Lunes, 21 de junio de 2010

ZENIT nos ofrece el texto de la catequesis que el Papa Benedicto XVI pronunci?el mi?rcoles 2 de Junio de 2010?durante la Audiencia General, con los peregrinos congregados de todo el mundo en la Plaza de San Pedro.

Queridos hermanos y hermanas,

tras algunas catequesis sobre el sacerdocio y mis ?ltimos viajes, volvemos hoy a nuestro tema principal, es decir, a la meditaci?n sobre algunos grandes pensadores de la Edad Media. Hab?amos visto ?ltimamente la gran figura de san Buenaventura, franciscano, y hoy quisiera hablar de aquel que la Iglesia llama el Doctor communis: es decir santo Tom?s de Aquino. Mi venerado Predecesor, el Papa Juan Pablo II, en su enc?clica Fides et ratio record? que santo Tom?s ?ha sido siempre propuesto por la Iglesia como maestro de pensamiento y modelo del modo recto de hacer teolog?a? (n. 43). No sorprende que, despu?s de san Agust?n, entre los escritores eclesi?sticos mencionados en el Catecismo de la Iglesia Cat?lica, santo Tom?s sea citado m?s que ning?n otro, ?hasta sesenta y una veces! Fue llamado tambi?n Doctor Angelicus, quiz?s por sus virtudes, en particular la sublimidad de su pensamiento y la pureza de su vida.

Tom?s naci? entre 1224 y 1225 en el castillo que su familia, noble y rica, pose?a en Roccasecca, en las cercan?as de Aquino, cerca de la c?lebre abad?a de Montecassino, adonde fue enviado por sus padres para recibir los primeros elementos de su instrucci?n. Alg?n a?o despu?s se traslad? a la capital del Reino de Sicilia, N?poles, donde Federico II hab?a fundado una prestigiosa Universidad. En ella se ense?aba, sin las limitaciones vigentes en otros lugares, el pensamiento del fil?sofo griego Arist?teles, al cual el joven Tom?s fue introducido, y cuyo gran valor intuy? en seguida. Pero sobre todo, en aquellos a?os transcurridos en N?poles, naci? su vocaci?n dominica. Tom?s fue de hecho atra?do por el ideal de la orden fundada no muchos a?os antes por santo Domingo. Con todo, cuando se revisti? el h?bito dominico, su familia se opuso a esta elecci?n, y fue obligado a dejar en convento y a transcurrir alg?n tiempo en familia.

En 1245, ya mayor de edad, pudo retomar su camino de respuesta a la llamada de Dios. Fue enviado a Par?s para estudiar teolog?a bajo la gu?a de otro santo, Alberto Magno, sobre el que habl? recientemente. Alberto y Tom?s estrecharon una verdadera y profunda amistad y aprendieron a estimarse y a apreciarse, hasta el punto que Alberto quiso que su disc?pulo le siguiera tambi?n a Colonia, donde ?l hab?a sido enviado por los superiores de la orden a fundar un estudio teol?gico. Tom?s mantuvo entonces contacto con todas las obras de Arist?teles y de sus comentaristas ?rabes, que Alberto ilustraba y explicaba.

En aquel periodo, la cultura del mundo latino estaba profundamente estimulada por el encuentro con las obras de Arist?teles, que hab?an estado ignoradas por mucho tiempo. Se trataba de escritos sobre la naturaleza del conocimiento, sobre ciencias naturales, sobre metaf?sica, sobre el alma y sobre la ?tica, ricas de informaciones y de intuiciones que parec?an v?lidas y convincentes. Era toda una visi?n completa del mundo llevada a cabo sin y antes de Cristo, con la pura raz?n, y parec?a imponerse a la raz?n como "la" visi?n misma; era, por tanto, una fascinaci?n incre?ble para los j?venes ver y conocer esta filosof?a. Muchos acogieron con entusiasmo, incluso con entusiasmo acr?tico, este enorme bagaje del saber antiguo, que parec?a poder renovar ventajosamente la cultura, abrir totalmente nuevos horizontes. Otros, sin embargo, tem?an que el pensamiento pagano de Arist?teles estuviese en oposici?n a la fe cristiana, y rechazaban estudiarlo. Se encontraron dos culturas: la cultura pre-cristiana de Arist?teles, con su racionalidad radical, y la cultura cl?sica cristiana. Ciertos ambientes eran llevados al rechazo de Arist?teles tambi?n por la presentaci?n que de este fil?sofo hac?an los comentaristas ?rabes Avicena y Averroes. De hecho, fueron ?stos los que transmitieron al mundo latino la filosof?a aristot?lica. Por ejemplo, estos comentaristas hab?an ense?ado que los hombres no disponen de una inteligencia personal, sino que hay un ?nico intelecto universal, una sustancia espiritual com?n a todos, que opera en todos como "?nica": por tanto, una despersonalizaci?n del hombre. Otro punto discutible transmitido por los comentaristas ?rabes era aquel seg?n el cual el mundo es eterno como Dios. Se desencadenaron comprensiblemente disputas sin fin en el mundo universitario y en el eclesi?stico. La filosof?a aristot?lica se iba difundiendo incluso entre la gente sencilla.

Tom?s de Aquino, en la escuela de Alberto Magno, llev? a cabo una operaci?n de fundamental importancia para la historia de la filosof?a y de la teolog?a, dir?a que para la historia de la cultura: estudi? a fondo a Arist?teles y a sus int?rpretes, procur?ndose nuevas traducciones latinas de los textos originales en griego. As? no se apoyaba ya solo en los comentaristas ?rabes, sino que pod?a leer personalmente los textos originales, y coment? gran parte de las obras aristot?licas, distinguiendo en ellas lo que era v?lido de lo que era dudoso o rechazable del todo, mostrando la concordancia con los datos de la Revelaci?n cristiana y utilizando amplia y agudamente el pensamiento aristot?lico en la exposici?n de los escritos teol?gicos que compuso. En definitiva, Tom?s de Aquino mostr? que entre la fe cristiana y la raz?n subsiste una armon?a natural. Y esta es la gran obra de Tom?s, que en aquel momento de enfrentamiento entre dos culturas ? ese momento en que parec?a que la fe tuviese que rendirse ante la raz?n ? mostr? que ambas van juntas, que cuando aparec?a la raz?n incompatible con la fe, no era raz?n, y cuanto parec?a fe no era fe, si se opon?a a la verdadera racionalidad; as? ?l cre? una nueva s?ntesis, que form? la cultura de los siglos sucesivos.

Por sus excelentes dotes intelectuales, Tom?s fue llamado a Par?s como profesor de teolog?a en la c?tedra dominica. Aqu? comenz? tambi?n su producci?n literaria, que prosigui? hasta su muerte, y que tiene algo de prodigioso: comentarios a la Sagrada Escritura, porque el profesor de teolog?a era sobre todo int?rprete de la Escritura, comentarios a los escritos de Arist?teles, obras sistem?ticas poderosas, entre las que sobresale la Summa Theologiae, tratados y discursos sobre diversos argumentos. Para la composici?n de sus escritos, era ayudado por algunos secretarios, entre ellos su hermano Reginaldo de Piperno, que le sigui? fielmente y al que estuvo ligado por una amistad sincera y fraterna, caracterizada por una gran confianza. Esta es una caracter?stica de los santos: cultivaban la amistad, porque ?sta es una de las manifestaciones m?s nobles del coraz?n humano y tiene en s? algo de divino, como Tom?s mismo explic? en algunas quaestiones de la Summa Theologiae, en la que escribe: ?La caridad es la amistad del hombre con Dios principalmente, y con los seres que Le pertenecen" (II, q. 23, a.1).

No permaneci? durante mucho tiempo y de forma estable en Par?s. En 1259 particip? en el Cap?tulo General de los Dominicos a Valenciennes, donde fue miembro de una comisi?n que estableci? el programa de estudios en la orden. De 1261 a 1265, despu?s, Tom?s estuvo en Orvieto. El Pont?fice Urbano IV, que sent?a por ?l una gran estima, le encarg? la composici?n de los textos lit?rgicos para la fiesta del Corpus Domini, que celebramos ma?ana, instituida despu?s del milagro eucar?stico de Bolsena. Tom?s tuvo un alma exquisitamente eucar?stica. Los bell?simos himnos que la liturgia de la Iglesia canta para celebrar el misterio de la presencia real del Cuerpo y de la Sangre del Se?or en la Eucarist?a se atribuyen a su fe y a su sabidur?a teol?gica. Entre 1265 y 1268 Tom?s residi? en Roma, donde, probablemente, dirig?a un Studium, es decir, una Casa de Estudios de la Orden, y donde comenz? a escribir su Summa Theologiae (cfr Jean-Pierre Torrell, Tommaso d?Aquino. L?uomo e il teologo, Casale Monf., 1994, pp. 118-184).

En 1269 fue llamado de nuevo a Par?s para un segundo ciclo de ense?anzas. Los estudiantes ? se comprende ? estaban entusiasmados con sus lecciones. Un ex-alumno suyo declar? que una grand?sima multitud de estudiantes segu?a los cursos de Tom?s, tanto que las aulas no consegu?an contenerles, y a?ad?a, con una anotaci?n personal, que "escucharle era para ?l una felicidad profunda". La interpretaci?n de Arist?teles dada por Tom?s no era aceptada por todos, pero incluso sus adversarios en el campo acad?mico, como Godofredo de Fontaines, por ejemplo, admit?an que la doctrina de fray Tom?s era superior a otras por su utilidad y valor y serv?a de correcci?n a las de todos los dem?s doctores. Quiz?s tambi?n para sustraerle de las vivaces discusiones en curso, los superiores lo enviaron una vez m?s a N?poles, para ponerse a disposici?n del rey Carlos I, que quer?a organizar los estudios universitarios.

Adem?s del estudio y la ense?anza, Tom?s se dedic? tambi?n a la predicaci?n al pueblo. Y tambi?n el pueblo iba de buen grado a escucharle. Dir?a que es verdaderamente una gracia grande cuando los te?logos saben hablar con sencillez y fervor a los fieles. El ministerio de la predicaci?n, por otra parte, ayuda a los mismos expertos en teolog?a a un sano realismo pastoral, y enriquece de est?mulos vivaces su investigaci?n.

Los ?ltimos meses de la vida terrena de Tom?s permanecen rodeados de una atm?sfera particular, dir?a misteriosa. En diciembre de 1273 llam? a su amigo y secretario Reginaldo para comunicarle su decisi?n de interrumpir todo trabajo, porque durante la celebraci?n de la Misa hab?a comprendido, a ra?z de una revelaci?n sobrenatural, que cuanto hab?a escrito hasta entonces era solo ?un mont?n de paja". Es un episodio misterioso, que nos ayuda a comprender no s?lo la humildad personal de Tom?s, sino tambi?n el hecho de que todo aquello que llegamos a pensar y a decir sobre la fe, por elevado y puro que sea, es infinitamente superado por la grandeza y por la belleza de Dios, que nos ser? revelada en plenitud en el Para?so. Alg?n mes despu?s, cada vez m?s absorto en una meditaci?n pensativa, Tom?s muri? mientras estaba de viaje hacia Lyon, donde se dirig?a para tomar parte en el Concilio Ecum?nico proclamado por el Papa Gregorio X. Se apag? en la Abad?a cisterciense de Fossanova, tras haber recibido el Vi?tico con sentimientos de gran piedad.

La vida y la ense?anza de santo Tom?s de Aquino se podr?a resumir en un episodio recogido por los antiguos bi?grafos. Mientras el santo, como era su costumbre, estaba en oraci?n ante el crucifijo, por la ma?ana temprano en la Capilla de san Nicol?s en N?poles, Domingo de Caserta, el sacrist?n de la iglesia, sinti? desarrollarse un di?logo. Tom?s preguntaba, preocupado, si cuanto hab?a escrito sobre los misterios de la fe cristiana era correcto. Y el Crucifijo respondi?: ?Tu has hablado bien de m?, Tom?s. ?Cu?l ser? tu recompensa?". Y la respuesta que Tom?s dio es la que tambi?n nosotros, amigos y disc?pulos de Jes?s, quisieramos decir siempre: ??Nada m?s que a Ti, Se?or!" (Ibid., p. 320).

[En espa?ol dijo]

Saludo a los grupos de lengua espa?ola, en particular a las Hijas de la Inmaculada Concepci?n de Buenos Aires y a los peregrinos venidos para la Beatificaci?n de Mar?a Pierina de Micheli, as? como a los dem?s fieles provenientes de Espa?a, M?xico y otros pa?ses latinoamericanos. A todos os invito a participar con profunda piedad y veneraci?n en la pr?xima Solemnidad del Corpus Christi, para experimentar as? constantemente en nosotros los frutos de la Redenci?n. Muchas gracias.

[Llamamiento final]

Con profunda inquietud sigo los tr?gicos acontecimientos sucedidos en la proximidad de la Franja de Gaza. Siento la necesidad de expresar mi sentidas condolencias por las v?ctimas de estos doloros?simos acontecimientos, que preocupan a cuantos importa la paz en esa regi?n. Una vez m?s repito con ?nimo oprimido que la violencia no resuelve las controversias, sino que acrecienta sus dram?ticas consecuencias y genera otra violencia. Hago un llamamiento a cuantos tienen responsabilidades pol?ticas a nivel local e internacional para que busquen incesantemente soluciones justas a trav?s del di?logo, de forma que se garantice a las poblaciones de la zona mejores condiciones de vida, en concordia y serenidad. Os invito a uniros a m? en la oraci?n por las v?ctimas, por sus familiares y por cuantos sufren. Que el Se?or sostenga los esfuerzos de aquellos que no se cansan de trabajar por la reconciliaci?n y la paz.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:37  | Habla el Papa
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