Mi?rcoles, 07 de julio de 2010

zenit?nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi? el? s?bado, 19 de Junio de 2101?a los obispos de la Conferencia Episcopal de Brasil, Regi?n LESTE II, a quienes recibi? con motivo de su visita ad Limina Apostolorum.

Queridos? Hermanos en el Episcopado,

?llamados a ser santos, junto con todos aquellos que en cualquier parte invocan el nombre de Jesucristo, nuestro Se?or, Se?or de ellos y nuestro. Llegue a vosotros la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Se?or Jesucristo? (1 Cor 1, 2-3). Con estas palabras, os acojo a todos vosotros, amados Pastores de Regional Leste 2 en visita ad Limina, y os saludo con gran afecto una conciencia del v?nculo colegial que une al Papa con los obispos en v?nculo de la unidad, de la caridad y de la paz. Agradezco a monse?or Walmor las amables palabras con que interpret? vuestros sentimientos de homenaje a la Sede de Pedro e ilustr? los desaf?os y problemas que son objeto de vuestro empe?o en bien de la grey que Dios os confi? en los Estados de Esp?ritu Santo y Minas Gerais.

Veo que am?is profundamente a vuestras di?cesis y tambi?n yo participo ?ntimamente de este amor vuestro, acompa??ndoos con la oraci?n y la solicitud apost?lica. La nuestra es una bella historia con inicio palpable en las Bulas expedidas por el Sucesor de Pedro para la ordenaci?n episcopal y en aquel ?Heme aqu? proferido por cada uno al inicio de la ceremonia de su consagraci?n y consiguiente ingreso en el Colegio de los Obispos. De ?l comenzasteis a formar parte ?en virtud d la consagraci?n episcopal y por la comuni?n jer?rquica con la Cabeza y con los miembros? (Nota Explicativa Previa, anexa a la Const. dogm. Lumen gentium), volvi?ndoos sucesores de los Ap?stoles con la triple funci?n de ense?ar, santificar y gobernar el pueblo de Dios.

En cuanto maestros y doctores de la fe, ten?is la misi?n de ense?ar con audacia la verdad que se debe creer y vivir, present?ndola de forma aut?ntica. Como os dije en Aparecida, ?la Iglesia tiene la gran tarea de conservar y alimentar la fe del pueblo de Dios, y recordar tambi?n a los fieles (?) que, en virtud de su bautismo, est?n llamados a ser disc?pulos y misioneros de Jesucristo? (Discurso inaugural de la V Conferencia General del Episcopado Latino-Americano y del Caribe, 13/V/2007, 3). Ayudad, por tanto, a los fieles confiados vuestros cuidados pastorales a descubrir la alegr?a de la fe, la alegr?a de ser personalmente amados por Dios, que entreg? a su Hijo para nuestra salvaci?n. Como bien sab?is, creer consiste sobre todo en abandonarse a este Dios que nos conoce y ama personalmente, aceptando la Verdad que ?l revel? en Jesucristo con la actitud que nos lleva a tener confianza en ?l como revelador del Padre. Queridos hermanos, tened gran confianza en la gracia y sabed infundir esta confianza en vuestro pueblo, para que la fe sea siempre guardada, defendida y transmitida en su pureza e integridad.

Como administradores del supremo sacerdocio, ten?is que procurar que la liturgia sea verdaderamente una epifan?a del misterio, o sea, expresi?n de la naturaleza genuina de la Iglesia, que activamente presta culto a Dios por Cristo en el Esp?ritu Santo. De todos los deberes de vuestro ministerio, ?el m?s imperioso e importante es la responsabilidad en la celebraci?n de la Eucarist?a?, pues os compete ?proveer para que los fieles tengan la posibilidad de acceder a la mesa del Se?or, sobre todo en el domingo, que es el d?a en que la Iglesia ? comunidad y familia de los hijos de Dios ? descubre su peculiar identidad cristiana alrededor de los presb?teros? (Juan Pablo II, Exort. ap. Pastores gregis, 39). La tarea de santificar que recibisteis os impone tambi?n ser promotores y animadores de la oraci?n en la ciudad humana, frecuentemente agitada, ruidosa y olvidada de Dios: deb?is crear lugares y ocasiones de oraci?n, donde en el silencio, en la escucha de Dios, en la oraci?n personal y comunitaria, el hombre pueda encontrar y hacer experiencia viva de Jesucristo, que revela el rostro aut?ntico del Padre. Es preciso que las parroquias y lo santuarios, los ambientes de educaci?n y sufrimiento, las familias, se vuelvan lugares de comuni?n con el Se?or.

En fin, como gu?as del pueblo cristiano, deb?is promover la participaci?n de todos los fieles en la edificaci?n de la Iglesia, gobernando con coraz?n de siervo humilde y pastor afectuoso, teniendo en vista la gloria de Dios y la salvaci?n de las almas. En virtud del mandato de gobernar, el obispo est? llamado tambi?n a juzgar y disciplinar la vida del pueblo de Dios confiado a sus cuidados pastorales, a trav?s de leyes, directrices y sugerencias, como est? previsto por la disciplina universal de la Iglesia. Este derecho y deber es muy importante para que la comunidad diocesana permanezca unida en su interior y camine en sincera comuni?n de fe, de amor y de disciplina con el Obispo de Roma y con toda la Iglesia. Para eso, no os cans?is de alimentar en los fieles el sentido de pertenencia a la Iglesia y la alegr?a de la comuni?n fraterna.

Al mismo tiempo, el gobierno del obispo solo ser? pastoralmente provechoso ?si goza del apoyo de una buena credibilidad moral, que deriva de su santidad de vida. Tal credibilidad predispondr? las mentes a acoger el Evangelio anunciado por ?l en su Iglesia y tambi?n las normas que ?l establezca para el bien del pueblo de Dios? (Ibid., 43). Por eso, plasmado interiormente por el Esp?ritu Santo, que cada uno de vosotros se haga ?todo para todos? (cf. 1 Cor 9, 22), proponiendo la verdad de la fe, celebrando los sacramentos de nuestra santificaci?n y testimoniando la caridad del Se?or. Acoged de coraz?n abierto a cuantos llamen a vuestra puerta: aconsejaos, confortaos y apoyaos en el camino de Dios, procurando guiar a todos hacia aquella unidad en la fe y en el amor de la cual, por voluntad del Se?or, deb?is ser principio y fundamento visible en vuestras di?cesis (cf. Const. dogm. Lumen gentium, 23).

?Queridos hermanos en el Episcopado! Al concluir este encuentro nuestro, deseo renovar a cada uno de vosotros mis sentimientos de gratitud por el servicio que prest?is a la Iglesia con viva dedicaci?n y amor. Por intercesi?n de la Virgen Mar?a, ?ejemplo de ese afecto maternal del que deben estar animados todos cuantos cooperan en la misi?n apost?lica que la Iglesia tiene de regenerar a los hombres? (Ibid., 65), invoco de Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, sobre vuestro ministerio la abundancia de los dones y consuelos celestes y os concedo, extensiva a los sacerdotes y di?conos, a los consagrados y consagradas, a los seminaristas y a los fieles laicos de vuestras comunidades diocesanas, una particular Bendici?n Apost?lica.

[Traducci?n del original portugu?s por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:13  | Habla el Papa
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