Martes, 27 de julio de 2010

ZENIT? nos ofrece la homil?a pronunciada?el domingo 4 de Julio de 2010?por el Papa en la Misa celebrada en la plaza Garibaldi de la localidad italiana de Sulmona, donde se encuentra hoy en visita apost?lica.

?Queridos hermanos y hermanas!

Estoy muy contento de estar hoy entre vosotros y celebrar con vosotros y para vosotros esta solemne Eucarist?a. Saludo a vuestro Pastor, el obispo monse?or Angelo Spina: le doy las gracias por las c?lidas expresiones de bienvenida que me dirigi? en nombre de todos, y por los regalos que me ha ofrecido y que aprecio mucho en su cualidad de ?signos? ? como ?l los ha definido ? de la comuni?n afectiva y efectiva que une al pueblo de esta querida Tierra del Abruzzo con el Sucesor de Pedro. Saludo a los arzobispos y obispos presentes, a los sacerdotes, los religiosos y las religiosas, a los representantes de las asociaciones y de los movimientos eclesiales. Dirijo un pensamiento deferente al Alcalde, Doctor Fabio Federico, agradecido por el cort?s discurso de saludo y por los ?signos?, los regalos, el representante del Gobierno y a las Autoridades civiles y militares- Un agradecimiento especial a cuantos han ofrecido generosamente su colaboraci?n para realizar esta Visita Pastoral m?a. ?Queridos hermanos y hermanas! He venido para compartir con vosotros las alegr?as y esperanzas, fatigas y compromisos, ideales y aspiraciones de esta comunidad diocesana. S? bien que tampoco en Sulmona faltan las dificultades, problemas y preocupaciones: pienso, en particular, a cuantos viven concretamente su existencia en condiciones de precariedad, a causa de la falta de trabajo, de la incertidumbre por el futuro, del sufrimiento f?sico y moral y ? como ha recordado el obispo ? del sentimiento de p?rdida debido al cisma del 6 de abril de 2009. A todos quiero asegurar mi cercan?a y mi recuerdo en la oraci?n, mientras animo a perseverar en el testimonio de los valores humanos y cristianos tan profundamente arraigados en la fe y en la historia de este territorio y de su poblaci?n.

?Queridos amigos! Mi visita tiene lugar con ocasi?n del A?o Jubilar especial convocado por los obispos del Abruzzo y de Molise para celebrar los ochocientos a?os del nacimiento de san Pedro Celestino. Sobrevolando vuestro territorio, he podido contemplar la belleza del paisaje y, sobre todo, admirar algunas localidades estrechamente ligadas a la vida de esta insigne figura: el Monte Morrone, donde Pedro condujo por mucho tiempo la vida erem?tica; la ermita de san Onofre, donde en 1294 le lleg? la noticia de su elecci?n como Sumo Pont?fice, que tuvo lugar en el C?nclave de Perusa; y la Abad?a de ?Santo Spirito?, cuyo altar mayor fue consagrado por ?l despu?s de su coronaci?n, que tuvo lugar en la Bas?lica de Collemaggio en L?Aquila. A esta Bas?lica yo mismo, en abril del a?o pasado, me dirig? para venerar la urna con sus despojos y dejar el palio recibido en el d?a del inicio de mi Pontificado. Han pasado ya ochocientos a?os desde el nacimiento de san Pedro Celestino V, pero ?l permanece en la historia por las conocidas circunstancias de su tiempo y de su pontificado y, sobre todo, por su santidad. La santidad, de hecho, no pierde nunca su fuerza atractiva, no cae en el olvido, no pasa nunca de moda, al contrario, con el paso del tiempo, resplandece cada vez con mayor luminosidad, expresando la perenne tensi?n del hombre hacia Dios. De la vida de san Pedro Celestino quisiera por tanto recoger algunas ense?anzas, v?lidas tambi?n en nuestros d?as.

Pedro Angelerio desde su juventud fue un ?buscador de Dios?, un hombre deseoso de encontrar respuestas a los grandes interrogantes de nuestra existencia: ?qui?n soy, de d?nde vengo, por qu? vivo, para qui?n vivo? ?l se puso de viaje buscando la verdad y la felicidad, se puso a la b?squeda de Dios, y, para escuchar su voz, decidi? separarse del mundo y vivir como ermita?o. El silencio se convierte as? en el elemento que caracteriza su vida cotidiana. Y es precisamente en el silencio exterior, pero sobre todo en el interior, donde ?l llega a percibir la voz de Dios, capaz de orientar su vida. Hay aqu? un primer aspecto importante para nosotros: vivimos en una sociedad en la que cada espacio, cada momento parece que tenga que ?llenarse? de iniciativas, de actividades, de sonidos; a menudo no hay tiempo siquiera para escuchar y dialogar. ?Queridos hermanos y hermanas! No tengamos miedo de hacer silencio fuera y dentro de nosotros, si queremos ser capaces no s?lo de percibir la voz de Dios, sino tambi?n la voz de quien est? a nuestro lado, la voz de los dem?s.

Pero es importante subrayar tambi?n un segundo elemento: el descubrimiento del Se?or que hace Pedro Angelerio no es el resultado de un esfuerzo, sino que lo hace posible la propia Gracia de Dios, que le precede. Lo que ?l ten?a, lo que ?l era, no le ven?a de s? mismo: le hab?a sido dado, era gracia, y era por ello tambi?n responsabilidad ante Dios y ante los dem?s. Aunque nuestra vida sea muy distinta, tambi?n vale lo mismo para nosotros: todo lo esencial de nuestra existencia nos ha sido dado sin nuestra aportaci?n. El hecho de que yo vivo no depende de m?; el hecho de que me hayan sido dadas personas que me han introducido en la vida, que me han ense?ado qu? es amar y ser amado, que me han transmitido la fe y me han abierto la mirada a Dios: todo esto es gracia y no est? ?hecho por m?. Por nosotros mismos no habr?amos podido hacer nada si no nos hubiera sido dado: Dios nos precede siempre, y en cada vida hay cosas bellas y buenas que podemos reconocer f?cilmente como gracia suya, como rayo de luz de su bondad. Por esto debemos estar atentos, tener siempre abiertos los ?ojos interiores?, los de nuestro coraz?n. Y si aprendemos a conocer a Dios en su bondad infinita, entonces seremos capaces tambi?n de ver, con asombro, en nuestra vida ? como los santos ? los signos de ese Dios, que est? siempre cerca de nosotros, que es siempre bueno con nosotros, que nos dice: ??Ten fe en m?!".

En el silencio interior, en la percepci?n de la presencia del Se?or, Pedro de Morrone hab?a madurado, adem?s, una experiencia viva de la belleza de la creaci?n, obra de las manos de Dios: sab?a captar su sentido profundo, respetaba sus signos y sus ritmos, hac?a uso de ella para lo que es esencial a la vida. S? que esta Iglesia local, como tambi?n las dem?s del Abruzzo y de Molise, est?n activamente comprometidas en una campa?a de sensibilizaci?n para la promoci?n del bien com?n y de la salvaguardia de la creaci?n: os animo en este esfuerzo, exhortando a todos a sentirse responsables de su propio futuro, como tambi?n del de los dem?s, respetando y custodiando la creaci?n, fruto y signo del Amor de Dios.

En la segunda lectura de hoy, tomada de la Carta a los G?latas, hemos escuchado una bell?sima expresi?n de san Pablo, que es tambi?n un retrato espiritual perfecto de san Pedro Celestino: ?Yo s?lo me gloriar? en la cruz de nuestro Se?or Jesucristo, por quien el mundo est? crucificado para m?, como yo lo estoy para el mundo? (6,14). Verdaderamente la Cruz constituy? el centro de su vida, le dio la fuerza de afrontar las duras penitencias y los momentos m?s comprometidos, desde su juventud hasta su ?ltima hora: ?l fue siempre consciente de que de ella viene la salvaci?n. La Cruz dio a san Pedro Celestino tambi?n una clara conciencia de pecado, siempre acompa?ada de una tambi?n clara conciencia de la infinita misericordia de Dios hacia su criatura. Viendo los brazos completamente abiertos de su Dios crucificado, se sinti? llevar al mar infinito del amor de Dios. Como sacerdote, tuvo experiencia de la belleza de ser administrador de esta misericordia absolviendo a los penitentes del pecado, y, cuando fue elegido a la Sede del Ap?stol Pedro, quiso conceder una particular indulgencia, llamada "La Perdonanza". Deseo exhortar a los sacerdotes a que se conviertan en testigos claros y cre?bles de la buena noticia de la reconciliaci?n con Dios, ayudando al hombre de hoy a recuperar el sentido del pecado y del perd?n de Dios, para experimentar esa alegr?a sobreabundante de la que el profeta Isa?as nos habl? en la primera lectura (cfr Is 66,10-14).

Finalmente, un ?ltimo elemento: san Pedro Celestino, a?n llevando una vida erem?tica, no estaba ?cerrado en s? mismo?, sino que estaba lleno de la pasi?n de llevar la buena noticia del Evangelio a los hermanos. Y el secreto de su fecundidad pastoral estaba precisamente en ?permanecer? con el Se?or, en la oraci?n, como se nos ha recordado tambi?n en el pasaje evang?lico de hoy: el primer imperativo es siempre el de orar al Se?or de la mies (cfr Lc 10,2). Y s?lo despu?s de esta invitaci?n, Jes?s define algunos compromisos esenciales de los disc?pulos: el anuncio sereno, claro y valiente del mensaje evang?lico ? tambi?n en los momentos de persecuci?n ? sin ceder ni a la fascinaci?n de la moda, ni al de la violencia o de la imposici?n; el desapego de la preocupaci?n por las cosas ? el dinero y el vestido ? confiando en la Providencia del Padre; la atenci?n y cuidado en particular hacia los enfermos en el cuerpo y en el esp?ritu (cfr Lc 10,5-9). Estas fueron tambi?n las caracter?sticas del breve y sufrido pontificado de Celestino V, y estas son las caracter?sticas de la actividad misionera de la Iglesia en toda ?poca.

?Queridos hermanos y hermanas! Estoy entre vosotros para confirmaros en la fe. Deseo exhortaros, con fuerza y afecto, a permanecer firmes en esa fe que hab?is recibido, que da sentido a la vida y que da la fuerza para amar. Que nos acompa?en en este camino el ejemplo y la intercesi?n de la Madre de Dios y de san Pedro Celestino. ?Amen!

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:46  | Habla el Papa
 | Enviar