Jueves, 17 de junio de 2010

ZENIT ? nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi? el jueves 27 de Mayo de 2010 por la ma?ana a los miembros de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), que se encuentran reunidos en Asamblea General.

Venerados y queridos hermanos,

en el Evangelio proclamado el pasado domingo, Solemnidad de Pentecost?s, Jes?s nos prometi?: ?El Par?clito, el Esp?ritu Santo, que el Padre enviar? en mi nombre, os lo ense?ar? todo y os recordar? todo lo que yo os he dicho? (Jn 14, 26). El Esp?ritu Santo gu?a a la Iglesia en el mundo y en la historia. Gracias a este don del Resucitado, el Se?or permanece presente en el transcurso de los acontecimientos; en el Esp?ritu Santo podemos reconocer en Cristo el sentido de las vicisitudes humanas. El Esp?ritu Santo nos hace Iglesia, comuni?n y comunidad incesantemente convocada, renovada y relanzada hacia la realizaci?n del Reino de Dios. En la comuni?n eclesial est? la ra?z y la raz?n fundamental de vuestra reuni?n y de mi estar una vez m?s con vosotros, con alegr?a, con ocasi?n de esta cita anual; es la perspectiva con la que os exhorto a afrontar los temas de vuestro trabajo, en el que est?is llamados a reflexionar sobre la vida y sobre la renovaci?n de la acci?n pastoral de la Iglesia en Italia. Agradezco al cardenal Angelo Bagnasco las corteses e intensas palabras que me ha dirigido, haci?ndose int?rprete de vuestros sentimientos: el Papa sabe que puede contar siempre con los obispos italianos. En vosotros saludo a las comunidades diocesanas confiadas a vuestros cuidados, y extiendo mi pensamiento y mi cercan?a espiritual a todo el pueblo italiano.

Confirmados por el Esp?ritu, en continuidad con el camino indicado por el Concilio Vaticano II, y en particular con las orientaciones pastorales de la d?cada apenas concluida, hab?is elegido asumir la educaci?n como tema principal para los pr?ximos diez a?os. Este horizonte temporal est? proporcionado por la radicalidad y la amplitud de la demanda educativa. Y me parece necesario ir hasta las ra?ces profundas de esta emergencia para encontrar tambi?n las respuestas adecuadas a este desaf?o. Yo veo en ?l sobre todo dos. Una ra?z esencial consiste ? me parece ? en un falso concepto de autonom?a del hombre: el hombre deber?a desarrollarse solo por s? mismo, sin imposiciones por parte de los dem?s, los cuales podr?an asistir a su autodesarrollo, pero no entrar en este proceso. En realidad, es esencial para la persona humana el hecho de que llega a ser ella misma s?lo desde el otro, el ?yo? se convierte en s? mismo s?lo desde el ?tu? y desde el ?vosotros?, est? creado para el di?logo, para la comuni?n sincr?nica y diacr?nica. Y s?lo el encuentro con el ?tu? y con el ?nosotros? abre el ?yo? a s? mismo. Por ello la llamada educaci?n antiautoritaria no es educaci?n, sino renuncia a la educaci?n: as? no nos es dado lo que nosotros debemos dar a los dem?s, es decir, este "tu" y "nosotros" en el que el ?yo? se abre a s? mismo. Por tanto un primer punto me parece este: superar esta falsa idea de autonom?a del hombre, como un ?yo? completo en s? mismo, mientras que llega a ser ?yo? tambi?n en el encuentro colectivo con el ?tu? y con el ?nosotros?.

La otra ra?z de la emergencia educativa yo la veo en el escepticismo y en el relativismo o, con palabras m?s sencillas y claras, en la exclusi?n de las dos fuentes que orientan el camino humano. La primera fuente deber?a ser la naturaleza seg?n la Revelaci?n. Pero la naturaleza es considerada hoy como algo puramente mec?nico, y que por ello de su ser no procede orientaci?n alguna. La Revelaci?n se considera o como un momento del desarrollo hist?rico, y por tanto relativo, como todo el desarrollo hist?rico y cultural, o ? se dice ? quiz?s hubo revelaci?n, pero no abarca contenidos, s?lo motivaciones. Y si callan estas dos fuentes, la naturaleza y la Revelaci?n, tambi?n la tercera fuente, la historia, deja de hablar, porque tambi?n la historia se convierte s?lo en un aglomerado de decisiones culturales, ocasionales, arbitrarias, que no valen para el presente y para el futuro. Es fundamental por tanto volver a encontrar un concepto verdadero de la naturaleza como creaci?n de Dios que nos habla; el Creador, a trav?s del libro de la creaci?n, nos habla y nos muestra los verdaderos valores. Y despu?s tambi?n volver a encontrar la Revelaci?n: reconocer que el libro de la creaci?n, en el que Dios nos da las orientaciones fundamentales, est? descifrado en la Revelaci?n, est? aplicado y hecho propio en la historia cultural y religiosa, no sin errores, pero de una manera sustancialmente v?lida, que cada vez hay que desarrollar y purificar. As?, en este ?concierto? ? por as? decirlo ? entre creaci?n descifrada en la Revelaci?n, concretada en la historia cultural que siempre va adelante y en la que volvemos a encontrar siempre el lenguaje de Dios, se abren tambi?n las indicaciones para una educaci?n que no es imposici?n, sino realmente apertura del "yo" al "tu", al "nosotros" y al "Tu" de Dios.

Por tanto las dificultades son grandes: volver a encontrar las fuentes, el lenguaje de las fuentes, pero siempre conscientes del peso de estas dificultades, no podemos ceder a la desconfianza y a la resignaci?n. Educar no ha sido nunca f?cil, pero no debemos rendirnos: minusvalorar?amos el mandato que el Se?or mismo nos ha confiado, llam?ndonos a apacentar con amor a su reba?o. Despertemos m?s bien en nuestras comunidades esa pasi?n educativa, que es una pasi?n del ?yo? por el "tu", por el "nosotros", por Dios, y que no se resuelve en una did?ctica, en un conjunto de t?cnicas ni tampoco en la transmisi?n de principios ?ridos. Educar es formar a las nuevas generaciones, para que sepan entrar en relaci?n con el mundo, fuertes en una memoria significativa que no es s?lo ocasional, sino acrecentada por el lenguaje de Dios que encontramos en la naturaleza y en la Revelaci?n, por un patrimonio interior compartido, por la verdadera sabidur?a que, mientras reconoce el fin trascendental de la vida, orienta el pensamiento, los afectos y el juicio.

Los j?venes tienen una sed en el coraz?n, y esta sed es una demanda de significado y de aut?nticas relaciones humanas, que ayuden a no sentirse solos ante los desaf?os de la vida. El deseo de un futuro, hecho menos incierto por una compa??a segura y afidable, que se acerca a cada uno con delicadeza y respeto, proponiendo valores firmes a partir de los cuales crecer hacia metas altas pero alcanzables. Nuestra respuesta es el anuncio del Dios amigo del hombre, que en Jes?s se hizo cercano a cada uno. La transmisi?n de la fe es parte irrenunciable de la formaci?n integral de la persona, porque en Jesucristo se realiza el proyecto de una vida lograda; como ense?a el Concilio Vaticano II, "quien sigue a Cristo, el hombre perfecto, se convierte tambi?n ?l en hombre" (Gaudium et spes, 41). El encuentro personal con Jes?s es la clave para intuir la relevancia de Dios en la existencia cotidiana, el secreto para empe?arla en la caridad fraterna, la condici?n para levantarse siempre de las ca?das y moverse constantemente a la conversi?n.

La tarea educativa, que hab?is asumido como prioritaria, valora signos y tradiciones, de los que Italia es tan rica. Necesita lugares cre?bles: ante todo la familia, con su papel peculiar e irrenunciable; la escuela, horizonte com?n m?s all? de las opiniones ideol?gicas; la parroquia, ?fuente del pueblo?, lugar de experiencia que inicia a la fe en el tejido de las relaciones cotidianas. En cada uno de estos ?mbitos es decisiva la calidad del testimonio, v?a privilegiada de la misi?n eclesial. La acogida de la propuesta cristiana pasa, de hecho, a trav?s de relaciones de cercan?a, lealtad y confianza. En un tiempo en el que la gran tradici?n del pasado corre el riesgo de quedarse en letra muerta, somos llamados a acercarnos a cada uno con disponibilidad siempre nueva, acompa??ndolo en el camino de descubrimiento y asimilaci?n personal de la verdad. Y haciendo esto tambi?n nosotros podemos redescubrir de forma nueva las realidades fundamentales.

La voluntad de promover una renovada etapa de evangelizaci?n no esconde las heridas por las que la comunidad eclesial est? marcada, por la debilidad y el pecado de algunos de sus miembros. Esta humilde y dolorosa admisi?n no debe, sin embargo, hacer olvidar el servicio gratuito y apasionado de tantos creyentes, a partir de los sacerdotes. El a?o especial dedicado a ellos ha querido constituir una oportunidad para promover su renovaci?n interior, como condici?n para un m?s incisivo empe?o evang?lico y ministerial. Al mismo tiempo, nos ayuda tambi?n a reconocer el testimonio de santidad de cuantos ? a ejemplo del Cura de Ars ? se consumen sin reservas para educar en la esperanza, en la fe y en la caridad. A la luz de esto, lo que es motivo de esc?ndalo, debe traducirse para nosotros en una llamada a una ?profunda necesidad de volver a aprender la penitencia, de aceptar la purificaci?n, de aprender por una parte el perd?n, pero tambi?n la necesidad de la justicia" (Benedicto XVI, Entrevista con los periodistas durante el vuelo a Portugal, 11 de mayo d 2010).

Queridos hermanos, os animo a recorrer sin dudar el camino del compromiso educativo. Que el Esp?ritu Santo os ayude a no perder nunca la confianza en los j?venes, os empuje a salir a su encuentro, os lleve a frecuentar sus ambientes de vida, incluyendo el constituido por las nuevas tecnolog?as de comunicaci?n, que ya permean la cultura en todas sus expresiones. No se trata de adecuar el Evangelio al mundo, sino de sacar del Evangelio esa perenne novedad, que permite en cada tiempo encontrar las formas adecuadas para anunciar la Palabra que no pasa, fecundando y sirviendo a la existencia humana. Volvamos, por tanto, a proponer a los j?venes la medida alta y trascendente de la vida, entendida como vocaci?n: llamados a la vida consagrada, al sacerdocio, al matrimonio, sepan responder con generosidad a la llamada del Se?or, porque s?lo as? podr?n coger lo que es esencial para cada uno. La frontera educativa constituye el lugar de una amplia convergencia de intenciones: la formaci?n de las nuevas generaciones no puede, de hecho, no importar a todos los hombres de buena voluntad, interpelando la capacidad de la sociedad entera de asegurar referencias afidables para el desarrollo arm?nico de las personas.

Tambi?n en Italia la ?poca actual est? marcada por una incertidumbre sobre los valores, evidente en la dificultad de tantos adultos de mantener los compromisos asumidos: esto indica una crisis cultural y espiritual, tan seria como la econ?mica. Ser?a ilusorio ? esto quisiera subrayarlo ? pensar en responder a una ignorando a la otra. Por esta raz?n, mientras renuevo la apelaci?n a los responsables de los asuntos p?blicos y a los empresarios a hacer todo lo que est? en sus posibilidades para amortiguar los efectos de la crisis ocupacional, exhorto a todos a reflexionar sobre los presupuestos de una vida buena y significativa, que fundan esta autoridad que por s? sola educa y vuelve a las verdaderas fuentes de los valores. A la Iglesia, de hecho, le preocupa el bien com?n, que nos compromete a compartir recursos econ?micos e intelectuales, morales y espirituales, aprendiendo a afrontar juntos, en un contexto de reciprocidad, los problemas y los desaf?os del pa?s. Esta perspectiva, ampliamente desarrollada en vuestro reciente documento sobre Chiesa e Mezzogiorno (La Iglesia y el Sur de Italia, n.d.t.), encontrar? una profundizaci?n posterior en la pr?xima Semana Social de los cat?licos italianos, prevista en octubre en Reggio Calabria, donde, junto a las mejores fuerzas del laicado cat?lico, os empe?ar?is en marcar una agenda de esperanza para Italia, para que "las exigencias de la justicia sean comprensibles y pol?ticamente realizables" (Enc. Deus caritas est, 28). Vuestro ministerio, queridos hermanos, y la vivacidad de las comunidades diocesanas a cuya gu?a hab?is sido puestos, son la mayor seguridad de que la Iglesia seguir? ofreciendo responsablemente su contribuci?n al crecimiento social y moral de Italia.

Llamado por gracia a ser Pastor de la Iglesia universal y de la espl?ndida Ciudad de Roma, llevo constantemente conmigo vuestras preocupaciones y vuestras esperanzas, que en los d?as pasados deposit? ? con las de la humanidad entera ? a los pies de la Virgen de F?tima. A ella va nuestra oraci?n: "Virgen Madre de Dios y nuestra querid?sima Madre, que tu presencia haga volver a florecer el desierto de nuestras soledades y brillar el sol sobre nuestras oscuridades, haga volver la calma despu?s de la tempestad, para que todo hombre vea la salvaci?n del Se?or, que tiene el nombre y el rostro de Jes?s, reflejado en nuestros corazones, por siempre unidos al suyo. Am?n? (F?tima, 12 de mayo de 2010). Os doy las gracias y os bendigo de coraz?n.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]

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Publicado por verdenaranja @ 23:13  | Habla el Papa
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