Domingo, 04 de julio de 2010

ZENIT nos ofrece el discurso que Benedicto XVI ofreci? este s?bado a los participantes de la 45? reuni?n ordinaria del Banco de Desarrollo del Consejo de Europa, al recibirles en audiencia en la Sala Clementina del Palacio Apost?lico Vaticano (Junio 2010).

Se?or Gobernador y Se?ores Presidentes,
Se?oras y Se?ores Embajadores,
Se?oras y Se?ores Administradores,
Queridos amigos,

La 45? reuni?n ordinaria del Banco de Desarrollo del Consejo de Europa os ha conducido a Roma y tengo el placer de recibiros esta ma?ana en el Palacio Apost?lico al t?rmino de vuestro encuentro.

Le agradezco, Se?or Gobernador, sus palabras que destacan la importancia que la Santa Sede da al Banco de Desarrollo del Consejo de Europa, de la que es miembro desde 1973. En 1956, el Consejo de Europa fund? una banca que ten?a una vocaci?n exclusivamente social, para tener un instrumento cualificado a fin de promover su propia pol?tica de solidaridad. Esta banca se ha ocupado, desde sus inicios, de los problemas relativos a los refugiados, y despu?s ha extendido sus competencias a todo el ?mbito de la cohesi?n social. La Santa Sede no puede m?s que mirar con inter?s una estructura que apoya a trav?s de sus pr?stamos proyectos sociales, que se preocupa del desarrollo, que responde a situaciones de urgencia y que quiere contribuir a la mejora de las condiciones de vida de las personas en necesidad.

Los acontecimientos pol?ticos que se desarrollaron en Europa a finales del siglo pasado, le han permitido respirar finalmente con sus dos pulmones, por volver a utilizar la expresi?n de mi venerado predecesor. Todos sabemos que todav?a queda un largo camino por recorrer para hacer efectiva esta realidad. Los intercambios econ?micos y financieros entre el este y el oeste europeos ciertamente se han desarrollado, pero ?ha habido un progreso humano real? ?La liberaci?n de ideolog?as totalitarias no se ha utilizado unilateralmente para el mero progreso econ?mico en detrimento de un desarrollo m?s humano respetando la dignidad y la nobleza del hombre y no ha ignorado, a veces, riquezas espirituales que han modelado la identidad europea? Las intervenciones del Banco en favor de los pa?ses de la Europa del este, del centro y del sureste permitir?n, estoy seguro, corregir los desequilibrios en favor de un proceso basado en la justicia y la solidaridad. ?stos son indispensables para el presente y el futuro de Europa.

Igual que yo, ustedes saben que hoy en d?a el mundo y Europa atraviesan un momento particularmente grave de crisis econ?mica y financiera. Este momento no debe conducir a limitaciones basadas ?nicamente en un an?lisis estrictamente financiero. Debe, al contrario, permitir al Banco de Desarrollo mostrar su originalidad reforzando la integraci?n social, la gesti?n medioambiental y el desarrollo de infraestructuras p?blicas de vocaci?n social. Aliento vivamente el trabajo de la Banca en este sentido y en el de la solidaridad. Ella ser? tambi?n as? fiel a su vocaci?n.

Frente a los desaf?os actuales que el mundo y Europa deben afrontar, he querido atraer la atenci?n en mi ?ltima Enc?clica, Caritas in veritate, sobre la Doctrina social de la Iglesia y sobre su aportaci?n positiva a la construcci?n de la persona humana y de la sociedad. La Iglesia ve, como continuaci?n de Cristo, el amor a Dios y al pr?jimo, como un potente motor capaz de ofrecer una aut?ntica energ?a que podr? irrigar al conjunto del entorno social, jur?dico, cultural, pol?tico y econ?mico. He querido destacar que la relaci?n que existe entre el amor y la verdad es, si se vive bien, una fuerza din?mica que regenera el conjunto de las relaciones interpersonales y que ofrece una novedad real en la reorientaci?n de la vida econ?mica y financiera que ella renueva, al servicio del hombre y de su dignidad para las que existen. La econom?a y las finanzas no existen para ellas mismas, no son m?s que una herramienta, un medio. Su fin es ?nicamente la persona humana y su realizaci?n plena en la dignidad. ?ste es el ?nico capital que conviene salvar. Y en este capital, se encuentra la dimensi?n espiritual de la persona humana. El cristianismo ha permitido a Europa comprender lo que es la libertad, la responsabilidad y la ?tica que impregnan sus leyes y sus estructuras sociales. Marginar el cristianismo -tambi?n por la exclusi?n de los s?mbolos que lo manifiestan- contribuir?a a amputar nuestro continente de la fuente fundamental que lo nutre sin descanso y que contribuye a su verdadera identidad. Efectivamente, el cristianismo est? en la fuente de los ?valores espirituales y morales que son el patrimonio com?n de los pueblos europeos?, valores a los que los Estados miembros del Consejo de Europa han manifestado su adhesi?n inquebrantable en el Pre?mbulo del Estatuto del Consejo de Europa. Esta adhesi?n, que se reafirm? en la Declaraci?n de Varsovia de 2005 arraiga y garantiza la vitalidad de los principios en los que se basa la vida pol?tica y social europea, y en particular la actividad del Consejo de Europa.

En este contexto, el Banco de Desarrollo es ciertamente una instituci?n financiera, una herramienta econ?mica, por tanto. Sin embargo, su creaci?n se quiso para responder a exigencias que sobrepasan lo financiero y lo econ?mico. Tiene una raz?n de existir que es social. Est?, por tanto, llamada a ser plenamente aquello para lo que ha sido querida: un instrumento t?cnico que permite la solidaridad. Esto debe vivirse en la fraternidad. La fraternidad es generosa, no calcula. Quiz?s habr?a que aplicar m?s estos criterios en las elecciones internas del Banco y en su acci?n externa. La fraternidad permite espacios de gratuidad que, si bien son indispensables, son dif?cilmente concebibles o posibles de alcanzar cuando el ?nico fin que se busca es la eficacia y el beneficio. Todos sabemos tambi?n que este dualismo no es un determinismo absoluto e insuperable ya que puede superarse. Para ello, la novedad consistir?a en introducir una l?gica que hiciera de la persona humana, y m?s particularmente de las familias y de los que est?n en grave necesidad, el centro y el objetivo de la econom?a.

Existe en Europa un rico pasado que ha visto desarrollarse experiencias de econom?a basadas en la fraternidad. Existen empresas que tienen un fin social o mutualista. ?stas han tenido que sufrir las leyes del mercado, pero desean volver a encontrar la fuerza de la generosidad de los or?genes. Me parece tambi?n que el Banco de Desarrollo del Consejo de Europa desea, para vivir realmente la solidaridad, responder al ideal de fraternidad que acabo de mencionar, y explorar espacios en los que la fraternidad y la l?gica del don puedan expresarse. Estos son ideales que tienen ra?ces cristianas y que han presidido, con el deseo de paz, el nacimiento del Consejo de Europa.

La medalla que ha venido a ofrecerme, Se?or Gobernador, y que le agradezco, me permitir? recordar este encuentro. Os garantizo, queridos amigos, mi oraci?n y os animo a continuar vuestro trabajo con valent?a y lucidez para cumplir el importante deber que os ha sido confiado, el de contribuir al bien de nuestra querida Europa. Que Dios os bendiga a todos. Muchas gracias.?

[Traducci?n del original franc?s por Patricia Navas
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 19:40  | Habla el Papa
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