Viernes, 25 de junio de 2010

ZENIT nos ofrece la homil?a pronunciada?el jueves 24 de Junio de 2010?por el Papa durante su visita al monasterio de dominicas de clausura de Santa Mar?a del Rosario en el Monte Mario, durante la celebraci?n de la Hora Media.

Queridas hermanas,

dirijo a cada una de vosotras las palabras del Salmo 124 (125), que acabamos de rezar: ?Colma de bienes, Se?or, a los buenos y a los rectos de coraz?n" (v. 4). Os saludo sobre todo con este augurio: est? sobre vosotras la bondad del Se?or. En particular, saludo a vuestra Madre Priora, y le agradezco de coraz?n las amables expresiones que me ha dirigido en nombre de la comunidad. Con gran alegr?a acog? la invitaci?n a visitar este Monasterio, para poder detenerme con vosotras a los pies de la imagen de la Virgen acheropita de san Sixto, ya protectora de los monasterios romanos de Santa Mar?a in Tempulo y de San Sixto.

Hemos rezado juntos la Hora Media, una peque?a parte de esta Oraci?n Lit?rgica que, como claustrales, marca los ritmos de vuestras jornadas y os hace int?rpretes de la Iglesia-Esposa, que se une, de forma especial, con su Se?or. Para esta oraci?n coral, que encuentra su culmen en la participaci?n cotidiana en el Sacrificio Eucar?stico, vuestra consagraci?n al Se?or en el silencio y en el ocultamiento se hace fecunda y llena de frutos, no s?lo en orden al camino de santificaci?n y de purificaci?n, sino tambi?n respecto a ese apostolado de intercesi?n que llev?is a cabo por toda la Iglesia, para que pueda aparecer pura y santa en presencia del Se?or. Vosotros, que conoc?is bien la eficacia de la oraci?n, experiment?is cada d?a cu?ntas gracias de santificaci?n esta puede obtener en la Iglesia.

Queridas hermanas, la comunidad que form?is es un lugar en el que poder morar en el Se?or; esta es para vosotros la Nueva Jerusal?n, a la que suben las tribus del Se?or para alabar el nombre del Se?or (cfr Sal 121,4). Sed agradecidas a la divina Providencia por el don sublime y gratuito de la vocaci?n mon?stica, a la que el Se?or os ha llamado sin m?rito alguno vuestro. Con Isa?as pod?is afirmar ?el Se?or me plasm? desde el seno materno" (Is 49,5). Antes a?n de que nacieseis, el Se?or hab?a reservado para S? vuestro coraz?n para poderlo llenar de su amor. A trav?s del sacramento del Bautismo hab?is recibido en vosotros la Gracia divina e, inmersas en su muerte y resurrecci?n, hab?is sido consagradas a Jes?s, para pertenecerle exclusivamente. La forma de vida contemplativa, que de las manos de santo Domingo hab?is recibido en la modalidad de la clausura, os coloca, como miembros vivos y vitales, en el coraz?n del cuerpo m?stico del Se?or, que es la Iglesia; y como el coraz?n hace circular la sangre y mantiene con vida al cuerpo entero, as? vuestra existencia escondida con Cristo, entretejida de trabajo y de oraci?n, contribuye a sostener a la Iglesia, instrumento de salvaci?n para cada hombre al que el Se?or redimi? con su Sangre.

Es a esta fuente inagotable a la que vosotros os acerc?is con la oraci?n, presentando en presencia del Alt?simo las necesidades espirituales y materiales de tantos hermanos en dificultad, la vida descarriada de cuantos se alejan del Se?or. ?C?mo no moverse a compasi?n por aquellos que parecen vagar sin meta? ?C?mo no desear que en su vida suceda el encuentro con Jes?s, el ?nico que da sentido a la existencia? El santo deseo de que el Reino de Dios se instaure en el coraz?n del cada hombre, se identifica con la oraci?n misma, como nos ense?a san Agust?n: Ipsum desiderium tuum, oratio tua est; et si continuum desiderium, continua oratio (cfr Ep. 130, 18-20); por ello, como fuego que arde y nunca se apaga, el coraz?n permanece pie, no deja nunca de desear y eleva siempre a Dios el himno de alabanza.

Reconoced por ello, queridas hermanas, que en todo lo que hac?is, m?s all? de los momentos personales de oraci?n, vuestro coraz?n sigue siendo guiado por el deseo de amar a Dios. Con el obispo de Hipona, reconoced que el Se?or es quien ha puesto en vuestros corazones su amor, deseo que dilata el coraz?n, hasta hacerlo capaz de acoger al mismo Dios (cfr In O. Ev. tr. 40, 10). ?Este es el horizonte de la peregrinaci?n terrena! ?Esta es vuestra meta! Por esto hab?is elegido vivir en el ocultamiento y en la renuncia a los bienes terrenos: para desear por encima de todo ese bien que no tiene igual, esa perla preciosa que merece la renuncia a cualquier otro bien para entrar en posesi?n suya.

Que pod?is pronunciar cada d?a vuestro "s?" a los designios de Dios, con la misma humildad con que dijo su ?si? la Virgen Santa. Ella, que en el silencio acogi? la Palabra de Dios, os gu?e en vuestra consagraci?n virginal diaria, para que pod?is experimentar en el ocultamiento la profunda intimidad vivida por Ella con Jes?s. Invocando su protecci?n maternal, junto con la de santo Domingo, santa Catalina de Siena y de los tantos santos y santas de la Orden Dominica, os imparto a todas una especial Bendici?n Apost?lica, que extiendo de buen grado a las personas que se conf?an a vuestras oraciones.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 19:22  | Habla el Papa
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