Jueves, 17 de junio de 2010

Alocuci?n de monse?or H?ctor Aguer, arzobispo de La Plata, en la celebraci?n de acci?n de gracias por el Bicentenario patrio (Iglesia catedral, 25 de mayo de 2010). (AICA)

PATRIOTISMO, GRATITUD, ESPERANZA?????????

???????????En la proclama emitida el 26 de mayo, la Primera Junta ?nosotros la llamamos as? aunque fue, en realidad, la segunda- expon?a por orden de dignidad sus compromisos. Encabezaba la serie de prop?sitos una declaraci?n que en aquellos d?as no podr?a sorprender a nadie; manifestaba un deseo eficaz, un celo activo y una contracci?n viva y asidua a proveer por todos los medios posibles la conservaci?n de nuestra Religi?n Santa. El mi?rcoles 30 se celebr? en la catedral la instalaci?n del nuevo gobierno. Como es sabido, todo aquello sucedi? en Buenos Aires; la conmemoraci?n religiosa tuvo lugar, por lo tanto, en la catedral de Buenos Aires, inici?ndose as? una costumbre oficial localizada all? que se observ? invariablemente hasta hace pocos a?os. En aquella primera oportunidad hubo misa solemne y ted?um, con un elocuente serm?n del de?n del cabildo eclesi?stico, Diego Estanislao de Zabaleta.

???????? ?El ted?um ha sido siempre la oraci?n por excelencia empleada en nuestras fiestas patrias para dar gracias a Dios. El origen de este himno lit?rgico se sit?a en los primeros a?os del siglo V; en sus 29 versos se suceden una alabanza a la Sant?sima Trinidad, la glorificaci?n de Cristo y de su obra redentora y la s?plica que resulta de la compilaci?n de varios salmos b?blicos. Es un poema compuesto para ser cantado, que atrajo la atenci?n de compositores de todos los tiempos. Disponemos desde los varios tonos del canto llano, apt?simos para el uso lit?rgico, hasta las obras m?s complejas y espectaculares de diversos estilos, que se escuchan muchas veces en salas de concierto. Mozart, Berlioz, Haydn, Liszt, Verdi y Bruckner ?para citar s?lo algunos nombres- nos legaron versiones admirables del ted?um y numerosos m?sicos argentinos aportaron tambi?n a esta tradici?n, entre ellos Pablo Beruti, Gilardo Gilardi, Enrique Albano, Elsa Calcagno, Angel Lasala, Julio Perceval y Roberto Caama?o. Nosotros tambi?n, en el centro de esta celebraci?n de hoy, nos uniremos silenciosamente al canto de una versi?n breve de este himno que ser? proclamado en nombre de todos, en representaci?n de la comunidad platense.

???????? ??Qu? sentimientos, qu? actitudes deben inspirar la recordaci?n bicentenaria de aquellos acontecimientos que iniciaron el proceso de nuestra emancipaci?n? Una mirada dirigida hacia el pasado, abarcadora y objetiva, debe movernos a la acci?n de gracias; si intentamos, en cambio, avizorar el futuro, la posible cautela tiene que ceder su lugar a la esperanza. Dos disposiciones de ?nimo, la gratitud y la esperanza, que se fundan en otra, raigal, imprescindible: el amor a la patria. Las tres implican la memoria del don, de los dones recibidos de Dios y de las generaciones que nos precedieron, pero tambi?n el reconocimiento de nuestras deficiencias y del estado actual de la sociedad argentina.

???????? ?El amor a la patria se llama patriotismo. Pero esta palabra parece haber ca?do en desuso; un manto de sospecha la desprestigia, como si el sentimiento que designa pudiera confundirse f?cilmente con el alarde excesivo e inoportuno del patriotero. Creo que se conserva todav?a en el juramento de los funcionarios p?blicos, que se comprometen a desempe?ar su cargo con lealtad y patriotismo. Amar a la patria significa para sus hijos querer efectivamente su bien y estar dispuestos al sacrificio por ella. ?Parece demasiado para los tiempos que corren! Los antiguos romanos hab?an acu?ado un t?rmino que pas? a la tradici?n cristiana: pietas, piedad; as? se llama el v?nculo que religa a los hijos con sus padres y con la tierra de sus padres y que se expresa en el respeto, la veneraci?n, el amor entra?able, sentimientos y actitudes que intentan saldar una deuda estrictamente impagable. Es ?sta un ?rea espiritual problem?tica para nosotros, argentinos. En el car?cter nacional se insin?a una tendencia a prescindir de la referencia fundante a las ra?ces, como si fu?ramos seres sin herencia; existe, por consiguiente, una falla, una carencia del sentido de lo comunitario. El sentido de pertenencia a una comunidad es algo m?s profundo y permanente que el entusiasmo futbol?stico por el triunfo en ?el mundial? y que la ocasional masificaci?n inducida por consignas ideol?gicas o el clientelismo pol?tico. La referencia a las ra?ces ?habr?a que decir a la tradici?n, en su significado m?s noble y esencial? hace posible cultivar el sentimiento y afianzar la conciencia de un destino com?n. Entre nosotros predomina el individualismo de personas o de grupos, la conciencia y el apetito del bien propio sobre la b?squeda del bien com?n. De all? la fractura, la estratificaci?n de la sociedad argentina con sus secuelas de injusticia y nuestra inclinaci?n at?vica a la discordia. Tenemos que recuperar la pietas para con nuestra patria, el amor a ella: patria, no ?este pa?s?, como dicen muchos. S?lo as? podremos reconocer gozosamente su belleza, porque el amor nos abre los ojos y nos pone en contacto directo con la realidad, alimenta el coraje y si es preciso el sacrificio, o el llanto.

???????? ?La exhortaci?n del Ap?stol: vivan en la acci?n de gracias (Col. 3, 15) se?ala el clima espiritual apropiado a esta celebraci?n. Hoy damos gracias a Dios por los doscientos a?os transcurridos desde aquellos d?as de mayo y por el tiempo anterior, que no podemos sustraer a nuestra historia, pero sobre todo por el don que es la patria misma. El agradecimiento es siempre la respuesta que corresponde a un regalo, a una d?diva de suyo inmerecida. Otros han sido los instrumentos de la Providencia para darnos una patria, una naci?n independiente; nosotros asumimos esa herencia para transmitirla si es posible enriquecida a las generaciones venideras. La gratitud por el pasado no es un sentimiento indefinido, supone un discernimiento operado con objetividad y realismo. Existe un drama secular en la Argentina, que es la tergiversaci?n de la historia, en la que se han filtrado imposturas manifiestas canonizadas como dogmas. As? ha ocurrido con sucesos clave del siglo XIX, y ocurre nuevamente con hechos m?s o menos recientes, observados con mirada tuerta, cuya interpretaci?n sesgada mantiene abiertas heridas dolorosas, incentiva la divisi?n, perturba los ?nimos y extrav?a el juicio de los j?venes y de los desprevenidos. La memoria debe ser integral, la verdad completa; las medias verdades ofrecen mordiente al resentimiento, atizan los rencores, perpet?an el desencuentro. La aspiraci?n ardiente a la justicia no debe servir de disfraz al odio y a la sed de venganza. Todos tenemos que empe?arnos, seg?n la funci?n de cada uno y los medios de que dispone, en procurar la reconciliaci?n y en favorecer la unidad nacional; pero este es un deber sagrado para quienes presiden la comunidad: de su prudencia y magnanimidad depende, ciertamente, la armon?a del todo social y la promoci?n de la paz interior.

???????? ?La memoria agradecida del pasado supone que nos hacemos cargo de los males que se han acumulado en nuestra historia y que pedimos perd?n por ellos para quedar efectivamente liberados y ser capaces de perdonar. Podemos asumir, en nombre de nuestros antepasados, los acentos conmovedores de la oraci?n de Daniel: ?A ti, Se?or, la Justicia!; a nosotros, en cambio, la verg?enza reflejada en el rostro. Hemos pecado, hemos faltado, hemos hecho el mal, nos hemos rebelado y nos hemos apartado de tus mandamientos y tus preceptos (Dan. 9, 7.5). Entonces la acci?n de gracias se prolongar? en un canto de esperanza.

???????? ?Una actitud de esperanza es, precisamente, la que corresponde esbozar en una ocasi?n solemne como ?sta de nuestro bicentenario. El objeto de la esperanza es un bien futuro y posible, aunque arduo de alcanzar; en nuestro caso es la plena realizaci?n de la naci?n argentina. La esperanza de personas de fe, de un pueblo mayoritariamente religioso como ?ste al cual pertenecemos, se apoya en Dios, que en los salmos b?blicos y en los escritos de los profetas aparece designado como roca, escudo, baluarte inexpugnable, pe?asco que sirve al creyente de refugio. En el pre?mbulo de nuestra Constituci?n se lo invoca como fuente de toda raz?n y justicia y se apela a su protecci?n. Contamos, por tanto, con la ayuda de Dios; sin embargo, la esperanza requiere nuestra fortaleza, el esfuerzo de realizaci?n, la grandeza del alma de quienes se arriesgan en el cumplimiento de un destino apetecible, de quienes asumen la vida como una vocaci?n. La esperanza es un valor ?ntimamente personal, pero se verifica tambi?n en un sujeto colectivo en la medida en que ?ste constituye una aut?ntica comunidad, cohesionada por la amistad social.

???????? ?El horizonte de la esperanza ha sido trazado en la primera p?gina de la Tor?, cuando el Creador bendijo al hombre y a la mujer, plasmados a su imagen, y les encomend? llenen la tierra y som?tanla (G?n. 1, 28). Este mandato vale singularmente para el pueblo argentino, que ha recibido el don de una tierra ancha y espaciosa, que mana leche y miel (Ex. 3, 8). La meta de poblar armoniosamente con hijos de esta patria nuestro territorio casi deshabitado es, probablemente, una condici?n para afrontar la cuesti?n inaplazable de un desarrollo integral de la naci?n. El bien com?n es la perfecta realizaci?n de la Argentina, de tal modo que cada uno de los habitantes de esta tierra bendita del pan pueda procurarse todo lo que le baste para vivir y para vivir bien; la totalidad incluye los bienes superiores del esp?ritu, la educaci?n, la cultura, la libertad. No debe haber hijos y entenados, sino ciudadanos que gocen de plenos derechos y cumplan los correspondientes deberes, no meros habitantes ni clientes del poder de turno. El bien precioso de un recto ordenamiento jur?dico de la sociedad es una condici?n principal de esa totalidad de realizaci?n; debe ser tutelado por los tres poderes del Estado y no deturpado por leyes inicuas que alteren la esencia natural del matrimonio, que minen la solidez de la familia y entreguen al estrago la vida de los ni?os por nacer. No son ?stas utop?as. El bien que es objeto de la esperanza no se encuentra al alcance de la mano, pero puede ser conquistado si no cedemos a la comodidad y al facilismo; sobre todo si no se ofusca en nuestro esp?ritu la contemplaci?n de la verdad, si no se apaga en nuestro coraz?n el amor a la vez racional y apasionado del bien.

???????? ??Qu? podemos aportar los cristianos al futuro de la Argentina? Ante todo, el esp?ritu de las bienaventuranzas del Evangelio, y un compromiso coherente y activo por el bien de nuestra patria temporal. El Santo Padre Benedicto XVI ha recordado hace pocos d?as que corresponde a los fieles laicos mostrar concretamente en la vida personal y familiar, en la vida social, cultural y pol?tica, que la fe permite leer de modo nuevo y profundo la realidad y transformarla. Indicaba tambi?n el Papa que es preciso buscar, en la dial?ctica democr?tica un amplio consenso con todos aquellos que se toman a pecho la defensa de la vida y de la libertad, la custodia de la verdad y del bien de la familia, la solidaridad con los necesitados y la necesaria b?squeda del bien com?n. Estos bienes han de ser objetos privilegiados de nuestra esperanza y nuestra lucha; son irrenunciables, como es irrenunciable el futuro de otra Argentina posible, de una Argentina mejor.

???????? ?Un fino poeta nuestro, Jos? Mar?a Casti?eira de Dios, en su Discurso sobre la Patria se encaraba afectuosamente con ella y le dec?a:

?Yo te incito a romper las cadenas ocultas
y a exorcizar el maleficio
y a soltar las maneas,
para que sean eternos los laureles de gloria
que otros hombres mejores
nos legaron un d?a!

???????? ?Incitaci?n y a la vez noble presagio, contenido leg?timo, alt?simo, oportuno, para nuestra esperanza y nuestra oraci?n.?

Mons. H?ctor Aguer, arzobispo de la Plata

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Publicado por verdenaranja @ 22:56  | Hablan los obispos
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