Mi?rcoles, 23 de junio de 2010

ZENIT publica el discurso pronunciado?el s?bado, 5 de Junio de 2010,?por Benedicto XVI en el jard?n del Palacio presidencial de Nicosia frente a las Autoridades civiles y al Cuerpo diplom?tico de Chipre.

Se?or Presidente,
Excelencias,
Se?oras y Se?ores,

Estoy agradecido, como parte de mi viaje apost?lico a Chipre, de tener esta oportunidad de reunirme con las autoridades pol?ticas y civiles de la Rep?blica, as? como con los miembros de la comunidad diplom?tica. Doy las gracias al Presidente Christofias por las amables palabras de saludo que expres? en vuestro nombre, y yo correspondo de buen grado con mis propios respetuosos buenos deseos para vuestra importante labor, recordando en particular la feliz ocasi?n del 50 aniversario de la Constituci?n de la Rep?blica.

Acabo de depositar una ofrenda floral en el monumento en memoria del difunto arzobispo Makarios, primer Presidente de la Rep?blica de Chipre. Como ?l, cada uno de vosotros en vuestra vida de servicio p?blico deb?is estar comprometidos en servir al bien de los dem?s en la sociedad, ya sea a nivel local, nacional o internacional. Esta es una noble vocaci?n que la Iglesia estima. Cuando se lleva a cabo fielmente, el servicio p?blico nos permite crecer en sabidur?a, integridad y realizaci?n personal. Plat?n, Arist?teles y los estoicos daba mucha importancia a dicho cumplimiento ? eudemonia ? como objetivo para todo ser humano, y vieron en el car?cter moral la forma de alcanzar ese objetivo. Para ellos, y para los grandes fil?sofos isl?micos y cristianos que siguieron sus pasos, la pr?ctica de la virtud consiste en actuar de conformidad con la recta raz?n, en la b?squeda de todo lo que es verdadero, bueno y hermoso.

Desde una perspectiva religiosa, somos miembros de una misma familia humana creada por Dios y estamos llamados a promover la unidad y a construir un mundo m?s justo y fraterno basado en valores perdurables. En la medida en que cumplimos con nuestro deber, servimos a los dem?s y nos adherimos a lo que es correcto, nuestras mentes se vuelven m?s abiertas a las verdades m?s profundas y nuestra libertad crece fuerte en la fidelidad a lo que es bueno. Mi predecesor, el Papa Juan Pablo II escribi? una vez que la obligaci?n moral no debe ser vista como una ley que se impone desde fuera y exigiendo la obediencia, sino m?s bien como una expresi?n de la sabidur?a de Dios a la que la libertad humana se somete f?cilmente (cf. Veritatis splendor, 41) . Como seres humanos encontramos nuestra realizaci?n ?ltima en referencia a esa Realidad Absoluta cuyo reflejo es se encuentra tan frecuentemente en nuestra conciencia como una apremiante invitaci?n a servir a la verdad, la justicia y el amor.

A nivel personal, como servidores p?blicos, vosotros conoc?is la importancia de la verdad, la integridad y el respeto en vuestras relaciones con los dem?s. Las relaciones personales son a menudo los primeros pasos hacia la construcci?n de la confianza y ? a su debido tiempo ? de s?lidos lazos de amistad entre individuos, pueblos y naciones. Esta es una parte esencial de vuestra funci?n, tanto como pol?ticos que como diplom?ticos. En los pa?ses con delicadas situaciones pol?ticas, estas relaciones personales honradas y abiertas puede ser el comienzo de un bien mucho mayor para sociedades y pueblos enteros. Permitidme que os anime a todos vosotros, presentes aqu? hoy, para que aprovecheis las oportunidades que se os ofrezcan, tanto personal como institucionalmente, para construir estas relaciones y, al hacerlo, para promover el mayor bien del acuerdo entre las naciones y del verdadero bien de aquellos a quienes represent?is.

Los antiguos fil?sofos griegos tambi?n nos ense?an que el bien com?n se sirve precisamente por la influencia de personas dotadas de una clara visi?n moral y coraje. De esta manera, las pol?ticas se purifican de los intereses ego?stas o presiones partidistas y se colocan sobre una base m?s s?lida. Por otra parte, las aspiraciones leg?timas de aquellos a los que representamos se protegen y fomentan. La rectitud moral y el respeto imparcial a los dem?s y a su bienestar son esenciales para el bien de toda sociedad, ya que establecen un clima de confianza en la que todas las interacciones humanas, sean religiosas o econ?micas, sociales y culturales, o civiles y pol?ticas, adquieren fuerza y sustancia. Pero ?qu? significa en t?rminos pr?cticos respetar y promover la verdad moral en el mundo de la pol?tica y la diplomacia, en los planos nacional e internacional? ?C?mo puede la b?squeda de la verdad lograr una mayor armon?a en las regiones atribuladas de la Tierra? Yo sugerir?a que se puede hacer de tres maneras.

En primer lugar, la promoci?n de la verdad moral significa actuar con responsabilidad sobre la base del conocimiento de los hechos. Como diplom?ticos, sab?is por experiencia que ese conocimiento os ayuda a identificar las injusticias y agravios, a fin de examinar desapasionadamente las preocupaciones de todos los involucrados en un conflicto determinado. Cuando los partidos se elevan encima de su propia visi?n particular de los acontecimientos, adquieren una visi?n objetiva y completa. Aquellos que son llamados a resolver estas disputas son capaces de tomar decisiones justas y promover la reconciliaci?n genuina cuando captan y reconocen la plena verdad de una cuesti?n espec?fica.

Una segunda manera de promover la verdad moral consiste en la deconstrucci?n de las ideolog?as pol?ticas que quieren suplantar a la verdad. Las tr?gicas experiencias del siglo XX han puesto al descubierto la falta de humanidad que se deriva de la supresi?n de la verdad y la dignidad humana. En nuestros d?as, estamos siendo testigos de los intentos de promover supuestos valores con el pretexto de la paz, del desarrollo y de los derechos humanos. En este sentido, hablando ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, llam? la atenci?n sobre los intentos de algunos sectores de reinterpretar la Declaraci?n Universal de los Derechos Humanos para dar satisfacci?n a intereses particulares que podr?an comprometer la unidad interna de la Declaraci?n y alejarla de su prop?sito original (v?ase Discurso a la Asamblea General de Naciones Unidas, 18 de abril de 2008).

En tercer lugar, la promoci?n de la verdad moral en la vida p?blica exige un esfuerzo constante en basar el derecho positivo en los principios ?ticos de la ley natural. El recurso a esta ?ltima fue una vez considerado evidente, pero la marea del positivismo en la teor?a jur?dica contempor?nea requiere la actualizaci?n de este axioma importante. Los individuos, las comunidades y los Estados, sin la gu?a de verdades objetivamente morales, se convertir?an en ego?stas y sin escr?pulos y el mundo ser?a un lugar m?s peligroso para vivir. Por otra parte, respetando los derechos las personas y pueblos, se protege y promueve la dignidad humana. Cuando las pol?ticas que apoyamos se promulgan en armon?a con la ley natural propia de nuestra humanidad com?n, a continuaci?n, nuestras acciones se vuelven m?s s?lidas y conducen a un ambiente de comprensi?n, justicia y paz.

Se?or Presidente, distinguidos amigos, con estas consideraciones reafirmo mi estima y la de la Iglesia por vuestro importante servicio a la sociedad ya la construcci?n de un futuro seguro para nuestro mundo. Invoco sobre todos vosotros las bendiciones divinas de sabidur?a, fuerza y perseverancia en el cumplimiento de vuestras funciones. Gracias.

[Traducci?n del original en ingl?s por Inma ?lvarez
? Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:54  | Habla el Papa
 | Enviar