Martes, 22 de junio de 2010

ZENIT ?nos ofrece la homil?a que el Papa Benedicto XVI pronunci? hoy durante la celebraci?n de la Solemnidad del Sant?simo Cuerpo y Sangre de Cristo, en el atrio de la Bas?lica de san Juan de Letr?n. Despu?s presidi? la Procesi?n Eucar?stica que, recorriendo la v?a Merulana, lleg? a la Bas?lica de santa Mar?a la Mayor.

Queridos hermanos y hermanas

El sacerdocio del Nuevo Testamento est? estrechamente ligado a la Eucarist?a. Por esto hoy, en la solemnidad del Corpus Domini y casi al t?rmino del A?o Sacerdotal, somos invitados a meditar sobre la relaci?n entre la Eucarist?a y el Sacerdocio de Cristo. En esta direcci?n nos orientan tambi?n la primera lectura y el salmo responsorial, que presentan la figura de Melquisedec. El breve pasaje del Libro del G?nesis (cfr 14,18-20) afirma que Melquisedec, rey de Salem, era "sacerdote del Dios alt?simo", y por esto "ofreci? pan y vino" y "bendijo a Abraham", que volv?a de una victoria en la batalla; Abraham mismo le dio el diezmo de todo. El salmo, a su vez, contiene en la ?ltima estrofa una expresi?n solemne, un juramento de Dios mismo, que declara al Rey Mes?as: ?T? eres sacerdote para siempre / a semejanza de Melquisedec" (Sal 110,4); as? el Mes?as es proclamado no s?lo Rey, sino tambi?n Sacerdote. De este pasaje parte el autor de la Carta a los Hebreos para su amplia y articulada exposici?n. Y nosotros lo hemos recogido en el estribillo: "Tu eres sacerdote para siempre, Cristo Se?or": casi una profesi?n de fe, que adquiere un particular significado en la fiesta de hoy. Es la alegr?a de la comunidad, la alegr?a de la Iglesia entera, que contemplando y adorando al Sant?simo Sacramento, reconoce en ?l la presencia real y permanente de Jes?s sumo y eterno Sacerdote.

La segunda lectura y el Evangelio llevan en cambio la atenci?n al misterio eucar?stico. De la Primera Carta a los Corintios (cfr 11,23-26) se ha tomado el pasaje fundamental en el que san Pablo recuerda a esa comunidad el significado y el valor de la "Cena del Se?or", que el Ap?stol hab?a transmitido y ense?ado, pero que corr?a el riesgo de perderse. El Evangelio en cambio es el relato del milagro de los panes y de los peces, en la redacci?n de san Lucas: un signo atestiguado por todos los evangelistas y que preanuncia el don que Cristo har? de s? mismo, para dar a la humanidad la vida eterna. Ambos textos ponen de relieve la oraci?n de Cristo, en el momento de partir el pan. Naturalmente, hay una diferencia clara entre los dos momentos; cuando reparte los panes y los peces a la multitud, Jes?s da gracias al Padre celestial por su providencia, confiando en que ?l no har? faltar el alimento a toda aquella gente. En la ?ltima Cena, en cambio, Jes?s transforma el pan y el vino en su propio Cuerpo y Sangre, para que los disc?pulos puedan nutrirse de ?l y vivir en comuni?n ?ntima y real con ?l.

La primera cosa que hay que recordar siempre es que Jes?s no era un sacerdote seg?n la tradici?n judaica. La suya no era una familia sacerdotal. No pertenec?a a la descendencia de Aar?n, sino a la de Jud?, y por tanto legalmente le estaba excluida la v?a del sacerdocio. La persona y la actividad de Jes?s de Nazaret no se colocan en la estela de los sacerdotes antiguos, sino m?s bien en la de los profetas. Y en esta l?nea, Jes?s tom? distancia con una concepci?n ritual de la religi?n, criticando la postura que daba mayor valor a los preceptos humanos ligados a la pureza ritual m?s que a la observancia de los mandamientos de Dios, es decir, al amor de Dios y al pr?jimo, que como dice el Evangelio, ?vale m?s que todos los holocaustos y sacrificios? (Mc 12,33). Incluso dentro del Templo de Jerusal?n, lugar sagrado por excelencia, Jes?s lleva a cabo un gesto exquisitamente prof?tico, cuando expulsa a los cambistas y a los vendedores de animales, cosas todas que serv?an para la ofrenda de los sacrificios tradicionales. Por tanto, Jes?s no es reconocido como un Mes?as sacerdotal, sino prof?tico y real. Tambi?n su muerte, que nosotros los cristianos llamamos justamente "sacrificio", no ten?a nada de los sacrificios antiguos, al contrario, era totalmente lo opuesto: la ejecuci?n de una condena a muerte, por crucifixi?n, la m?s infamante, sucedida fuera de los muros de Jerusal?n.

Entonces, ?en qu? sentido Jes?s es sacerdote? Nos lo dice precisamente la Eucarist?a. Podemos volver a partir de esas sencillas palabras que describen a Melquisedec: ?ofreci? pan y vino? (Gn 14,18). Y esto es lo que hizo Jes?s en la ?ltima Cena: ofreci? pan y vino, y en ese gesto se resumi? totalmente a s? mismo y a su propia misi?n. En ese acto, en la oraci?n que lo precede y en las palabras que lo acompa?an est? todo el sentido del misterio de Cristo, tal y como lo expresa la Carta a los Hebreos en un pasaje decisivo, que es necesario citar: "Habiendo ofrecido en los d?as de su vida mortal ? escribe el autor, refiri?ndose a Jes?s ? ruegos y s?plicas con poderoso clamor y l?grimas al que pod?a salvarle de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente, y aun siendo Hijo, con lo que padeci? experiment? la obediencia; y llegado a la perfecci?n, se convirti? en causa de salvaci?n eterna para todos los que le obedecen, proclamado por Dios Sumo Sacerdote a semejanza de Melquisedec" (5,8-10). En este texto, que claramente alude a la agon?a espiritual del Getseman?, la pasi?n de Cristo se presenta como una oraci?n y como una ofrenda. Jes?s afronta su ?hora?, que lo conduce a la muerte de cruz, inmerso en una profunda oraci?n, que consiste en la uni?n de su propia voluntad con la del Padre. Esta doble y ?nica voluntad es una voluntad de amor. Vivida en esta oraci?n, la tr?gica prueba que Jes?s afronta es transformada en ofrenda, en sacrificio viviente.

Dice la Carta que Jes?s "fue escuchado". ?En qu? sentido? En el sentido de que Dios Padre lo liber? de la muerte y lo resucit?. Fue escuchado precisamente por su pleno abandono a la voluntad del Padre: el designio de amor de Dios ha podido realizarse perfectamente en Jes?s, que, habiendo obedecido hasta el extremo de la muerte en cruz, se ha convertido en ?causa de salvaci?n? para todos aquellos que Le obedecen. Se ha convertido en Sumo Sacerdote por haber tomado ?l mismo sobre s? todo el pecado del mundo, como ?Cordero de Dios?. Es el Padre el que le confiere este sacerdocio en el momento mismo en que Jes?s atraviesa el paso de su muerte y resurrecci?n. No es un sacerdocio seg?n el ordenamiento de la ley mosaica (cfr Lv 8-9), sino "seg?n el orden de Melquisedec", seg?n un orden prof?tico, dependiente s?lo de su relaci?n singular con Dios.

Volvamos a la expresi?n de la Carta a los Hebreros que dice: ?aun siendo Hijo, con lo que padeci? experiment? la obediencia?. El sacerdocio de Cristo comporta el sufrimiento. Jes?s ha sufrido verdaderamente, y lo ha hecho por nosotros. ?l era el Hijo y no ten?a necesidad de aprender la obediencia, pero nosotros s?, ten?amos y tenemos necesidad siempre de ella. Por ello el Hijo asumi? nuestra humanidad y se dej? ?educar? por nosotros en el crisol del sufrimiento, se dej? transformar por ?l, como el grano de trigo que para dar fruto debe morir en la tierra. A trav?s de este proceso Jes?s ha sido ?perfeccionado? , en griego teleiotheis. Debemos detenernos en este t?rmino, porque es muy significativo. ?ste indica el cumplimiento de un camino, es decir, precisamente el camino de educaci?n y transformaci?n del Hijo de Dios mediante el sufrimiento, mediante la pasi?n dolorosa. Es gracias a esta transformaci?n que Jesucristo se ha convertido en "sumo sacerdote" y puede salvar a todos aquellos que se conf?an a ?l. El t?rmino teleiotheis, traducida justamente como ?hecho perfecto?, pertenece a una ra?z verbal que, en la versi?n griega del Pentateuco, es decir, los primeros cinco libros de la Biblia, se usa siempre para indicar la consagraci?n de los antiguos sacerdotes. Este descubrimiento es muy precioso, porque nos dice que la pasi?n fue para Jes?s como una consagraci?n sacerdotal. ?l no era sacerdote seg?n la Ley, pero lo ha llegado a ser de forma existencial en su Pascua de pasi?n, muerte y resurrecci?n: se ofreci? a s? mismo en expiaci?n y el Padre, exhalt?ndolo por encima de toda criatura, lo ha constituido Mediador universal de salvaci?n.

Volvamos, en nuestra meditaci?n, a la Eucarist?a, que dentro de poco estar? en el centro de nuestra asamblea lit?rgica. En ella Jes?s anticip? su Sacrificio, un Sacrificio no ritual, sino personal. En la ?ltima Cena ?l act?a movido por ese "esp?ritu eterno" con el que se ofrecer? despu?s sobre la Cruz (cfr Hb 9,14). Dando las gracias y bendiciendo, Jes?s transforma el pan y el vino. Es el amor divino que transforma: el amor con que Jes?s acepta por anticipado darse completamente a s? mismo por nosotros. Este amor no es otro que el Esp?ritu Santo, el Esp?ritu del Padre y del Hijo, que consagra el pan y el vino y cambia su sustancia en el Cuerpo y en la Sangre del Se?or, haciendo presente en el Sacramento el mismo Sacrificio que se realiza despu?s de forma cruenta en la Cruz. Podemos por tanto concluir que Cristo fue sacerdote verdadero y eficaz porque estaba lleno de la fuerza del Esp?ritu Santo, estaba lleno de toda la plenitud del amor de Dios, y esto precisamente ?en la noche en que fue traicionado?, precisamente en la ?hora de las tinieblas? (cfr Lc 22,53). Es esta fuerza divina, la misma que realiz? la Encarnaci?n del Verbo, la que transforma la extrema violencia y la extrema injusticia en un acto supremo de amor y de justicia. Esta es la obra del sacerdocio de Cristo, que la Iglesia ha heredado y prolonga en la historia, en la doble forma del sacerdocio com?n de los bautizados y del ordenado de los ministros, para transformar el mundo con el amor de Dios. Todos, sacerdotes y fieles, nos nutrimos de la misma Eucarist?a, todos nos postramos a adorarLa, porque en ella est? presente nuestro Maestro y Se?or, est? presente el verdadero Cuerpo de Jes?s, V?ctima y Sacerdote, salvaci?n del mundo. ?Venid, exultemos con cantos de alegr?a! ?Venid, adoremos! Am?n.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:35  | Habla el Papa
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