Viernes, 23 de julio de 2010

ZENIT? nos ofrece la homil?a pronunciada el 29 de Junio de 2010 por el Papa, con motivo de la Solemnidad de los santos Ap?stoles Pedro y Pablo, Patronos de Roma, en la eucarist?a solemne celebrada en la Bas?lica vaticana, en la que se impusieron los palios a los nuevos arzobispos metropolitanos de este a?o.

Queridos hermanos y hermanas

Los textos b?blicos de esta Liturgia eucar?stica de la solemnidad de los santos Ap?stoles Pedro y Pablo, en su gran riqueza, ponen de relieve un tema que se podr?a resumir as?: Dios est? cerca de sus fieles servidores y los libra de todo mal, y libera a la Iglesia de las potencias negativas. Es el tema de la libertad de la Iglesia, que presenta un aspecto hist?rico y otro m?s profundamente espiritual.

Esta tem?tica atraviesa toda la Liturgia de la Palabra de hoy. La primera y la segunda lectura hablan, respectivamente, de san Pedro y de san Pablo subrayando precisamente la acci?n liberadora de Dios respecto de ellos. Especialmente, el texto de los Hechos de los Ap?stoles describe con abundancia de detalles la intervenci?n del ?ngel del Se?or, que libera a Pedro de las cadenas y le lleva fuera de la c?rcel de Jerusal?n, donde le hab?a hecho encerrar, bajo estrecha vigilancia, el rey Herodes (cfr Hch 12,1-11). Pablo, en cambio, escribiendo a Timoteo cuando ya siente cercano el fin de la vida terrena, hace un balance conclusivo de ella, en el que se ve que el Se?or siempre ha estado cerca de ?l, le libr? de muchos peligros y a?n lo librar? introduci?ndole en su Reino eterno (cfr 2 Tm 4, 6-8.17-18). El tema est? reforzado por el Salmo responsorial (Sal 33), y encuentra un particular desarrollo tambi?n en el pasaje evang?lico de la confesi?n de Pedro, all? donde Cristo promete que las potencias de los infiernos no prevalecer?n sobre su Iglesia (cfr Mt 16,18).

Observando bien se nota, respecto a esta tem?tica, una cierta progresi?n. En la primera Lectura se narr? un episodio especifico que muestra la intervenci?n del Se?or para liberar a Pedro de la prisi?n; en la segunda Pablo, sobre la base de su extraordinaria experiencia apost?lica, se dice convencido de que el Se?or, que ya le libr? ?de la boca del le?n?, le librar? ?de todo mal? abri?ndole las puertas del Cielo; en el Evangelio en cambio ya no se habla de los Ap?stoles en singular, sino de la Iglesia en su conjunto y de su seguridad respecto a las fuerzas del mal, entendidas en sentido amplio y profundo. De esta forma vemos que la promesa de Jes?s - ?los poderes del infierno no prevalecer?n? sobre la Iglesia ? comprende tanto las experiencias hist?ricas de persecuci?n sufridas por Pedro y Pablo y por otros testigos del Evangelio, sino que va m?s all?, queriendo asegurar la protecci?n sobre todo contra las amenazas de orden espiritual; seg?n cuanto el mismo Pablo escribe en la Carta a los Efesios: "Nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los esp?ritus del mal que habitan en el espacio" (Ef 6,12).

En efecto, si pensamos en los dos milenios de historia de la Iglesia, podemos observar que ? como lo hab?a predicho el Se?or Jes?s (cfr Mt 10,16-33) ? nunca han faltado las pruebas a los cristianos, que en algunos periodos y lugares han asumido el car?cter de verdaderas y aut?nticas persecuciones. Estas, sin embargo, a pesar de los sufrimientos que provocan, no constituyen el peligro m?s grave para la Iglesia. El mayor da?o, de hecho, lo padece ?sta de lo que contamina la fe y la vida cristiana de sus miembros y de sus comunidades, erosionando la integridad del Cuerpo m?stico, debilitando su capacidad de profec?a y de testimonio, empa?ando la belleza de su rostro. Esta realidad est? atestiguada ya por el epistolario paulino. La Primera Carta a los Corintios, por ejemplo, responde precisamente a algunos problemas de divisiones, de incoherencias, de infidelidades al Evangelio que amenazan seriamente a la Iglesia. Pero tambi?n la Segunda Carta a Timoteo ? de la que hemos escuchado un pasaje ? habla de los peligros de los ??ltimos tiempos?, identific?ndolos con actitudes negativas que pertenecen al mundo y que pueden contagiar a la comunidad cristiana: ego?smo, vanidad, orgullo, apego al dinero, etc. (cfr 3,1-5). La conclusi?n del Ap?stol es determinante: los hombres que operan el mal ? escribe ? "no ir?n lejos, porque su insensatez se pondr? de manifiesto como la de aquellos? (3,9). Hay por tanto una garant?a de libertad asegurada por Dios a la Iglesia, libertad tanto de los lazos materiales que buscan impedir o coartar su misi?n, como de los males espirituales y morales, que pueden erosionar la autenticidad y la credibilidad.

El tema de la libertad de la Iglesia, garantizada por Cristo a Pedro, tiene tambi?n una relaci?n especifica con el rito de imposici?n del Palio, que hoy renovamos para treinta y ocho arzobispos metropolitanos, a los cuales dirijo mi m?s cordial saludo, extendi?ndolo con afecto a cuantos han querido acompa?arles en esta peregrinaci?n. La comuni?n con Pedro y sus sucesores, de hecho, es garant?a de libertad para los pastores de la Iglesia y para las propias comunidades confiadas a ellos. Lo es en los dos planos puestos en claro en las reflexiones precedentes. En el plano hist?rico, la uni?n con la Sede Apost?lica asegura a las Iglesias particulares y a las Conferencias Episcopales la libertad respecto a poderes locales, nacionales o supranacionales, que pueden en ciertos casos obstaculizar la misi?n de la Iglesia. Adem?s, y m?s esencialmente, el ministerio petrino es garant?a de libertad en el sentido de la plena adhesi?n a la verdad, a la aut?ntica tradici?n, para que el Pueblo de Dios sea preservado de errores referidos a la fe y a la moral. El hecho por tanto de que, cada a?o, los nuevos metropolitanos vengan a Roma a recibir el Palio de manos del Papa va incluido en su significado propio, como gesto de comuni?n, y el tema de la libertad de la Iglesia nos ofrece una clave de lectura suya particularmente importante. Esto parece evidente en el caso de Iglesias marcadas por persecuciones, o tambi?n sometidas a injerencias pol?ticas o a otras duras pruebas. Pero esto no es menos relevante en el caso de comunidades que sufren la influencia de doctrinas enga?osas, o de tendencias ideol?gicas y pr?cticas contrarias al Evangelio. El Palio por tanto se convierte, al mismo tiempo, en prenda de libertad, de forma an?loga al ?yugo? de Jes?s, que ?l invita a tomar, cada uno sobre sus hombros (cfr Mt 11,29-30). Como el mandamiento de Cristo ? a?n exigente ? es "dulce y ligero" y, en lugar de pesar sobre quien lo lleva, lo levanta, as? el v?nculo con la Sede Apost?lica ? a?n comprometido ? sostiene al Pastor y a la porci?n de Iglesia confiada a sus cuidados, haci?ndoles m?s libres y m?s fuertes.

Quisiera sacar una ?ltima indicaci?n de la Palabra de Dios, en particular de la promesa de Cristo de que las potencias del infierno no prevalecer?n sobre su Iglesia. Estas palabras pueden tener tambi?n un significativo valor ecum?nico, desde el momento en que, como se?alaba hace poco, uno de los efectos t?picos de la acci?n del Maligno es precisamente la divisi?n dentro de la Comunidad eclesial. Las divisiones, de hecho, son s?ntomas de la fuerza del pecado, que sigue actuando en los miembros de la Iglesia tambi?n despu?s de la redenci?n. Pero la palabra de Cristo es clara: "Non praevalebunt ? no prevalecer?n" (Mt 16,18). La unidad de la Iglesia est? arraigada en su uni?n con Cristo, y su causa de la plena unidad de los cristianos ? que siempre hay que buscar y renovar, de generaci?n en generaci?n ? est? tambi?n sostenida por su oraci?n y por su promesa. En la lucha contra el esp?ritu del mal, Dios nos entreg? en Jes?s al ?Abogado? defensor, y, despu?s de su Pascua, ?otro Par?clito" (cfr Jn 14,16), el Esp?ritu Santo, que permanece con nosotros para siempre y que conduce a la Iglesia hacia la plenitud de la verdad (cfr Jn 14,16; 16,13), que es tambi?n la plenitud de la caridad y de la unidad. Con estos sentimientos de confiada esperanza, estoy contento de saludar a la Delegaci?n del Patriarcado de Constantinopla, que, seg?n la bella costumbre de las visitas rec?procas, participa en las celebraciones de los Santos Patronos de Roma. Demos juntos gracias a Dios por los progresos en las relaciones ecum?nicas entre cat?licos y ortodoxos, y renovemos el compromiso de corresponder generosamente a la gracia de Dios, que nos lleva a la comuni?n plena.

Queridos amigos, os saludo cordialmente a cada uno de vosotros: se?ores cardenales, hermanos en el Episcopado, se?ores embajadores y autoridades civiles, en particular al Alcalde de Roma, sacerdotes, religiosos y fieles laicos. Os doy las gracias por vuestra presencia. Que los santos Ap?stoles Pedro y Pablo os obtengan amar cada vez m?s a la santa Iglesia, cuerpo m?stico de Cristo Se?or y mensajera de unidad y de paz para todos los hombres. Que os concedan tambi?n ofrecer con alegr?a, por su santidad y su misi?n, las fatigas y los sufrimientos soportados por la fidelidad al Evangelio. Que la Virgen Mar?a, Reina de los Ap?stoles y Madre de la Iglesia, vele siempre sobre vosotros, en particular sobre el ministerio de los arzobispos metropolitanos. Que con su ayuda celestial pod?is vivir y actuar siempre en esa libertad, que Cristo nos ha conseguido. Amen.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:54  | Habla el Papa
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