Lunes, 09 de agosto de 2010

Homil?a de monse?or Marcelo Ra?l Martorell, obispo de Puerto Iguaz?, para el domingo XV durante el a?o (11 de julio de 2010). (AICA)

?SE?OR, TU PALABRA EST? EN MI BOCA Y EN MI CORAZ?N PARA PONERLA EN PR?CTICA????????????????

La liturgia de este d?a gira alrededor del tema de la Ley del Se?or: ?Escucha la voz del Se?or, tu Dios, ?guardando sus preceptos y mandatos? (Deut. 30,10). Dios ha pactado con el hombre su alianza y le ha comunicado su voluntad. Esta Ley est? escrita en el coraz?n de los hombres desde el d?a mismo de su creaci?n y por lo tanto acorde a su coraz?n. ?El precepto que yo te mando hoy no es cosa que te exceda, ni inalcanzable; est? muy cerca de ti, en tu coraz?n y en tu boca, c?mplelo? (Deut. 11,14). La Ley de Dios pide al pueblo que viva seg?n la Palabra de Dios, que lo ama e invita a amarlo. Para poner en pr?ctica esto es necesario estar disponible y abierto a su palabra y a la acci?n del Esp?ritu Santo.

Jes?s es la Palabra de Dios, su Verbo, que se hizo carne y vino a morar en medio de los hombres, revelando de un modo pleno la voluntad divina, expresada en los mandamientos. El evangelio de hoy presenta a Jes?s que habla con un doctor de la Ley el cual lo interroga acerca de cual es el mandamiento primero de la Ley. Jes?s le responde: ?el amor a Dios y al pr?jimo?. El doctor interroga al maestro, no para aprender, sino para ponerlo a prueba y termina su consulta pregunt?ndole: ??y qui?n es mi pr?jimo? Y es aqu? donde Jes?s le responde con la par?bola del buen samaritano. No nos olvidemos que los samaritanos son extranjeros y extra?os a la Ley, sin embargo Jes?s le cuenta la historia de un hombre atacado por bandoleros, que fue dejado a la orilla del camino, herido y despojado de sus bienes. Dos individuos pasan a su lado, un sacerdote y un levita, quienes lo ven tirado y herido pero siguen su camino sin preocuparse de ?l. Solamente el tercer hombre -que era samaritano- se compadece de ?l, se detiene, lo socorre y le brinda todo su auxilio, incluso gasta su dinero para que lo curen.

La conclusi?n a la pregunta de esta par?bola es f?cil: todo el que est? a tu lado es tu ?pr?jimo? sobre todo cuando est? necesitado de ayuda y ?ste debe ser amado como cada uno se ama a s? mismo. La par?bola obliga al doctor de la Ley a reconocer que quien cumple con la Ley no necesariamente es un hombre instruido en ella, como era el caso del sacerdote y del levita, ?sino que hasta puede ser un samaritano con un coraz?n tierno, aunque sea considerado por los jud?os como incr?dulo y pecador. El que tiene un coraz?n duro y ego?sta encuentra mil maneras para justificar su falta de caridad y de solidaridad con el pr?jimo. Poco importa, en efecto, conocer la moral a la perfecci?n y discutir en torno a ella, cuando no se cumple con los deberes m?s elementales como los que plantea la par?bola. El que tiene un coraz?n duro y ego?sta siempre encontrar? suficientes excusas para eximirse de ayudar al pr?jimo, sobre todo cuando el tener que hacerlo produce incomodidad, exige sacrificio, abnegaci?n y esfuerzo.

Jes?s no quiere hablar con el doctor en forma magistral, como lo hacen los doctores y los fariseos sino que emplea simples par?bolas para explicar la Palabra de Dios y m?s a?n cuando ?sta hace referencia al amor, que es la ley fundamental de la vida y de la relaci?n con Dios. El amor lleva en si mismo su justificaci?n. El evangelista Juan afirma con profundidad que ??Dios es amor? y San Juan de la Cruz nos recuerda que ?en la tarde de la vida seremos examinados en el amor?.

La segunda lectura nos deja esta ense?anza: ?Jes?s es imagen del Dios invisible y primog?nito de toda criatura? y quiere ser reconocido y amado por los hombres en la imagen humilde y visible del pr?jimo. Los hombres y mujeres de hoy tenemos que tener presente en nuestras vidas la imagen del buen samaritano para considerar a quien est? al lado como a nuestro pr?jimo y brindarle toda nuestra ayuda, especialmente cuando est? necesitado o abandonado.

El amor es el primero y m?s decisivo de los mandamientos, es el criterio para ver si estamos en la verdad. El mundo de hoy necesita que cambiemos el coraz?n, que le mostremos que es posible transformarlo por el amor y que con esta fuerza transformadora que nos da el Esp?ritu Santo podemos ser constructores de una sociedad nueva. Los grandes males del mundo de hoy son posibles porque Dios est? ausente en el coraz?n del hombre y vive indiferente, como si Dios no existiera. No se puede construir una sociedad nueva sin Dios y sin ?l es imposible la solidaridad, el amor al pr?jimo y una vida m?s humana y m?s digna.

Pidamos a la Sant?sima Virgen, nos ayude a colmar nuestro coraz?n con el amor de Dios y nos ense?e a vivir verdaderamente el amor al pr?jimo.?

Mons. Marcelo Ra?l Martorell, obispo de Puerto Iguaz??


Publicado por verdenaranja @ 22:53  | Homil?as
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