a Cristo, a su palabra resumida en la regula fidei, en el Credo de la Iglesia, y debe preceder en la obediencia a Cristo y a su Iglesia. Jerarqu?a implica por tanto un triple lazo: primero de todo el que le une con Cristo y con el orden dado por el Se?or a su Iglesia; despu?s el lazo con los dem?s Pastores en la ?nica comuni?n de la Iglesia; y, finalmente, el lazo con los fieles confiados al individuo, en el orden de la Iglesia.

Por tanto, se entiende que comuni?n y jerarqu?a no son contrarias una de la otra, sino que se condicionan. Son juntas una sola cosa (comuni?n jer?rquica). El Pastor es por tanto propiamente tal guiando y custodiando a la grey, y a veces impidiendo que se disperse. Sin una visi?n claramente y expl?citamente sobrenatural, no es comprensible la tarea de gobernar propia de los sacerdotes. ?sta, en cambio, sostenida por el verdadero amor por la salvaci?n de cada uno de los fieles, es particularmente preciosa y necesaria tambi?n en nuestro tiempo. Si el fin es llevar el anuncio de Cristo y conducir a los hombres al encuentro salv?fico con ?l para que tengan la vida, la tarea de guiar se configura como un servicio vivido en una donaci?n total para la edificaci?n de la grey en la verdad y en la santidad, a menudo yendo a contracorriente y recordando que el m?s grande debe hacerse como el m?s peque?o, y el que gobierna, como el que sirve (cf Lumen gentium, 27).

?D?nde puede encontrar hoy un sacerdote la fuerza para tal ejercicio del propio ministerio, en la plena fidelidad a Cristo y a la Iglesia, con una dedicaci?n total a la grey? La respuesta es s?lo una: en Cristo Se?or. La manera de gobernar de Jes?s no es la del dominio, sino es el humilde y amoroso servicio del Lavatorio de los pies, y la realeza de Cristo sobre el universo no es un triunfo terreno, sino que encuentra su culmen en el le?o de la Cruz, que se convierte en juicio para el mundo y punto de referencia para el ejercicio de una autoridad que sea verdadera expresi?n de la caridad pastoral. Los santos, y entre ellos san Juan Mar?a Vianney, han ejercitado con amor y dedicaci?n la tarea de cuidar la porci?n del Pueblo de Dios a ellos confiada, mostrando tambi?n ser hombres fuertes y determinados, con el ?nico objetivo de promover el verdadero bien de las almas, capaces de pagar en persona, hasta el martirio, para permanecer fieles a la verdad y a la justicia del Evangelio.

Queridos sacerdotes, ?apacentad la grey de Dios que os est? encomendada, vigilando, no forzados sino voluntariamente (???), siendo modelos de la grey (1 P 5,2). Por tanto, no teng?is miedo de guiar a Cristo a cada uno de los hermanos que ?l os ha confiado, seguros de que cada palabra y cada actitud, si descienden de la obediencia a la voluntad de Dios, traer?n fruto; sabed vivir apreciando los m?ritos y reconociendo los l?mites de la cultura en la que estamos insertos, con la firme certeza de que el anuncio del Evangelio es el mayor servicio que se puede hacer al hombre. No hay, de hecho, bien m?s grande, en esta vida terrena, que conducir a los hombres a Dios, avivar la fe, levantar al hombre de la inercia y de la desesperaci?n, dar la esperanza de que Dios est? cerca y gu?a la historia personal y del mundo: ?ste, en definitiva, es el sentido profundo y ?ltimo de la tarea de gobernar que el Se?or nos ha confiado. Se trata de formar a Cristo en los creyentes, a trav?s de ese proceso de santificaci?n que es conversi?n de los criterios, de la escala de valores, de las actitudes, para dejar que Cristo viva en cada fiel. San Pablo resume as? su acci?n pastoral: ?hijos m?os, por quienes sufro de nuevo dolores de parte hasta ver a Cristo formado en vosotros? (Gal 4, 19).

Queridos hermanos y hermanas, querr?a invitaros a rezar por m?, Sucesor de Pedro, que tengo una tarea espec?fica en el gobierno de la Iglesia de Cristo, as? como por todos vuestros Obispos y sacerdotes. Rezad para que sepamos cuidar de todas las ovejas, tambi?n las perdidas, de la grey confiada a nosotros. A vosotros, queridos sacerdotes, dirijo una cordial invitaci?n a las Celebraciones conclusivas del A?o Sacerdotal, los pr?ximos 9, 10 y 11 de junio, aqu? en Roma: meditaremos sobre la conversi?n y sobre la misi?n, sobre el don del Esp?ritu Santo y sobre la relaci?n con Mar?a Sant?sima, y renovaremos nuestras promesas sacerdotales, apoyados por todo el Pueblo de Dios. ?Gracias!?

[Traducci?n del original italiano por Patricia Navas

?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 21:41  | Habla el Papa
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