Domingo, 20 de junio de 2010

ZENIT ?nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi? el s?bado, 29 de Mayo de 2010,?a los participantes en la peregrinaci?n promovida por la di?cesis de Macerata-Tolentino-Recanati-Cingoli-Treia y por las di?cesis de las Marcas (Centro de Italia), con ocasi?n del IV centenario de la muerte de Matteo Ricci, el ap?stol de China.

Se?or cardenal,
venerados hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio,
distinguidas autoridades,
queridos hermanos y hermanas,

estoy contento de encontraros para recordar el IV Centenario de la muerte del Padre Matteo Ricci, s.j. Saludo fraternalmente al obispo de Macerata-Tolentino-Recanati-Cingoli-Treia, monse?or Claudio Giuliodori, que gu?a esta numerosa peregrinaci?n. Con ?l saludo a los hermanos de la Conferencia Episcopal de las Marcas y a sus respectivas di?cesis, a las Autoridades civiles, militares y acad?micas; a los sacerdotes, los seminaristas y los estudiantes, y tambi?n a los Pueri Cantores. ?Macerata est? orgullosa de un ciudadano, un religioso y un sacerdote tan ilustre! Saludo a los miembros de la Compa??a de Jes?s, de la que form? parte del padre Ricci, en particular al prep?sito general, padre Adolfo Nicol?s, a sus amigos y colaboradores y a las instituciones educativas vinculadas a ellas. Un pensamiento tambi?n a todos los chinos. 你 們 好! [?Saludos!]

El 11 de mayo de 1610, en Pek?n, terminaba la vida terrena de este gran misionero, verdadero protagonista del anuncio del Evangelio el China en la era moderna tras la primera evangelizaci?n del arzobispo Giovanni da Montecorvino. De cu?nta estima fue rodeado en la capital china y en la misma corte imperial, es signo el privilegio extraordinario que le fue concedido, impensable para un extranjero, de ser sepultado en tierra china. Tambi?n hoy es posible venerar su tumba en Pek?n, oportunamente restaurada por las autoridades locales. Las m?ltiples iniciativas promovidas en Europa y en China para honrar al padre Ricci, muestran el vivo inter?s que su obra sigue recabando en la Iglesia y en ambientes culturales diversos.

La historia de las misiones cat?licas comprende figuras de gran estatura por el celo y el valor de llevar a Cristo a tierras nuevas y lejanas, pero el padre Ricci es un caso singular de feliz s?ntesis entre el anuncio del Evangelio y el di?logo con la cultura y el pueblo al que se lleva, un ejemplo de equilibrio entre claridad doctrinal y prudente acci?n pastoral. No s?lo el aprendizaje profundo de la lengua, sino tambi?n la asunci?n del estilo de vida y de las costumbres de las clases cultas chinas, fruto de estudio y de ejercicio paciente y amplio de miras, hicieron que el padre Ricci fuese aceptado por los chinos con respeto y estima, ya no como un extranjero, sino como el ?Maestro del gran Occidente". En el "Museo del Milenio" de Pek?n s?lo se recuerdan dos extranjeros entre los grandes de la historia de China: Marco Polo y el padre Matteo Ricci.

La obra de este gran misionero presenta dos aspectos que no deben separarse: la inculturaci?n china del anuncio del evangelio y la presentaci?n a China de la cultura y de la ciencia occidentales. A menudo los aspectos cient?ficos obtuvieron mayor inter?s, pero no hay que olvidar la perspectiva con la que el padre Ricci entr? en relaci?n con el mundo y la cultura chinos: un humanismo que considera a la persona inserta en su contexto, cultiva sus valores morales y espirituales, tomando todo lo que encuentra de positivo en la tradici?n china y ofreciendo enriquecerla con la contribuci?n de la cultura occidental pero, sobre todo, con la sabidur?a y la verdad de Cristo. El padre Ricci no va a China para llevarles la sabidur?a y la cultura de Occidente, sino para llevarles el Evangelio, para dar a conocer a Dios. Escribe: ?Durante m?s de veinte a?os cada ma?ana y cada noche he rezado con l?grimas al Cielo. S? que el Se?or del Cielo tiene piedad de las criaturas vivientes y las perdona (?) La verdad sobre el Se?or del Cielo est? ya en los corazones de los hombres. Pero los seres humanos no la comprenden inmediatamente y, adem?s, no se inclinan a reflexionar sobre una cuesti?n semejante" (Il vero significato del "Signore del Cielo", Roma 2006, pp.69-70). Y es precisamente mientras lleva el Evangelio, cuando el padre Ricci encuentra en sus interlocutores la demanda de una confrontaci?n m?s amplia, de modo que el encuentro motivado por la fe se convierte tambi?n en di?logo entre las culturas: un di?logo desinteresado, libre de objetivos de poder econ?mico o pol?tico, vivido en la amistad, que hace de la obra del padre Ricci y de sus disc?pulos uno de los puntos m?s altos y felices en la relaci?n entre China y Occidente. Al respecto, el ?Tratado de la amistad" (1595), una de sus primeras y m?s conocidas obras en chino, es elocuente. En el pensamiento y en la ense?anza del padre Ricci la ciencia, la raz?n y la fe encuentran una s?ntesis natural: ?Quien conoce el cielo y la tierra ? escribe en el prefacio a la tercera edici?n del mapamundi ? puede encontrar que Aquel que gobierna el cielo y la tierra es absolutamente bueno, absolutamente grande y absolutamente uno. Los ignorantes rechazan el Cielo, pero la ciencia que no llega al Emperador del Cielo como a la causa primera, no es para nada una ciencia".

La admiraci?n hacia el padre Ricci no debe, sin embargo, hacer olvidar el papel y la influencia de sus interlocutores chinos. Las decisiones tomadas por ?l no depend?an de una estrategia abstracta de inculturaci?n de la fe, sino del conjunto de los acontecimientos, de los encuentros y de las experiencias que iba teniendo, por lo que lo que pudo llevar a cabo fue gracias tambi?n al encuentro con los chinos: un encuentro vivido de muchas formas, pero profundizado a trav?s de la relaci?n con algunos amigos y disc?pulos, especialmente de cuatro c?lebres conversos, ?pilares de la Iglesia china?. De ellos el primero y m?s famoso fue Xu Guangqi, nativo de Shanghai, literato y cient?fico, matem?tico, astr?nomo, experto en agricultura, que lleg? a los m?s altos grados de la burocracia imperial, hombre ?ntegro, de gran fe y vida cristiana, dedicado al servicio de su pa?s, y que ocupa un puesto relevante en la historia y en la cultura chinas. Fue ?l, por ejemplo, quien convenci? y ayud? al padre Ricci a traducir al chino los ?Elementos? de Euclides, obra fundamental de la geometr?a, o quien obtuvo que el emperador confiase a los astr?nomos jesuitas la reforma del calendario chino. Como fue otro de los sabios chinos convertidos al cristianismo ? Li Zhizao ? quien ayud? al padre Ricci en la realizaci?n de las ?ltimas y m?s desarrolladas ediciones del mapamundi, que habr?a dado a los chinos una nueva imagen del mundo. ? describ?a al padre Ricci con estas palabras: "Yo le cre? un hombre singular porque vive en el celibato, no busca los altos cargos, habla poco, tiene una conducta regulada y esto todos los d?as, cultiva la virtud a escondidas y sirve a Dios continuamente". Es justo por tanto asociar al padre Matteo Ricci tambi?n sus grandes amigos chinos, que compartieron con ?l la experiencia de fe.

Queridos hermanos y hermanas, que el recuerdo de estos hombres de Dios dedicados al Evangelio y a la Iglesia, su ejemplo de fidelidad a Cristo, el profundo amor hacia el pueblo chino, el compromiso de inteligencia y de estudio, su vida virtuosa, sean ocasi?n de oraci?n para la Iglesia en China y para todo el pueblo chino, como hacemos cada a?o, el 24 de mayo, dirigi?ndonos a Mar?a Sant?sima, venerada en el c?lebre santuario de Sheshan en Shanghai; y que sean tambi?n de est?mulo y ?nimo para vivir con intensidad la fe cristiana, en el dialogo con las distintas culturas, pero con la certeza de que en Cristo se realiza el verdadero humanismo, abierto a Dios, rico en valores morales y espirituales y capaz de responder a los deseos m?s profundos del alma humana. Tambi?n yo, como el padre Matteo Ricci, expreso hoy mi profunda estima por el noble pueblo chino y su cultura milenaria, convencido de que un renovado encuentro con el Cristianismo aportar? frutos abundantes de bien, como entonces favoreci? una convivencia pac?fica entre los pueblos. Gracias.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 20:18  | Habla el Papa
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