S?bado, 19 de junio de 2010

ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi?el viernes 28 de Mayo de 2010?a los participantes en la Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio para la Pastoral con Migrantes e Itinerantes, que lleva por tema ?Pastoral de la movilidad humana hoy, en el contexto de la corresponsabilidad de los Estados y de los Organismos Internacionales?.

Se?ores cardenales,
venerados hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio,
queridos hermanos y hermanas

Con gran alegr?a os acojo con ocasi?n de la Sesi?n Plenaria del Consejo Pontificio para la Pastoral para los Migrantes e Itinerantes. Saludo al presidente del Dicasterio, monse?or Antonio Maria Vegli?, a quien agradezco las palabras de alegre cordialidad, al secretario, a los miembros, los consultores y los oficiales. A todos dirijo mi augurio de un trabajo provechoso.

Hab?is elegido como tema para esta Sesi?n el de la ?Pastoral de la movilidad humana hoy, en el contexto de la corresponsabilidad de los Estados y de los Organismos Internacionales?. La circulaci?n de las personas es desde hace tiempo objeto de convenciones internacionales, dirigidas a garantizar la protecci?n de los derechos humanos fundamentales y a combatir la discriminaci?n, la xenofobia y la intolerancia. Se trata de documentos que proporcionan principios y t?cnicas de tutela supranacionales.

Es apreciable el esfuerzo de construir un sistema de normas compartidas que contemplen los derechos y los deberes del extranjero, como tambi?n los de la comunidad de acogida, teniendo en cuenta, en primer lugar, la dignidad de cada persona humana, creada por Dios a su imagen y semejanza (cfr Gn 1,26). Obviamente, la adquisici?n de derechos va al mismo tiempo que la aceptaci?n de deberes. Todos, de hecho, gozan de derechos y deberes no arbitrarios, porque brotan de su misma naturaleza humana, como afirma la Enc?clica Pacem in terris del beato Papa Juan XXIII: "todo ser humano es persona, es decir, una naturaleza dotada de inteligencia y de voluntad libre; es por tanto sujeto de derechos y de deberes que brotan inmediata y simult?neamente de su misma naturaleza: derechos y deberes que son por ello universales, inviolables, inalienables" (n. 5). La responsabilidad de los Estados y de los Organismos Internacionales, por tanto, se desarrolla especialmente en el compromiso de incidir en cuestiones que, salvando las competencias del legislador nacional, implican a toda la familia de los pueblos, y exigen una concertaci?n entre los Gobiernos y los Organismos m?s directamente interesados. Pienso en problem?ticas como la entrada o el alejamiento forzado del extranjero, el disfrute de los bienes de la naturaleza, de la cultura y del arte, de la ciencia y de la t?cnica, que debe ser accesible a todos. No se debe tampoco olvidar el importante papel de mediaci?n para que las resoluciones nacionales e internacionales, que promueven el bien com?n universal, encuentren acogida en las instancias locales y tengan repercusi?n en la vida cotidiana.

En este contexto, los ordenamientos a nivel nacional e internacional que promueven el bien com?n y el respeto de la persona animan la esperanza y los esfuerzos para alcanzar un orden social mundial basado en la paz, en la fraternidad y en la cooperaci?n de todos, a pesar de la fase cr?tica que las instituciones internacionales est?n atravesando, empe?adas en resolver las cuestiones cruciales de la seguridad y del desarrollo, en beneficio de todos. Es verdad que, por desgracia, asistimos al resurgimiento de instancias particularistas en algunas ?reas del mundo, pero es tambi?n verdad que hay resistencias a asumir responsabilidades que deber?an ser compartidas. Adem?s, a?n no se ha apagado el anhelo de muchos de abatir los muros que dividen y a establecer amplios entendimientos, tambi?n mediante disposiciones legislativas y praxis administrativas que favorezcan la integraci?n, el intercambio mutuo y el enriquecimiento rec?proco. En efecto, se pueden ofrecer perspectivas de convivencia entre los pueblos a trav?s de l?neas prudentes y concertadas para la acogida y la integraci?n, permitiendo ocasiones de entrada en la legalidad, favoreciendo el justo derecho a la reagrupaci?n familiar, al asilo y al refugio, compensando las necesarias medidas restrictivas y persiguiendo el despreciable tr?fico de personas. Precisamente aqu? las distintas organizaciones con car?cter internacional, en cooperaci?n entre ellas y con los Estados, pueden proporcionar su peculiar aportaci?n a la hora de conciliar, de diversas formas, el reconocimiento de los derechos de la persona y el principio de soberan?a nacional, con referencia espec?fica a las exigencias de la seguridad, del orden p?blico y del control de las fronteras.

Los derechos fundamentales de la persona pueden ser el punto focal del compromiso de la corresponsabilidad de las instituciones nacionales e internacionales. Este, adem?s, est? estrechamente ligado a la ?apertura a la vida, que est? en el centro del verdadero desarrollo", como reafirm? en la Enc?clica Caritas in veritate (cfr n. 28), donde tambi?n hac?a un llamamiento a los Estados para que promuevan pol?ticas a favor de la centralidad y la integridad de la familia (cfr ibid., n. 44). Por otro lado, es evidente que la apertura a la vida y los derechos de la familia deben ser reafirmados en los diversos contextos, pues ?en una sociedad en v?as de globalizaci?n, el bien com?n y el compromiso por ?ste no pueden dejar de asumir las dimensiones de toda la familia humana, es decir, de la comunidad de los pueblos y de las naciones?(ibid., n. 7). El futuro de nuestras sociedades depende del encuentro entre los pueblos, del di?logo entre las culturas en el respeto de las identidades y de las diferencias leg?timas. En este escenario la familia mantiene su papel fundamental. Por ello la Iglesia, con el anuncio del Evangelio de Cristo en cada sector de la existencia, lleva adelante ?el compromiso... a favor no s?lo del individuo migrante, sino tambi?n de su familia, lugar y recurso de la cultura de la vida y factor de integraci?n de valores?, como reafirm? en el Mensaje de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado del a?o 2006.

Queridos hermanos y hermanas, toca tambi?n a vosotros sensibilizar, a las organizaciones que se dedican al mundo de los migrantes e itinerantes, hacia formas de corresponsabilidad. Este sector pastoral est? ligado a un fen?meno en continua expansi?n y, por tanto, vuestro papel deber? traducirse en respuestas concretas de cercan?a y de acompa?amiento pastoral de las personas, teniendo en cuenta las diversas situaciones locales. Sobre cada uno de vosotros invoco la luz del Esp?ritu Santo y la protecci?n maternal de la Virgen, renovando mi agradecimiento por el servicio que hac?is a la Iglesia y a la sociedad. La inspiraci?n del Beato Giovanni Battista Scalabrini, definido "Padre de los migrantes" por el Venerable Juan Pablo II y de quien recordaremos los 105 a?os de su nacimiento al cielo el pr?ximo 1 de junio, ilumine vuestra acci?n a favor de los migrantes y de los itinerantes y os empuje a una caridad cada vez m?s atenta, que les de testimonio del amor indefectible de Dios. Por mi parte os aseguro la oraci?n, mientras de coraz?n os bendigo.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:24  | Habla el Papa
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