S?bado, 03 de julio de 2010

ZENIT??publica el discurso que dirigi? Benedicto XVI?el lunes 14 de Junio de 2010 al recibir en la Sala del Consistorio del Palacio Apost?lico vaticano a los miembros de la comunidad de la Academia Pontificia Eclesi?stica, donde se forman los sacerdotes que ofrecer?n su servicio a la Santa Sede en la Secretar?a de Estado y en las representaciones pontificias y nunciaturas apost?licas de los cinco continentes.

Venerados hermanos en el episcopado,
queridos sacerdotes:

Siempre os doy la bienvenida con alegr?a con motivo de nuestro acostumbrado encuentro, que me ofrece la oportunidad de saludaros y alentaros y de presentaros algunas reflexiones sobre el trabajo en las representaciones pontificias. Saludo al presidente, el arzobispo Beniamino Stella, que con entrega y sentido eclesial sigue vuestra formaci?n, y le doy las gracias por las palabras que me ha dirigido en nombre de todos. Dirijo un agradecido saludo a sus colaboradores y a las Hermanas Franciscanas Misioneras del Ni?o Jes?s.

Quisiera detenerme brevemente a comentar lo que significa el concepto de representaci?n. Con frecuencia se es considerado actualmente de manera parcial: se da la tendencia a asociarlo con algo meramente exterior, formal, poco personal.

El servicio de representaci?n para el que os est?is preparando, sin embargo, es algo mucho m?s profundo, pues es participaci?n en la solicitud de todas las iglesias ["omnium ecclesiarum"], que caracteriza al ministerio del romano pont?fice. Se trata por tanto de una realidad eminentemente personal, destinada a tener una profunda incidencia en quien est? llamado a desempe?ar una tarea tan particular. Desde esta perspectiva eclesial, el ejercicio de la representaci?n implica precisamente la exigencia de acoger y de alimentar con atenci?n especial, en la propia vida sacerdotal, algunas dimensiones que quisiera indicar, aunque sea brevemente, para que sean motivo de reflexi?n en vuestro camino formativo.

Ante todo, esto implica cultivar una adhesi?n plena interior a la persona del Papa, a su magisterio y al ministerio universal. Es decir, adhesi?n plena a aquel que ha recibido la tarea de confirmar a los hermanos en la fe (Cf. Lucas 22,32) y que "es el principio y fundamento perpetuo visible de unidad, tanto de los obispos como de la multitud de los fieles" (Lumen gentium, 23). En segundo lugar, asumir, como estilo de vida y como prioridad cotidiana, un cuidado atento --una verdadera "pasi?n"-- por la comuni?n eclesial. Representar al romano pont?fice significa, adem?s, tener la capacidad de ser un "puente" s?lido, un canal seguro de comunicaci?n entre las Iglesias particulares y la Sede Apost?lica: por un lado, poniendo a disposici?n del Papa y de sus colaboradores una visi?n objetiva, correcta y profunda de la realidad eclesial y social en que se vive; por otro, empe??ndose por transmitir las normas, las indicaciones, las orientaciones que manan de la Santa Sede, no de manera burocr?tica, sino con profundo amor a la Iglesia y con la ayuda de la confianza personal pacientemente construida, respetando y valorando, al mismo tiempo, los esfuerzos de los obispos y el camino de las Iglesias particulares adonde uno ha sido enviado.

Como se puede intuir, el servicio al que os est?is preparando exige una entrega plena y una disponibilidad generosa para sacrificar, si es necesario, intuiciones personales, proyectos propios y otras posibilidades de ejercicio del ministerio sacerdotal. Desde una perspectiva de fe y de respuesta concreta a la llamada de Dios, que hay que alimentar siempre en una relaci?n intensa con el Se?or, esto no envilece la originalidad de cada quien, sino que m?s bien resulta sumamente enriquecedor: el esfuerzo por ponerse en sinton?a con la perspectiva universal y con el servicio a la unidad de la grey de Dios, algo propio del ministerio petrino, es capaz de valorizar, de manera singular los dotes y talentos de cada uno, seg?n esa l?gica que san Pablo mostr? a los cristianos de Corinto (Cf. 1 Cor?12,1-31). De este modo, el representante pontificio, junto con sus colaboradores, se convierte verdaderamente en signo de la presencia y de la caridad del Papa. Y si esto supone un beneficio para la vida de todas las Iglesias particulares, lo es especialmente en esas situaciones particularmente delicadas o dif?ciles en que, por diversas razones, se puede encontrar la comunidad cristiana. Se trata de un aut?ntico servicio sacerdotal, caracterizado por una analog?a, que no es remota, con la representaci?n de Cristo, t?pica del sacerdote que, como tal, tiene una dimensi?n sacrificial intr?nseca.

De aqu? tambi?n deriva el estilo peculiar del servicio de representaci?n al que est?is llamados a ejercer ante las autoridades estatales y ante las organizaciones internacionales. Tambi?n en estos ?mbitos la figura y la presencia del nuncio, del delegado apost?lico, del observador permanente, es determinada no s?lo por el ambiente en el que trabaja, sino antes a?n y principalmente por aqu?l a quien se est? llamado a representar. Esto pone al representante pontificio en una posici?n particular con respecto a los dem?s embajadores o enviados. Ser portavoz del vicario de Cristo puede ser comprometedor, en ocasiones sumamente exigente, pero nunca ser? mortificante o despersonalizador. ?Es, en cambio, una forma original de realizar la propia vocaci?n sacerdotal.?

Queridos alumnos, deseando que vuestra Casa pueda ser, como le gustaba decir a mi predecesor Pablo VI, una "escuela superior de caridad", os acompa?o con mi oraci?n y os encomiendo a la intercesi?n de la bienaventurada Virgen Mar?a,?Mater Ecclesiae, y de san Antonio Abad, patrono de la Academia. A todos vosotros y a vuestros seres queridos imparto de coraz?n mi bendici?n.

[Traducci?n del original italiano realizada por Jes?s Colina
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:08  | Habla el Papa
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