S?bado, 24 de julio de 2010

ZENIT publica el Mensaje del Consejo Pontificio de la Pastoral para Migrantes e Itinerantes con ocasi?n de la Jornada Mundial del Turismo, que como siempre se celebrar? el 27 de septiembre?de 2010, este a?o sobre el tema "Turismo y biodiversidad".

Con el tema ?Turismo y diversidad biol?gica?, propuesto por la competente Organizaci?n Mundial, la Jornada Mundial del Turismo quiere ofrecer su contribuci?n a este 2010, declarado por la Asamblea General de las Naciones Unidas "A?o Internacional de la Diversidad Biol?gica".

Tal proclamaci?n nace de la profunda preocupaci?n "por las repercusiones sociales, econ?micas, ambientales y culturales de la p?rdida de la diversidad biol?gica, incluidas las consecuencias adversas que entra?a para la consecuci?n de los objetivos de desarrollo del Milenio, y destacando la necesidad de adoptar medidas concretas para invertir esa p?rdida".1

La biodiversidad, o diversidad biol?gica, hace referencia a la gran riqueza de seres que viven en la Tierra, as? como al delicado equilibrio de interdependencia e interacci?n que existe entre ellos y con el medio f?sico que los acoge y condiciona. Esta biodiversidad se traduce en los diferentes ecosistemas, de los que son un buen ejemplo los bosques, los humedales, la sabana, las selvas, el desierto, los arrecifes de corales, las monta?as, los mares, o las zonas polares.

Ante ellos se ciernen tres graves peligros, que requieren una soluci?n urgente: el cambio clim?tico, la desertificaci?n y la p?rdida de la biodiversidad. Esta ?ltima se est? desarrollando en los ?ltimos a?os a un ritmo sin precedentes. Estudios recientes indican que, a nivel mundial, est?n amenazados o en peligro de extinci?n el 22% de los mam?feros, el 31% de los anfibios, el 13.6% de las aves o el 27% de los arrecifes.2

Hay numerosos sectores de la actividad humana que contribuyen en gran manera a estos cambios, y uno de ellos es, sin duda alguna, el turismo, el cual se sit?a entre los que han experimentado un mayor y r?pido crecimiento. Al respecto, podemos recordar las cifras que nos ofrece la Organizaci?n Mundial del Turismo (OMT). Si las llegadas internacionales de turistas fueron de 534 millones en el a?o 1995, y de 682 millones en el 2000, las previsiones que aparec?an en su informe Tourism 2020 Vision son de 1006 millones para el a?o 2010, y que llegar?an a 1561 millones en el a?o 2020, con un crecimiento medio anual de 4.1%.3 Y a estas cifras de turismo internacional habr?a que a?adir aquellas aun m?s importantes del turismo interno. Todo ello nos muestra el fuerte crecimiento de este sector econ?mico, lo que comporta unos importantes efectos en la conservaci?n y uso sostenible de la biodiversidad, con el consiguiente peligro de que se transforme en un serio impacto medioambiental, especialmente por el consumo desmesurado de recursos limitados (como el agua potable y el territorio) y por la gran generaci?n de contaminaci?n y residuos, superando las cantidades que ser?an asumibles por una determinada zona.

La situaci?n se ve agravada por el hecho de que la demanda tur?stica se dirige cada vez m?s hacia los destinos de naturaleza, atra?da por sus innumerables bellezas, lo que supone un impacto importante en las poblaciones visitadas, en su econom?a, en el medio ambiente y en su patrimonio cultural. Este hecho bien puede ser un elemento perjudicial o, por el contrario, contribuir significativamente y en modo positivo a la conservaci?n del patrimonio. El turismo vive as? una paradoja. Si por una parte surge y crece gracias al atractivo de unos parajes naturales y culturales, por otra parte ?stos pueden llegar a ser deteriorados e incluso destruidos por el mismo turismo, por lo que acaban siendo rechazados como destinos al no gozar ya del atractivo que estaba en el origen.

Por todo ello, debemos afirmar que el turismo no puede eximirse de su responsabilidad en la defensa de la biodiversidad, sino que, por el contrario, debe asumir un rol activo en la misma. El desarrollo de este sector econ?mico ha de ir acompa?ado ineludiblemente de los principios de sostenibilidad y respeto a la diversidad biol?gica.

De todo esto se ha preocupado seriamente la comunidad internacional, y sobre el tema se han realizado reiterados pronunciamientos.4 Y la Iglesia quiere sumar su voz, desde el espacio que le es propio, partiendo de la convicci?n que ella misma "tiene una responsabilidad respecto a la creaci?n y la debe hacer valer en p?blico. Y, al hacerlo, no s?lo debe defender la tierra, el agua y el aire como dones de la creaci?n que pertenecen a todos. Debe proteger sobre todo al hombre contra la destrucci?n de s? mismo".5 Sin entrar en la cuesti?n de soluciones t?cnicas concretas, que escapar?an a su propia competencia, la Iglesia se preocupa de llamar la atenci?n sobre la relaci?n entre el Creador, el ser humano y la creaci?n.6 El Magisterio reitera insistentemente la responsabilidad del ser humano en la preservaci?n de un ambiente ?ntegro y sano para todos, desde el convencimiento que "la tutela del medio ambiente constituye un desaf?o para la entera humanidad: se trata del deber, com?n y universal, de respetar un bien colectivo".7

Tal como se?ala el Papa Benedicto XVI en su enc?clica Caritas in veritate, "el creyente reconoce en la naturaleza el maravilloso resultado de la intervenci?n creadora de Dios, que el hombre puede utilizar responsablemente para satisfacer sus leg?timas necesidades -materiales e inmateriales- respetando el equilibrio inherente a la creaci?n misma",8 y cuyo uso representa para nosotros "una responsabilidad para con los pobres, las generaciones futuras y toda la humanidad".9 Por ello, el turismo debe ser respetuoso con el medio ambiente, buscando alcanzar una perfecta armon?a con la Creaci?n, de modo que, garantizando la sostenibilidad de los recursos de los que depende, no origine trasformaciones ecol?gicas irreversibles.

El contacto con la naturaleza es importante y por tanto el turismo se debe esforzar por respetar y valorar la belleza de la creaci?n, desde el convencimiento de que "muchos encuentran tranquilidad y paz, se sienten renovados y fortalecidos, al estar en contacto con la belleza y la armon?a de la naturaleza. As?, pues, hay una cierta forma de reciprocidad: al cuidar la creaci?n, vemos que Dios, a trav?s de ella, cuida de nosotros".10

Hay un elemento que hace todav?a m?s exigente si cabe este esfuerzo. En su b?squeda de Dios, el ser humano descubre algunas v?as para acercarse al Misterio, que tiene como punto de partida la creaci?n.11 La naturaleza y la diversidad biol?gica nos hablan del Dios Creador, el cual se hace presente en su creaci?n, "pues por la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analog?a, a contemplar a su Autor" (Sb 13, 5), "pues fue el Autor mismo de la belleza quien las cre?" (Sb 13, 3). Es por ello que el mundo, en su diversidad, "se presenta a la mirada del hombre como huella de Dios, lugar donde se revela su potencia creadora, providente y redentora".12 Por este motivo, el turismo, acerc?ndonos a la creaci?n en toda su variedad y riqueza, puede ser ocasi?n para promover o acrecentar la experiencia religiosa.

Todo esto hace urgente y necesario buscar un equilibrio entre turismo y diversidad biol?gica, en el que ambos se apoyen mutuamente, de modo que desarrollo econ?mico y protecci?n del ambiente no aparezcan como elementos contrapuestos e incompatibles, sino que se tienda a conciliar las exigencias de ambos.13

Los esfuerzos por proteger y promover la diversidad biol?gica en su relaci?n con el turismo pasan, en primer lugar, por desarrollar estrategias participativas y compartidas, en las que se comprometan los diversos sectores implicados. La mayor?a de los gobiernos, instituciones internacionales, asociaciones profesionales del sector tur?stico y organizaciones no gubernamentales defienden, con una visi?n a largo plazo, la necesidad de un turismo sostenible como ?nica forma posible para que su desarrollo sea al tiempo econ?micamente rentable, proteja los recursos naturales y culturales, y sirva de ayuda real en la lucha contra la pobreza.

Las autoridades p?blicas deben ofrecer una legislaci?n clara, que proteja y potencie la biodiversidad, reforzando los beneficios y reduciendo los costes del turismo, al tiempo que debe velar por el cumplimiento de las normas.14 A esto debe acompa?ar ciertamente una importante inversi?n en planificaci?n y en educaci?n. Los esfuerzos gubernamentales deber?n ser mayores en aquellos lugares m?s vulnerables y donde la degradaci?n haya sido mayor. Quiz? en algunos de ellos, el turismo deber?a ser restringido o, incluso, evitado.

Por su parte, se le pide al sector empresarial del turismo "que conciba, desarrolle y lleve a cabo sus actividades reduciendo al m?nimo su impacto negativo, e incluso contribuyendo de manera efectiva a la conservaci?n de ecosistemas sensibles y del medio ambiente en general, beneficiando directamente a las comunidades locales e ind?genas".15 Para ello, ser?a conveniente realizar estudios previos de la sostenibilidad de cada producto tur?stico, evidenciando los aportes positivos reales como los riesgos potenciales, desde la convicci?n de que el sector no puede buscar el objetivo del m?ximo beneficio a cualquier coste.16

Finalmente, los turistas deben ser conscientes de que su presencia en un lugar no siempre es positiva. Con este fin, han de ser informados sobre los beneficios reales que comporta la conservaci?n de la biodiversidad, y ser educados en modos de turismo sostenible. As? mismo, deber?an reclamar a las empresas tur?sticas propuestas que contribuyan realmente al desarrollo del lugar. En ning?n caso, ni el territorio ni el patrimonio hist?rico-cultural de los destinos deben salir perjudicados en favor del turista, adapt?ndose a sus gustos o deseos. Un esfuerzo importante, que de modo especial debe realizar la pastoral del turismo, es la educaci?n en la contemplaci?n, que facilite a los turistas descubrir la huella de Dios en la gran riqueza de la biodiversidad.

As?, de la mano de un turismo que se desarrolle en armon?a con la creaci?n, se facilitar? que en el coraz?n del turista se repita la alabanza del salmista: "Se?or, due?o nuestro, que admirable es tu nombre en toda la tierra" (Sal 8, 2).

Ciudad del Vaticano, 24 de junio de 2010

?+ Antonio Maria Vegli?
Presidente

?+ Agostino Marchetto
Arzobispo Secretario?

______________________

1 Organizaci?n de las Naciones Unidas, Resoluci?n A/RES/61/203 aprobada por la Asamblea General, 20 diciembre 2006.

2 Cfr. J.-C. Vi?, C. Hilton-Taylor and S. N. Stuart (eds.), Wildlife in a Changing World. An analysis of the 2008 IUCN Red List of Threatened Species, International Union for Conservation of Nature and Natural Resources, Gland, Switzerland, 2009, p. 18: http://data.iucn.org/dbtw-wpd/edocs/RL-2009-001.pdf

3 Cfr. http://www.unwto.org/facts/eng/vision.htm

4 Un primer documento a rese?ar es la Carta del Turismo Sostenible, aprobada en la "Conferencia Mundial de Turismo Sostenible", celebrada en la isla espa?ola de Lanzarote del 27 al 28 de abril de 1995. De forma conjunta, la Organizaci?n Mundial del Turismo (OMT), el World Travel & Tourism Council (WTTC) y el Consejo de la Tierra elaboraron en 1996 el informe Agenda 21 para la Industria de Viajes y Turismo: Hacia un desarrollo sostenible ambientalmente, que traduce en un programa de acci?n para el turismo la Agenda 21 de las Naciones Unidas para la promoci?n del desarrollo sostenible (y que fue adoptada en la Cumbre de la Tierra que se celebr? en R?o de Janeiro en 1992). Otro referente significativo es la Declaraci?n de Berl?n, documento conclusivo de la "Conferencia internacional de Ministros de Medio Ambiente sobre biodiversidad y turismo", que tuvo lugar en la capital alemana del 6 al 8 de marzo de 1997. Quiz? sea este documento la contribuci?n m?s importante, debido a su elaboraci?n, influencia, difusi?n y a sus signatarios. Unos meses despu?s se firm? la Declaraci?n de Manila sobre el impacto social del turismo, donde se destac? la importancia de una serie de principios a favor de la sostenibilidad tur?stica. Como fruto de la "Cumbre Mundial del Ecoturismo", organizada en mayo de 2002 por la OMT, con apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), se public? la Declaraci?n de Qu?bec sobre el ecoturismo. En el marco del "Convenio sobre Diversidad Biol?gica" se editaron en el a?o 2004 las Directrices sobre Diversidad Biol?gica y Desarrollo del Turismo. A todos estos documentos de ?ndole internacional hay que unir las numerosas gu?as y compendios de buenas pr?cticas que en relaci?n a este tema ha publicado la OMT, y entre la que se puede destacar la titulada Por un turismo m?s sostenible: Gu?a para responsables pol?ticos, editada en 2005 en colaboraci?n con el PNUMA.

5 Benedicto XVI, Carta enc?clica Caritas in veritate, n. 51: AAS 101 (2009), p. 687.

6 Cfr. Benedicto XVI, Mensaje para la celebraci?n de la XLIII Jornada Mundial de la Paz 2010, 8 diciembre 2009, n. 4: L?Osservatore Romano, n. 290 (45.333), 16 diciembre 2009, p. 6.

7 Pontificio Consejo "Justicia y Paz", Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, Libreria Editrice Vaticana, Citt? del Vaticano 2004, n. 466. Cfr. Juan Pablo II, Carta enc?clica Centesimus annus, n. 40: AAS 83 (1991) p. 843.

8 Benedicto XVI, Carta enc?clica Caritas in veritate, n. 48: l.c., p. 684.

9 Ibidem.

10 Benedicto XVI, Mensaje para la celebraci?n de la XLIII Jornada Mundial de la Paz 2010, n. 13: l.c., p. 5.

11 Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat?lica, Libreria Editrice Vaticana, Citt? del Vaticano 1997, n. 31.

12 Pontificio Consejo "Justicia y Paz", Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 487.

13 Cfr. Ibidem, n. 470.

14 Cfr. Benedicto XVI, Carta enc?clica Caritas in veritate, n. 50: l.c., p. 686.

15 Cumbre Mundial del Ecoturismo, Informe Final. Declaraci?n de Qu?bec sobre el ecoturismo, 22 mayo 2002, Organizaci?n Mundial del Turismo y Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Madrid 2002, recomendaci?n 21.

16 Cfr. Organizaci?n Mundial del Turismo, C?digo ?tico Mundial para el Turismo, 1 octubre 1999, art. 3 ?4: http://www.unwto.org/ethics/full_text/en/full_text.php?subop=2

[?Libreria Editrice Vaticana]


 | Enviar