S?bado, 07 de agosto de 2010

Documento final del Seminario La Pastoral del Mundo del Trabajo en una econom?a globalizada: Organizaci?n y perspectivas?, que se ha celebrado en Santiago de Chile, los d?as 26 al 30 de Julio. El Seminario, organizado por el Departamento de Justicia y Solidaridad del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).?(FIDES)

Carta abierta a los trabajadores y agentes de la pastoral del mundo del trabajo?

Convocados por el Departamento de Justicia y Solidaridad del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), en la secci?n ?Laicos Constructores de Sociedad?, en la ciudad de Santiago de Chile, los d?as 26 al 30 de Julio del presente a?o, nos hemos encontrado agentes de pastoral procedentes de: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Honduras, M?xico, Panam?, Paraguay, Per?, Puerto Rico, Rep?blica Dominicana y Venezuela, para participar en el seminario ?La Pastoral del Mundo del Trabajo en una econom?a globalizada: Organizaci?n y perspectivas?.

El objetivo del seminario ha sido apoyar a las Conferencias Episcopales en la organizaci?n y el fortalecimiento de la Pastoral de los Trabajadores en el mundo del trabajo, para que sean los mismos trabajadores quienes vivan su vocaci?n de disc?pulos misioneros en todos los ?mbitos de la sociedad donde desarrollan su trabajo en distintas condiciones labora-les, contribuyendo de esta manera al desarrollo sostenible y sustentable de nuestros pueblos. Que sean portadores de la buena noticia del trabajo y, con los mismos sentimientos de Jesucristo el Buen Pastor, se preocupen por brindar especial atenci?n a quienes, por distintas razones, se encuentran cesantes y sufren al verse excluidos e injustamente violentados en su dignidad. Hemos tenido presentes en la oraci?n y la reflexi?n a todos los trabajadores y trabajadoras de Am?rica Latina y el Caribe, como obreros del Reino, nos unimos a sus luchas y dificultades, a sus gozos y esperanzas.

Nuestras palabras son de aliento para que continuemos estrechando las manos en torno a quien nos anima y nos une, Jesucristo, el Carpintero de Nazareth, quien camina con nosotros en este continente de la esperanza, y nos ha dado a la Virgen Mar?a como Madre y compa?era de camino, ella est? presente en las luchas diarias de sus hijos por la dignificaci?n del ser humano y la consolidaci?n de una sociedad m?s humana, fraterna, justa y solidaria.

Compartimos nuestra alegr?a y esperanza al encontrar m?ltiples experiencias de personas y organizaciones comprometidas con la evangelizaci?n del pueblo trabajador en el Continente. Experiencias que promueven la dignidad de la personas, fortalecen su espiritualidad, sus valores y su m?stica para realizar con dignidad y eficiencia su trabajo en la b?squeda de su realizaci?n personal y del desarrollo de la comunidad humana. Estas experiencias pro-mueven la formaci?n de nuevos liderazgos, el di?logo social y la concertaci?n, la promoci?n de la econom?a solidaria, la atenci?n a desempleados y desempleadas, la organizaci?n de los trabajadores y trabajadoras, la defensa de sus derechos y el apoyo a organizaciones de otra ?ndole, con finalidad de lograr el bienestar de todos.

Sentimos nuestras, las dolorosas experiencias de los excluidos y de los injustamente maltratados en el mundo del trabajo. Nos preocupan las alarmantes situaciones que claman al cielo y son causa de dolor y tristeza: las dif?ciles condiciones de vida y de trabajo de millones de hermanos y hermanas de Am?rica Latina y el Caribe, las desigualdades sociales, la expansi?n de m?ltiples formas de precarizaci?n laboral en el Continente, la gravedad del aumento sostenido del desempleo en algunos de nuestros pa?ses, el crecimiento de la informalidad en el mundo del trabajo, la persistencia de formas de explotaci?n como el trabajo forzoso, la trata de personas, el trabajo de ni?os y ni?as no acorde a su edad, las amenazas en la permanencia laboral por causas ideol?gicas, la falta de seguridad social y de garant?as laborales, como las precarias condiciones de trabajo y la persistente discriminaci?n laboral de las mujeres y los j?venes, quienes no tienen acceso a un trabajo decente, y sufren mayor desempleo.

Todo lo anterior es el resultado de la puesta en vigencia por d?cadas de sistemas sociales y econ?micos que ponen su inter?s en el capital y el mercado, explotando y violentan-do la dignidad humana y el aut?ntico sentido e importancia del trabajador en su propia realizaci?n personal, en su contribuci?n al desarrollo de los pueblos y a la gestaci?n de una econom?a con rostro humano, que tenga como centro la dignidad de cada persona; pero tambi?n es consecuencia de err?ticas pol?ticas p?blicas de algunos gobiernos de la regi?n en las ?reas econ?micas y laborales, que han privilegiado populismos y neopopulismos, que degradan a la persona al hacerla depender de las d?divas gubernamentales, antes que de la promoci?n de un trabajo decente y sostenido.

Ante a esta dolorosa situaci?n, como disc?pulos misioneros, afirmamos con nuestros obispos que ?el trabajo garantiza la dignidad y libertad del hombre, es probablemente `la clave esencial de toda la cuesti?n social?? (DA 120).

Nos identificamos plenamente con el Papa Benedicto XVI qui?n en la Enc?clica ?Caritas In Veritate?, nos exhorta a comprometernos con la promoci?n del Trabajo Decente en-tendido como: ?Expresi?n de la dignidad esencial de todo hombre y mujer, libremente elegido, que asocia efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su comunidad. Que hace que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminaci?n, que permite satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos, sin que se vean obligados a trabajar. Facilita a los trabajadores organizarse libremente y hacer o?r su voz, deja espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias ra?ces en el ?mbito personal, familiar y espiritual y asegura una condici?n digna a los trabajadores que llegan a la jubilaci?n?. (CIV. 63)

Animados por el Esp?ritu de Jes?s, el Carpintero (cf. Mc 6,3), qui?n dignific? al trabajo y al trabajador, y recuerda que el trabajo no es un mero ap?ndice de la vida sino que ?constituye una dimensi?n fundamental de la existencia del hombre en la tierra? (LE. 4), a trav?s del cual ?el hombre y la mujer se realizan a s? mismos como seres humanos?. (LE. 9),les invitamos a multiplicar los esfuerzos para continuar la tarea evangelizadora en el complejo mundo del trabajo, de esta manera la Pastoral de los Trabajadores tendr? una relevante y exigente importancia en la vida ordinaria de las Conferencias Episcopales e Iglesias particulares.

Somos conscientes que los profundos cambios sociales que est?n afectando al mundo del trabajo, permiten desde la creatividad pastoral, dise?ar y promover nuevas propuestas para hacer que todas las personas alcancen su pleno desarrollo y ayuden a consolidar un mundo donde se vivan los pertinentes derechos y deberes al servicio de toda la sociedad. Con este prop?sito consideramos oportuno compartir algunas propuestas que deben ser atendidas con prisa y sin demora, desde todas las estructuras sociales:

?Promover la cultura de la dignidad del trabajo y de los derechos laborales.
?Fortalecer los espacios de formaci?n, reflexi?n y conocimiento de:
?la realidad del mundo y sus impactos en la vida de los trabajadores,
?la Doctrina Social de la Iglesia,
?los derechos y deberes laborales.
?Impulsar eficaces procesos de di?logo social que repercutan en un cambio de las condiciones de vida y de trabajo.
?Promover nuevos liderazgos, especialmente entre los j?venes y mujeres, que susciten la solidaridad prof?tica y la renovaci?n de las organizaciones de trabajadores.
?Incentivar la espiritualidad y la m?stica en el compromiso con los trabajadores en el mundo del trabajo.
?Multiplicar los procesos y las acciones de solidaridad, acompa?amiento, asesor?a y apoyo de los trabajadores y trabajadoras, para que no sean vulnerados en sus derechos laborales o perseguidos por asociarse en la defensa de sus justas reivindicaciones.
?Promover, desde la pastoral de los Trabajadores en el mundo del trabajo, el cuidado de la creaci?n como espacio de realizaci?n y contemplaci?n de la obra de Dios.

Unidos a Jes?s, la Palabra que se hizo carne y puso su morada entre nosotros, en esta ciudad capital donde el padre Alberto Hurtado, el gran santo chileno, se santific? con su apostolado en medio de los trabajadores, asumimos el compromiso de continuar con la infatigable labor por la dignificaci?n del trabajo en todo este continente y con ella de todos los trabajadores y trabajadoras. Nos acogemos a la maternal protecci?n de Nuestra Se?ora de Guadalupe, fiel defensora de los m?s peque?os, los amados de Dios.

Santiago de Chile, julio de 2010


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