Domingo, 01 de agosto de 2010

Comentario al evangelio del domingo dieciocho del Tiempo Ordinario - C, publicado en Diario de Avisos el domingo 1 de Agosto de 2010 bajo el ep?grafe "DOMINGO CRISTIANO"

La avaricia rompe el saco

Daniel Padilla

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El hombre se parapeta. ?Qui?n lo desemparapetar?? El desemparapetador que lo...". Quiero decir que el hombre, desde su m?s lejano origen, primero por instinto, despu?s por una curiosa mezcla de temor y previsi?n de cara al incierto futuro, m?s tarde por el regusto de la dolce vita, finalmente por avaricia, que es, como sab?is, la que siempre rompe el saco; el hombre, digo, tiende a atrincherarse, a construirse fortines y vallados, a suscribir p?lizas y m?s p?lizas de seguros y a dejarse abandonar blandamente en el "ande yo caliente y r?ase la gente". Por eso quiz? Jes?s, a un hombre del pueblo que se le acerc? con un asunto de reparto de bienes, le hizo una seria advertencia: "Gu?rdense de toda clase de avaricia". Porque, f?jense bien. No parece que aquel hombre estuviera proponiendo algo descabellado: "Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo". No, no ped?a una barbaridad. Se trata de alguien que ve?a que su hermano, el primog?nito, se quer?a quedar con todo, siendo as? que el mismo Deuteronomio aclaraba que s?lo le pertenec?an dos tercios. Ped?a, pues, algo que era de justicia. Pues bien; Jes?s, sin negar ese derecho y la coherencia de su petici?n, prefiere prevenirle contra ese af?n de posesi?n que se suele enroscar en nosotros los hijos de Eva y que suele concretar en eso que sol?amos llamar las tres concupiscencias. La del tener. Los antiguos primates lo que seguramente buscaban al principio era protegerse. Contra las inclemencias del tiempo y contra los ataques de las fieras; nada m?s. Se refugiaron en cavernas.

Y hay que reconocer de entrada que uno de los m?s elementales derechos del hombre es tener una casa digna, en consonancia con el nivel de vida de cada ?poca. Pero, ?d?nde est? la frontera entre eso que adquirimos para sentir realizada nuestra dignidad de hombres y ese insaciable apetito de tener todo eso que la sociedad de consumo, -teledirigiendo- nos dogmatiza que hay que tener? S?, ?cu?l es la l?nea divisoria entre lo necesario, lo ?til, lo superfluo y lo escandaloso? Lean la par?bola, lean: "Un hombre rico tuvo una gran cosecha". La del poder. "Como no tengo donde almacenar tanta cosecha, construir? unos almacenes m?s grandes y meter? all? todo el grano y el resto de mi cosecha. Y me dir? a m? mismo: hombre, tienes almacenados bienes para muchos a?os". Es el paso del tener al poder. Es el convencimiento, como dice la canci?n: ni Dios puede contigo. Es convertir en principio existencial la lucha despiadada por el poder, ya sea econ?mico, pol?tico, administrativo o de apabullante influencia p?blica. Es la puesta en pr?ctica del refr?n: "Al que a buen ?rbol se arrima, buena sombra le cobija". La del placer. Es la consecuencia inevitable de las dos concupiscencias anteriores. "Aquel hombre dijo: t?mbate, come, bebe y date buena vida". Es la filosof?a reinante hoy del "pas?rselo guay". Sin l?mites ni fronteras. Es la puesta en escena de "el que es tonto, que espabile". Es la filosof?a de las otras bienaventuranzas, reverso completo de las de Jes?s: dichosos los ricos, los poderosos, los que r?en, los que, hagan lo que hagan, se las ingenian para no ser perseguidos por la justicia. M?s o menos, menos o m?s, a estas cosas se refer?a Jes?s cuando, a aquel hombre que acudi? a ?l para que hiciera de ?rbitro, le contest?: "Gu?rdense de toda clase de avaricia".

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Publicado por verdenaranja @ 18:58  | Espiritualidad
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