Mi?rcoles, 23 de junio de 2010

ZENIT?? publica la homil?a que pronunci? Benedicto XVI al celebrar en la tarde del s?bado, 5 de Junio de 2010,??la santa misa con los sacerdotes, religiosos, di?conos, catequistas y movimientos eclesiales de Chipre en la iglesia de la Santa Cruz de Nicosia.


Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

El Hijo del Hombre debe ser elevado, para que todo aquel que crea en ?l tenga vida eterna (cf.?Jn?3,14-15). En esta Misa votiva adoramos y alabamos a nuestro Se?or Jesucristo, porque con su Santa Cruz redimi? al mundo.?A trav?s de su muerte y resurrecci?n ha abierto las puertas del cielo y ha preparado un lugar para nosotros, para que nosotros, sus seguidores, podamos obtener una participaci?n en su gloria.

En la alegr?a de la victoria salvadora de Cristo, os saludo a todos los que est?is aqu? en la Iglesia de la Santa Cruz y os agradezco por vuestra presencia.?Estoy muy agradecido por la calidez de la acogida que me hab?is dado.?Estoy especialmente agradecido a Su Beatitud el Patriarca Latino de Jerusal?n por sus palabras de bienvenida en el comienzo de la misa, y por la presencia del Padre Custodio de Tierra Santa. Aqu?, en Chipre, una tierra que fue el primer puerto de escala en los viajes misioneros de san Pablo a trav?s del Mediterr?neo, vengo entre vosotros hoy, siguiendo los pasos del gran Ap?stol, para fortaleceros en vuestra fe cristiana y para predicar el Evangelio que ofrece la vida y la esperanza al mundo.

La atenci?n de nuestra celebraci?n hoy es la Cruz de Cristo. Muchos podr?an estar tentados de preguntar por qu? nosotros los cristianos celebramos un instrumento de tortura, un signo de sufrimiento, de derrota y de fracaso. Es cierto que la Cruz expresa todas estas cosas.?Y, sin embargo, a causa del que fue levantado en la Cruz por nuestra salvaci?n, tambi?n representa el triunfo definitivo del amor de Dios sobre todo el mal en el mundo.

Existe una antigua tradici?n de que la madera de la Cruz fue tomada de un ?rbol plantado por el hijo de Ad?n, Set, sobre el lugar donde fue enterrado Ad?n.?En ese mismo lugar, conocido como el G?lgota, el lugar de la calavera, Set plant? una semilla del ?rbol del conocimiento del bien y del mal, el ?rbol que estaba en medio del Jard?n del Ed?n. A trav?s de la providencia de Dios, la obra del Maligno, se deshace volviendo sus propias armas contra ?l.

Seducido por la serpiente, Ad?n hab?a abandonado su confianza filial en Dios y pec? comiendo del fruto del ?rbol del jard?n que estaba prohibido para ?l. Como consecuencia de ese pecado, el sufrimiento y la muerte vinieron al mundo. Los tr?gicos efectos del pecado, el sufrimiento y la muerte eran demasiado evidentes en la historia de los descendientes de Ad?n.?Vemos esto en nuestra primera lectura de hoy, con sus ecos de la Ca?da y su prefiguraci?n de la redenci?n de Cristo.

Como castigo por su pecado, los israelitas, languideciendo en el desierto, fueron mordidos por serpientes y s?lo podr?an ser salvados de la muerte dirigiendo la mirada al emblema que Mois?s levant?, prefigurando la Cruz que pondr?a fin al pecado y la muerte de una vez por todas.?Vemos claramente que el hombre no puede salvarse de las consecuencias de su pecado. ?l no puede salvarse de la muerte. S?lo Dios puede liberarlo de su esclavitud moral y f?sica.?Y porque amaba tanto al mundo, envi? a su Hijo unig?nito, no para condenar al mundo - como la justicia parec?a exigir - sino para que a trav?s de ?l el mundo se salve. El?Hijo unig?nito de Dios ten?a que ser levantado como Mois?s levant? la serpiente en el desierto, para que todos los que le miraran con fe tuviesen vida.

La madera de la Cruz se convirti? en el veh?culo para nuestra redenci?n, as? como el ?rbol del que estaba formado hab?a ocasionado la ca?da de nuestros primeros padres.?El sufrimiento y la muerte, que hab?an sido una consecuencia del pecado, se convirtieron en el mismo medio por el cual el pecado fue vencido.?El inocente Cordero fue inmolado en el altar de la cruz, y sin embargo, de la inmolaci?n de la v?ctima surgi? adelante una nueva vida: el poder del mal fue destruido por el poder del amor que se sacrifica a s? mismo.

La Cruz, por tanto, es algo mucho m?s grande y m?s misterioso de lo que parece a primera vista. De hecho, es un instrumento de tortura, de sufrimiento y de derrota, pero al mismo tiempo expresa la transformaci?n completa, la reversi?n definitiva de estos males: esto es lo que la convierte en el s?mbolo m?s elocuente de la esperanza que el mundo haya visto jam?s. ?sta?habla a todos los que sufren - los oprimidos, los enfermos, los pobres, los marginados, las v?ctimas de la violencia - y les ofrece la esperanza de que Dios puede transformar su sufrimiento en alegr?a, su aislamiento en comuni?n, su muerte en vida.?Ofrece esperanza ilimitada a nuestro mundo ca?do.

Por eso, el mundo necesita la Cruz. La cruz no es s?lo un s?mbolo privado de devoci?n, no es s?lo un s?mbolo de pertenencia a un determinado grupo dentro de la sociedad, y, en su sentido m?s profundo, no tiene nada que ver con la imposici?n de un credo o una filosof?a por la fuerza. Ella habla de la esperanza, habla de amor, habla de la victoria de la no violencia sobre la opresi?n, habla de que Dios eleva a los humildes, da fuerza a los d?biles, vence la divisi?n, y supera el odio con el amor. Un mundo sin la Cruz ser?a un mundo sin esperanza, un mundo en el que la tortura y la brutalidad estar?an fuera de control, donde el d?bil ser?a explotado y la codicia tendria la ?ltima palabra. La inhumanidad del hombre hacia el hombre se manifiestar?a en formas cada vez m?s espantosas, y no habr?a fin al c?rculo vicioso de la violencia. S?lo la Cruz pone fin a la misma. Si bien ning?n poder terrenal puede salvarnos de las consecuencias de nuestros pecados, y ning?n poder terrenal puede derrotar a la injusticia en su origen, sin embargo, la intervenci?n salvadora del Dios del amor ha transformado la realidad del pecado y la muerte en su contrario. Eso es lo que celebramos cuando nos gloriamos en la cruz de nuestro Redentor. Con raz?n san Andr?s de Creta describ?a la Cruz como "lo m?s noble, m?s precioso que cualquier cosa en la tierra [...] pues en ella, a trav?s de ella y por ella, todas las riquezas de nuestra salvaci?n fueron guardadas y restauradas para nosotros" (Oratio X;?PG 97, 1018-1019).

Queridos hermanos sacerdotes, queridos religiosos, queridos catequistas, se nos ha confiado el mensaje de la cruz para que podamos ofrecer esperanza al mundo. Cuando proclamamos a Cristo crucificado, no nos anunciamos a nosotros mismos, sino a ?l. No ofrecemos nuestra propia sabidur?a al mundo, no proclamamos ninguno de nuestros m?ritos, sino que actuamos como instrumentos de su sabidur?a, de su amor y de m?ritos redentores. Sabemos que somos simplemente vasijas de barro y, sin embargo, hemos sido sorprendentemente elegidos para ser mensajeros de la verdad redentora que el mundo necesita escuchar. Jam?s nos cansemos de admirarnos ante la gracia extraordinaria que se nos ha dado, nunca dejemos de reconocer nuestra indignidad, pero, al mismo tiempo, esforc?monos siempre para ser menos indignos de nuestra noble llamada, de manera que no pongamos en entredicho la credibilidad de nuestro testimonio con nuestros errores y ca?das.

En este A?o Sacerdotal, permitidme que me dirija de modo especial a los presb?teros aqu? presentes, y a quienes se preparan para la ordenaci?n. Meditad las palabras que el Obispo dirige al ordenando cuando le hace entrega del c?liz y la patena: "Considera lo que realizas e imita lo que conmemoras, y conforma tu vida con el misterio de la cruz del Se?or". A la vez que proclamamos la cruz de Cristo, esforc?monos siempre por imitar el amor gratuito de quien se ofreci? a s? mismo por nosotros en el altar de la cruz, de quien es al mismo tiempo sacerdote y v?ctima, de aquel en cuyo nombre hablamos y actuamos cuando ejercemos el ministerio que hemos recibido. Mientras pensamos en nuestras faltas, tanto individual como comunitariamente, reconozcamos humildemente que hemos merecido el castigo que ?l, Cordero inocente, ha sufrido por nosotros. Y si, en consonancia con cuanto nos merecemos, participamos en el sufrimiento de Cristo, alegr?monos porque tendremos una felicidad mucho m?s grande cuando se revele su gloria.

En mi pensamiento y oraci?n, me acuerdo particularmente de muchos sacerdotes y religiosos de Oriente Medio que est?n sintiendo en estos momentos una llamada especial a configurar su vida con el misterio de la cruz del Se?or. Donde los cristianos son minor?a, donde sufren dificultades por tensiones religiosas y ?tnicas, muchas familias toman la decisi?n de huir, y tambi?n los pastores tienen la tentaci?n de hacer lo mismo. En situaciones de este tipo, sin embargo, un sacerdote, una comunidad religiosa, una parroquia que se mantiene firme y contin?a dando testimonio de Cristo es un signo extraordinario de esperanza, no s?lo para los cristianos sino tambi?n para todos los que viven en la regi?n. Su presencia es ya de por s? una manifestaci?n elocuente del Evangelio de la paz, de la voluntad del Buen Pastor de cuidar de todas las ovejas, del inquebrantable compromiso de la Iglesia en favor del di?logo, la reconciliaci?n y la aceptaci?n amorosa del pr?jimo. Abrazando la cruz que se les presenta, los sacerdotes y religiosos de Oriente Medio pueden irradiar realmente la esperanza que est? en el centro del misterio que celebramos en la liturgia de hoy.


Que nos consuelen las palabras de la segunda lectura de hoy, que expresan magn?ficamente el triunfo reservado a Cristo despu?s de su muerte en cruz, triunfo que estamos invitados a compartir: "Por eso Dios lo levant? sobre todo, y le concedi? el 'Nombre-sobre-todo- nombre'; de modo que al nombre de Jes?s toda rodilla se doble, en el cielo, en la tierra, en el abismo" (Flp 2,9-10).


[En griego]

S?, queridos hermanos y hermanas en Cristo, lejos de nosotros gloriarnos si no es en la cruz de Nuestro Se?or Jesucristo (cf. Gal 6,14). ?l es nuestra vida, nuestra salvaci?n y nuestra resurrecci?n; a trav?s de ?l somos salvados y liberados.

[Traducci?n del original en ingl?s por Inma ?lvarez
? Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:44  | Habla el Papa
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