Mi?rcoles, 21 de julio de 2010

ZENIT? nos ofrece la homil?a que el Papa Benedicto XVI pronunci?el lunes 28 de Junio de 2010?durante la celebraci?n de las Primeras V?speras de la Solemnidad de san Pedro y san Pablo en la Bas?lica de San Pablo Extramuros.

Queridos hermanos y hermanas

Con la celebraci?n de las Primeras V?speras entramos en la solemnidad de los Santos Pedro y Pablo. Tenemos la gracia de hacerlo en la Bas?lica Papal dedicada al Ap?stol de los Gentiles, recogidos en oraci?n ante su Tumba. Por ello, deseo orientar mi breve reflexi?n en la perspectiva de la vocaci?n misionera de la Iglesia. En esta direcci?n van la tercera ant?fona de la salmodia que hemos rezado y la lectura b?blica. Las dos primeras ant?fonas est?n dedicadas a Pedro, la tercera a san Pablo, y dice: ?Tu eres el mensajero de Dios, Pablo ap?stol santo: anunciaste la verdad en el mundo entero?. Y en la Lectura breve, tomada del discurso inicial de la Carta a los Romanos, Pablo se presenta como ?llamado el Ap?stol, y elegido para anunciar la Buena Noticia de Dios? (Rm 1,1) La figura de Pablo ? su persona y su ministerio, toda su existencia y su duro trabajo por el Reino de Dios ? est?n completamente dedicadas al servicio del Evangelio. En estos textos se advierte un sentido de movimiento, donde el protagonista no es el hombre, sino Dios, el soplo del Esp?ritu Santo, que empuja al Ap?stol por los caminos del mundo para llevar a todos la Buena Noticia: las promesas de los profetas se han cumplido en Jes?s, el Cristo, el Hijo de Dios, muerto por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificaci?n. Saulo ya no existe, existe Pablo, a?n m?s, existe Cristo que vive en ?l (cfr Gal 2,20) y quiere llegar a todos los hombres. Por tanto si la fiesta de los Santos Patronos de Roma evoca la doble tensi?n t?pica de esta Iglesia, a la unidad y a la universalidad, el contexto en que nos encontramos esta tarde nos llama a privilegiar la segunda, dej?ndonos, por as? decirlo, ?arrastrar? por san Pablo y por su extraordinaria vocaci?n.

El Siervo de Dios Giovanni Battista Montini, cuando fue elegido Sucesor de Pedro, en plena celebraci?n del Concilio Vaticano II, eligi? llevar el nombre del Ap?stol de los gentiles. Dentro de su programa de actuaci?n del Concilio, Pablo VI convoc? en 1974 la Asamblea del S?nodo de los Obispos sobre el tema de la evangelizaci?n del mundo contempor?neo, y casi un a?o despu?s public? la Exhortaci?n apost?lica Evangelii nuntiandi, que se abre con estas palabras: ?El compromiso de anunciar el Evangelio a los hombres de nuestro tiempo, animados por la esperanza pero, al mismo tiempo, a menudo, turbados por el miedo y por la angustia, es sin duda un servicio hecho no s?lo a la comunidad cristiana, sino tambi?n a toda la humanidad? (n. 1). Impresiona la actualidad de estas expresiones. Se percibe en ellas toda la particular sensibilidad misionera de Pablo VI y, a trav?s de su voz, el gran anhelo conciliar a la evangelizaci?n del mundo contempor?neo, anhelo que culmina en el Decreto Ad gentes, pero que permea todos los documentos del Vaticano II y que, antes a?n, animaba los pensamientos y el trabajo de los Padres conciliares, reunidos para representar de modo m?s tangible que nunca la difusi?n mundial alcanzada por la Iglesia.

No hay palabras para explicar c?mo el Venerable Juan Pablo II, en su largo pontificado, desarroll? esta proyecci?n misionera, la cual ? hay que recordar siempre ? responde a la misma naturaleza de la Iglesia, la cual, con san Pablo, puede y debe repetir siempre: ?Si anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para m? una necesidad imperiosa. ?Ay de m? si no predicara el Evangelio!? (1Cor 9,16). El Papa Juan Pablo II represent? ?en vivo? la naturaleza misionera de la Iglesia, con los viajes apost?licos y con la insistencia de su Magisterio sobre la urgencia de una ?nueva evangelizaci?n?: ?nueva? no en los contenidos, sino en el empuje interior, abierto a la gracia del Esp?ritu Santo que constituye la fuerza de la ley nueva del Evangelio y que renueva siempre a la Iglesia; ?nueva? en la b?squeda de modalidades que correspondan a la fuerza del Esp?ritu Santo y que sean adecuadas a los tiempos y a las situaciones; ?nueva? porque es necesaria incluso en pa?ses que ha recibieron el anuncio del Evangelio. A todos es evidente que mi Predecesor dio un impulso extraordinario a la misi?n de la Iglesia, no solo ? repito ? por las distancias que recorri?, sino sobre todo por el genuino esp?ritu misionero que le animaba y que nos dej? en herencia en el alba del tercer milenio.

Recogiendo esta herencia, pude afirmar, al inicio de mi ministerio petrino, que la Iglesia es joven, abierta al futuro. Y lo repito hoy, cerca del sepulcro de san Pablo: la Iglesia es en el mundo una inmensa fuerza renovadora, no ciertamente por sus fuerzas, sino por la fuerza del Evangelio, en el que sopla el Esp?ritu Santo de Dios, el Dios Creador y redentor del mundo. Los desaf?os de la ?poca actual est?n ciertamente por encima de las capacidades humanas: lo est?n los retos hist?ricos y sociales, y con mayor raz?n los espirituales. Nos parece a veces a nosotros los Pastores de la Iglesia revivir la experiencia de los Ap?stoles, cuando miles de personas necesitadas segu?an a Jes?s, y ?l preguntaba: ?qu? podemos hacer por toda esta gente? Ellos entonces experimentaban su impotencia. Pero precisamente Jes?s les hab?a demostrado que con la fe en Dios nada es imposible, y que pocos panes y peces, bendecidos y compartidos, pod?an saciar a todos. Pero no hab?a ? y no hay ? s?lo hambre de alimento material: existe un hambre m?s profunda, que s?lo Dios puede saciar. Tambi?n el hombre del tercer milenio desea una vida aut?ntica y plena, tiene necesidad de verdad, de libertad profunda, de amor gratuito. Tambi?n en los desiertos del mundo secularizado, el alma del hombre tiene sed de Dios, del Dios vivo. Por esto Juan Pablo II escribi?: ?La misi?n de Cristo redentor, confiada a la Iglesia, est? a?n muy lejos de su cumplimiento?, y a?adi?: ?una mirada en conjunto a la humanidad demuestra que esta misi?n est? a?n en sus inicios y que debemos empe?arnos con todas las fuerzas en su servicio? (Enc. Redemptoris missio, 1). Hay regiones del mundo que a?n esperan una primera evangelizaci?n; otras, que la recibieron, necesitan un trabajo m?s profundo; otras a?n en las que el Evangelio ech? ra?ces durante muchos siglos, dando lugar una verdadera tradici?n cristiana, pero en la que en los ?ltimos siglos ? con din?micas complejas ? el proceso de secularizaci?n ha producido una grave crisis del sentido de la fe cristiana y de la pertenencia a la Iglesia.

En esta perspectiva, he decidido crear un nuevo Organismo, en la forma de ?Consejo Pontificio?, con la tarea principal de promover una renovada evangelizaci?n en los pa?ses donde ya reson? el primer anuncio de la fe y est?n presentes Iglesias de antigua fundaci?n, pero que est?n viviendo una progresiva secularizaci?n de la sociedad y una especie de ?eclipse del sentido de Dios?, que constituyen un desaf?o a encontrar los medios adecuados para volver a proponer la perenne verdad del Evangelio de Cristo.

Queridos hermanos y hermanas, el reto de la nueva evangelizaci?n interpela a la Iglesia universal, y nos pide tambi?n proseguir con empe?o en la b?squeda de la unidad plena entre los cristianos. Un signo elocuente de esperanza en este sentido es la costumbre de las visitas rec?procas entre la Iglesia de Roma y la de Constantinopla con ocasi?n de las fiestas de sus respectivos santos patronos. Por esto acogemos hoy con renovada alegr?a y reconocimiento la Delegaci?n enviada por el Patriarca Bartolom? I, al cual dirigimos el saludo m?s cordial. Que la intercesi?n de los santos ap?stoles Pedro y Pablo obtenga a la Iglesia entera fe ardiente y valor apost?lico, para anunciar al mundo la verdad de la que todos tenemos necesidad, la verdad que es Dios, origen y fin del universo y de la historia, Padre misericordioso y fiel, esperanza de vida eterna. Am?n.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:07  | Habla el Papa
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