Domingo, 20 de junio de 2010

ZENIT ? nos ofrece el discurso que el Papa pronunci?el lunes?por la noche, 31 de mayo, durante el rezo del Rosario, como conclusi?n del mes de mayo, en los Jardines Vaticanos.

Queridos hermanos y hermanas

Con gran alegr?a me uno a vosotros, al t?rmino de este tradicional encuentro de oraci?n, que concluye el mes de mayo en el Vaticano. En referencia a la liturgia de hoy, queremos contemplar a Mar?a Sant?sima en el misterio de su Visitaci?n. En la Virgen Mar?a que va a visitar a su pariente Isabel reconocemos el ejemplo m?s l?mpido y el significado m?s verdadero de nuestro camino de creyentes y del camino de la Iglesia misma. La Iglesia es por naturaleza misionera, est? llamada a anunciar el Evangelio por todas partes y siempre, a transmitir la fe a cada hombre y mujer, y a cada cultura.

?En aquellos d?as ? escribe el evangelista san Lucas ? se levant? Mar?a y se fue con prontitud a la regi?n monta?osa, a una ciudad de Jud? (Lc 1,39). El de Mar?a es un aut?ntico viaje misionero. Es un viaje que la lleva lejos de casa, la empuja al mundo, a lugares extra?os a sus costumbres cotidianas, la hace llegar, en un cierto sentido, hasta los l?mites de lo que ella pod?a llegar. Est? precisamente aqu?, tambi?n para todos nosotros, el secreto de nuestra vida de hombres y de cristianos. La nuestra, como individuos y como Iglesia, es una existencia proyectada fuera de nosotros. Como ya hab?a sucedido a Abraham, se nos pide que salgamos de nosotros mismos, de los lugares de nuestras seguridades, para ir hacia los dem?s, a lugares y ?mbitos distintos. Es el Se?or el que nos lo pide: ?Recibir?is la fuerza del Esp?ritu Santo que descender? sobre vosotros, y ser?is mis testigos... hasta los confines de la tierra (Hch 1,8). Y es siempre el Se?or el que, en este camino, nos pone junto a Mar?a como compa?era de viaje y madre sol?cita. Ella nos da seguridad, porque nos recuerda que con nosotros est? siempre su Hijo Jes?s, seg?n lo que prometi?: ?yo estoy con vosotros todos los d?as hasta el fin del mundo" (Mt 28,20).

El evangelista relata que ?Mar?a permaneci? con ella (con su pariente Isabel) unos tres meses? (Lc 1,56). Estas sencillas palabras explican el objetivo m?s inmediato del viaje de Mar?a. Hab?a sabido por el ?ngel que Isabel esperaba un hijo y que estaba ya en el sexto mes (cfr Lc 1,36). Pero Isabel era anciana y la cercan?a de Mar?a, a?n muy joven, pod?a serle ?til. Por esto Mar?a llega hasta ella y permanece a su lado durante casi tres meses, para ofrecerle esa cercan?a afectuosa, esa ayuda concreta y todos esos servicios cotidianos de los que ten?a necesidad. Isabel se convierte as? en el s?mbolo de tantas personas ancianas y enfermas, m?s a?n, de todas las personas necesitadas de ayuda y de amor. ?Y cu?ntas son tambi?n hoy, en nuestras familias, en nuestras comunidades y en nuestras ciudades! Y Mar?a ? que se hab?a definido como ?la sierva del Se?or? (Lc 1,38) ? se hace sierva de los hombres. M?s precisamente, sirve al Se?or a quien encuentra en los hermanos.

La caridad de Mar?a, sin embargo, no se detiene en la ayuda concreta, sino que alcanza su culmen en el dar al mismo Jes?s, en ?hacerle encontrar?. Es una vez m?s san Lucas quien lo subraya: ?en cuanto oy? Isabel el saludo de Mar?a, salt? de gozo el ni?o en su seno? (Lc 1,41). Estamos as? en el coraz?n y en el culmen de la misi?n evangelizadora. Estamos en el significado m?s verdadero y en el objetivo m?s genuino de todo camino misionero: dar a los hombres el Evangelio vivo y personal, que es el mismo Se?or Jes?s. Y la de Jes?s es una comunicaci?n y una donaci?n que ? como atestigua Isabel ? llena el coraz?n de alegr?a: ?apenas lleg? a mis o?dos la voz de tu saludo, salt? de gozo el ni?o en mi seno? (Lc 1,44). Jes?s es el verdadero y ?nico tesoro que nosotros tenemos que dar a la humanidad. Es de ?l de quien los hombres y mujeres de nuestro tiempo tienen profunda nostalgia, aun cuando parecen ignorarlo o rechazarlo. Es de ?l de quien tiene gran necesidad la sociedad en que vivimos, Europa, el mundo entero.

A nosotros se nos ha confiado esta extraordinaria responsabilidad. Viv?mosla con alegr?a y con compromiso, para que la nuestra sea verdaderamente una civilizaci?n en la que reinen la verdad, la justicia, la libertad y el amor, pilares fundamentales e insustituibles de una verdadera convivencia ordenada y pac?fica. Vivamos esta responsabilidad permaneciendo asiduos en la escucha de la Palabra de Dios, en la uni?n fraterna, en la fracci?n del pan y en las oraciones (cfr Hch 2,42). Que esta sea la gracia que pedimos juntos a la Virgen Sant?sima esta noche. A todos vosotros mi bendici?n.

[Traducci?n del italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 20:57  | Habla el Papa
 | Enviar