Lunes, 26 de julio de 2010

ZENIT? nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi?el viernes 2 de Julio de 2010?al nuevo embajador de la Rep?blica de Iraq ante la Santa Sede, Habbeb Mohammed Hadi Ali Al-Sadr, al presentar sus cartas credenciales.

Excelencia,

Me complace darle la bienvenida al comienzo de su misi?n, y aceptar las cartas que le acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la Rep?blica de Iraq ante la Santa Sede. Le doy las gracias por sus amables palabras, y le pido que transmita al Presidente Jalal Talabani mi saludo respetuoso, y el testimonio de mis oraciones por la paz y el bienestar de todos los ciudadanos de su pa?s.

El 7 de marzo de 2010, el pueblo de Iraq dio una se?al clara al mundo de que desean ver el fin de la violencia y que han elegido el camino de la democracia, a trav?s del cual aspiran a vivir en armon?a unos con otros dentro de una sociedad justa, pluralista y sociedad inclusiva. A pesar de los intentos de intimidaci?n por parte de aquellos que no comparten esta visi?n, la gente mostr? gran coraje y determinaci?n porque se presentaron en las mesas de votaci?n en grandes cantidades. Es de esperar que la formaci?n de un nuevo Gobierno siga ahora adelante para que la voluntad del pueblo por un Iraq m?s estable y unificado se pueda lograr. Los que han sido elegidos para cargos pol?ticos tendr?n que mostrar ellos mismos un gran coraje y determinaci?n, a fin de cumplir las altas expectativas que se han depositado en ellos. Puede usted estar seguro de que la Santa Sede, que siempre ha valorado sus relaciones diplom?ticas excelentes con su pa?s, seguir? prestando toda la asistencia que pueda, de manera que Iraq pueda asumir el lugar que le corresponde como un pa?s l?der en la regi?n, con mucho que aportar a la comunidad internacional.

El nuevo Gobierno tendr? que dar necesariamente prioridad a medidas destinadas a mejorar la seguridad de todos los sectores de la poblaci?n, en particular las distintas minor?as. Usted ha hablado de las dificultades que enfrentan los cristianos y tomo nota de sus comentarios sobre las medidas adoptadas por el Gobierno para ofrecer una mayor protecci?n. La Santa Sede, naturalmente, comparte la preocupaci?n que usted ha expresado de que los cristianos iraqu?es deben permanecer en su patria ancestral, y que aquellos que se han sentido obligados a emigrar puedan pronto considerar seguro volver. Desde los primeros d?as de la Iglesia, los cristianos han estado presentes en la tierra de Abraham, una tierra que forma parte del patrimonio com?n del juda?smo, el cristianismo y el Islam. Es muy de esperar que la sociedad iraqu? en el futuro destaque por su convivencia pac?fica, tal como est? en consonancia con las aspiraciones de aquellos que tienen sus ra?ces en la fe de Abraham. Aunque los cristianos forman una peque?a minor?a de la poblaci?n de Iraq, pueden dar una valiosa contribuci?n a su reconstrucci?n y a la recuperaci?n econ?mica a trav?s de sus apostolados educativos y sanitarios, mientras que su participaci?n en proyectos humanitarios proporciona una asistencia muy necesaria en la construcci?n de la sociedad. Si han de desempe?ar plenamente su papel, sin embargo, los cristianos iraqu?es deben saber que es seguro para ellos que permanezcan o regresen a sus hogares, y necesitan garant?as de que sus propiedades les ser?n devueltas y sean confirmados sus derechos.

En los ?ltimos a?os hemos visto muchos actos tr?gicos de violencia cometidos contra miembros inocentes de la poblaci?n, tanto musulmanes como cristianos, actos que, como usted ha se?alado son contrarias a las ense?anzas del Islam, as? como a las del cristianismo. Este sufrimiento compartido puede proporcionar un v?nculo profundo, un fortalecimiento de la determinaci?n de musulmanes y cristianos de trabajar por la paz y la reconciliaci?n. La historia ha demostrado que algunos de los incentivos m?s poderosos para superar la divisi?n viene del ejemplo de aquellos hombres y mujeres que, habiendo optado por la v?a del testimonio valiente, no violento, de los valores m?s altos, han perdido la vida a trav?s de actos cobardes de violencia. Mucho tiempo despu?s de que los problemas presentes queden en el pasado, los nombres del arzobispo Paulos Faraj Rahho, el padre Ragheed Ganni y muchos m?s vivir? como un magn?fico ejemplo del amor que les llev? a dar su vida por los dem?s. Que su sacrificio y el sacrificio de tantos otros como ellos, fortalezcan en el pueblo iraqu? la determinaci?n moral que es necesaria para que se creen estructuras pol?ticas de mayor justicia y estabilidad.

Usted ha hablado del compromiso de su Gobierno de respetar los derechos humanos. De hecho, es de suma importancia para cualquier sociedad saludable que la dignidad humana de cada uno de sus ciudadanos sea respetada tanto en la legislaci?n como en la pr?ctica, es decir, que los derechos fundamentales de todos deber?an ser reconocidos, protegidos y promovidos. S?lo as? se puede servir realmente al bien com?n, es decir, a aquellas condiciones sociales que permiten a las personas, ya sea como grupos o como individuos, desarrollarse, para alcanzar su plena estatura, y contribuir al bien de los dem?s (cf. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 164-170). Entre los derechos que deben respetarse plenamente si se quiere promover realmente el bien com?n, los derechos a la libertad de religi?n y la libertad de culto son de suma importancia, ya que ellas son las que permiten a los ciudadanos vivir en conformidad con su dignidad trascendente de personas hechas a la imagen de su divino Creador. Por tanto, espero y rezo para que estos derechos no s?lo sean reconocida por la legislaci?n, sino que hagan mella en el tejido de la sociedad ? pues todos los iraqu?es tienen un papel que desempe?ar en la construcci?n de una paz justa y un clima moral y pac?fico.

Usted comienza su mandato, se?or Embajador, en los meses previos a una iniciativa particular de la Santa Sede en apoyo de las Iglesias locales en toda la regi?n, a saber, la Asamblea Especial para Oriente Medio del S?nodo de los Obispos. Esto proporcionar? una buena oportunidad para explorar el papel y el testimonio de los cristianos en las tierras de la Biblia, y tambi?n para dar un impulso a la importante tarea del di?logo interreligioso, que tiene mucho que contribuir al objetivo de la coexistencia pac?fica en el respeto mutuo y la estima entre los seguidores de diferentes religiones. Es mi sincera esperanza de que Iraq resurja de las experiencias dif?ciles de la d?cada pasada como un modelo de tolerancia y cooperaci?n entre musulmanes, cristianos y otros, al servicio de quienes m?s lo necesitan.

Excelencia, rezo para que la misi?n diplom?tica que usted comienza hoy consolide a?n m?s los lazos de amistad entre la Santa Sede y su pa?s. Le aseguro que los diversos departamentos de la Curia Romana est?n siempre dispuestos a ofrecer ayuda y apoyo en el cumplimiento de sus funciones. Con mis m?s sinceros deseos, invoco sobre usted, su familia, y sobre todo el pueblo de la Rep?blica de Iraq, las abundantes bendiciones divinas.

[Traducci?n del original ingl?s por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:57  | Habla el Papa
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