Martes, 10 de agosto de 2010

ZENIT? publica la carta pastoral que han publicado los obispos de las di?cesis de la provincia eclesi?stica de Zaragoza y el obispo de Jaca a prop?sito de la entrada en vigor, el pasado 15 de julio de 2010, de la ley del aborto en Espa?a.

A todos los sacerdotes y consagrados, religiosos y seculares, y a todos los fieles cristianos de nuestras Iglesias particulares, como tambi?n a todos los hombres de buena voluntad.?

Amad?simos hijos:

Acaba de entrar en vigor la ampliaci?n de la ley del aborto con la Ley 2/2010 de 3 de marzo, llamada eufem?sticamente "Ley Org?nica de salud sexual y reproductiva y de la interrupci?n voluntaria del embarazo". Callar y no hacer nada ante este nuevo y grav?simo atentado contra la vida de los m?s inocentes nos puede convertir en c?mplices por omisi?n. Por eso, no podemos callar y debemos pararnos a pensar qu? respuesta activa en favor de la vida debemos dar cada uno: individuos, familias, comunidades, instituciones..., todos.

En primer lugar, hay que dejar bien claro que el mayor rechazo y la m?s grande repulsa que merece la nueva ley del aborto, en vigor desde el pasado 5 de julio, no significa que fuera aceptable la ley anterior. En la pr?ctica, ya exist?a el aborto libre en Espa?a bajo la presunta justificaci?n de embarazo con riesgo para la salud ps?quica de la madre. Lo prueban las cifras crecientes de aborto, por encima ya de 150.000 al a?o los oficialmente registrados. Y no contamos los no registrados, como tampoco los producidos por la as? llamada ?p?ldora del d?a despu?s', por las t?cnicas de reproducci?n asistida y por otros procedimientos. La situaci?n era ya devastadora y ahora lo va a ser m?s todav?a.

La nueva ley del aborto a?ade nuevas razones de inmoralidad e injusticia a la anterior. Entre las m?s graves est?n las siguientes: Considera el aborto como un derecho de la mujer hasta la semana 14 de gestaci?n, negando en ese tiempo el derecho fundamental a la vida del hijo concebido. De ese modo, considera el aborto como un modo m?s de ?planificaci?n de la reproducci?n' y de anticoncepci?n. Atenta contra la responsabilidad y misi?n de la familia al permitir el aborto a las j?venes desde los 16 a?os sin el conocimiento de sus padres si as? lo quieren ellas. Impone la instrucci?n pr?ctica para realizar abortos en la formaci?n de los m?dicos, cuando el aborto no es un verdadero acto m?dico, porque no corresponde al fin de la Medicina, y la Universidad debe formar m?dicos, s?lo m?dicos. Puede restringir el derecho a la libertad de conciencia y a la consiguiente objeci?n de los profesionales sanitarios. Impone un programa educativo escolar en la infancia y en la juventud que es abortista y con una idea falsa de la sexualidad humana. Con lo cual, la nueva ley se arroga desp?ticamente competencias que no le corresponden en la educaci?n moral de los escolares y atenta contra el principio de subsidiaridad respecto de los padres de familia.

El aborto ni es ejercicio del derecho a la maternidad, ni es un derecho de la mujer a su autodeterminaci?n, ni es un modo de promover la salud sexual y reproductiva. El aborto es la acci?n de matar intencionalmente al hijo concebido, ya vivo y no nacido todav?a. En modo alguno se puede afirmar que la mujer embarazada y el var?n responsable del embarazo s?lo ?ser?n' padres en el futuro, tras su aceptaci?n libre y consciente del fruto de su uni?n. No. El y ella ya son padres en el presente. El hijo no es ?algo' que se puede eliminar si interesa, sino ?alguien' a quien se debe amar dando desinteresadamente la vida por ?l.

El bien de la vida humana y el derecho correspondiente a la misma son inviolables e incondicionales. La vida humana es siempre un bien, y ha de ser reconocida como tal en cada uno por el mero hecho de existir, por el simple hecho de darse. No se necesita ning?n otro t?tulo para tener la dignidad propia de la persona humana. Este valor y esta dignidad no se tienen porque los reconozca el Estado o la ley, sino que pueden ser reconocidos porque se tienen con anterioridad, por el mero y simple hecho de su existencia, porque son a priori. Y este valor y esta dignidad los tienen todos seres humanos desde el momento de la concepci?n hasta el de su muerte natural, independientemente de sus condiciones de desarrollo, salud, calidad de vida o integridad f?sico-ps?quica.

Ninguna circunstancia puede justificar ni convertir en moralmente aceptable el hecho de causar la muerte intencionalmente a un ser humano inocente. Pues bien, dado que eso es precisamente lo que pasa con el aborto, ?ste es siempre, para todos y sin excepci?n, un acto inmoral de la m?xima gravedad.

La mujer es quien acude a abortar, pero no siempre lo hace con plena libertad. Circunstancias que pueden parecerle sin salida y el hecho de verse abandonada e incluso empujada a abortar por quienes habr?an debido apoyarla en su embarazo, pueden disminuir su responsabilidad moral. Lo sabemos y lo tenemos en cuenta. Pero eso no puede convertir en moralmente aceptable el hecho del aborto. Objetivamente el aborto es un crimen abominable, como afirma el Concilio Vaticano II.

En la ley que acaba de entrar en vigor, se afirma que el aborto es un derecho de la mujer en las primeras 14 semanas del embarazo. Se presenta aqu?lla como una ley que defiende y promueve la libertad y la dignidad de la mujer. Pero, en realidad, hace todo lo contrario. La primera v?ctima del aborto es el hijo que se elimina mat?ndolo en el propio seno materno. La segunda v?ctima, independientemente de que se tenga o no conciencia de ello, es la mujer, la madre, porque ?sta mata a su hijo y a la vez mata su maternidad, algo intr?nseco a su femineidad, un significante maravilloso y exclusivo de esa forma de presentarse y de realizarse el ser humano, que es la mujer, una forma cardinalmente distinta y complementaria a aquella en que se muestra el ser humano var?n. Huelga decir que femineidad y masculinidad constituyen las dos formas cardinales ?nicas de ofrecerse el ser humano en el mundo, dos formas id?nticas en su esencia, pero distintas y complementarias. Pues bien, el aborto deja una herida tal en la mujer, que s?lo la acci?n de la gracia divina del perd?n podr? sanar definitivamente. Y la responsabilidad de esta herida y la herida misma se extienden tambi?n al padre y a quienes deber?an haber apoyado la vida del concebido y no lo han hecho.

A veces se oye decir: ?yo no abortar?a, pero estamos en una sociedad plural y hay que aceptar que lo hagan los que tienen otro modo de pensar'. Los que as? hablan no tienen en cuenta a los hijos que son eliminados. Uno de los m?nimos ?ticos que toda sociedad ha de exigir incondicionalmente a sus miembros para poder ser comunidad humana es el contenido en el quinto mandamiento de la ley mos?ica, asumida por el evangelio de Cristo: "?No matar?s!". Abrazar este m?nimo ?tico no depende de tener una u otra mentalidad, pues constituye ?ste uno de los preceptos morales m?nimos necesariamente exigidos para convivir humanamente. Y, como tal, est? siempre presente de forma natural en el coraz?n de todo hombre y de toda mujer.

Una sociedad libre, pluralista y abierta ha de fundarse sobre la verdad y el bien, y debe afirmar, promover y custodiar efectivamente el primero de los derechos fundamentales de todos sus miembros: el derecho a la vida. Una sociedad que promulga leyes que niegan el derecho a la vida de algunos de sus ciudadanos no est? construida sobre la verdad y el bien y, por tanto, carece de futuro. Podr? tener aspectos apreciables, pero sus pies son de barro y acabar? m?s pronto o m?s tarde por derrumbarse. Adem?s: al reconocer como derecho que unos ciudadanos puedan matar impunemente a otros y negar el derecho a la vida, ya ha comenzado su destrucci?n. Hoy lo hacen los legisladores ampliando la pr?ctica del aborto; ma?ana, podr?a presumirse hagan aquellos formalmente lo mismo con la legalizaci?n de la eutanasia.

Todos hemos recibido la vida como un don. Y la vida, que hemos recibido como don, nos constituye a cada uno en don para los dem?s. El aborto nos importa a todos, porque tiene consecuencias sociales para todos. En cada aborto procurado son eliminados quienes estaban llamados a ser un don para los dem?s y el don que con ellos y en ellos se nos quer?a comunicar. En el que es abortado, ?qu? bienes nos iban a llegar a todos y hemos perdido? Cada aborto tiene inevitablemente una gran repercusi?n social para el presente y para el futuro. Este da?o deber? ser redimido.

?C?mo responder a la ampliaci?n del aborto? ?Con pasiva resignaci?n? ?Con un coraz?n fr?o y embotado? ?Afirmando que nada puede cambiar? No. Es preciso actuar renovada e incansablemente. En la sangre de Cristo muerto y resucitado para nuestra salvaci?n tenemos la certeza de que la cultura de la vida vencer?.

Es preciso establecer cauces para ayudar a las madres que se encuentran tentadas de abortar ofreci?ndoles alternativas efectivas y sosteniendo cada vez mejor las ofertas diocesanas ya existentes.

Es preciso cultivar la disposici?n a la adopci?n en los matrimonios id?neos que no pueden tener hijos y tambi?n en los que los tienen. Es preciso apoyar efectivamente la posibilidad de llevar adelante el embarazo para entregar en adopci?n al reci?n nacido cuando los padres biol?gicos no se pueden hacer cargo de ?l. Es preciso revisar los procedimientos de adopci?n nacional, para facilitarla procurando siempre el mayor bien del hijo adoptado.

Es preciso seguir ofreciendo una adecuada educaci?n afectivo-sexual seg?n la verdad del hombre y de la mujer, y seg?n la verdad de la procreaci?n humana, tal como ?sta es conocida y ense?ada por el Magisterio de la Iglesia, madre y maestra.

Es preciso ofrecer a las mujeres que han abortado o que se han visto empujadas a ello la reconciliaci?n con Dios, consigo mismas y con sus hijos por medio del encuentro con Cristo en el sacramento de la confesi?n. Cristo quiere perdonarlas, hacer que nazcan de nuevo por el don del Esp?ritu Santo y regalarles vivir en el seno de una comunidad cristiana. As?, se convertir?n en testigos y misioneras del Evangelio de la vida para el desaf?o del dif?cil tiempo presente. Esa es una misi?n que todos tenemos y que todos debemos cumplir con la ayuda de Dios, la cual no nos faltar? nunca.

Que el Se?or nos ayude con su gracia a disipar las profundas tinieblas que se ciernen sobre la conciencia de los hombres de nuestro tiempo y que no pocas veces la ciegan. Y que la luz de la verdad sobre el hombre, una luz que emerge de la raz?n no ideologizada y, de forma total y plena, de la Revelaci?n, comience a brillar en nuestro horizonte.

Dado en Zaragoza, a 16 de julio,

Memoria obligatoria de Nuestra Se?ora del Carmen,

del a?o de gracia de 2010?

+ Manuel Ure?a, Arzobispo Metropolitano de Zaragoza
+ Jes?s Sanz, Arzobispo Metropolitano de Oviedo
y Administrador Apost?lico de Huesca y de Jaca
+ Alfonso Mili?n, Obispo de Barbastro-Monz?n
+ Jos? Manuel Lorca, Obispo de Cartagena
y Administrador Apost?lico de Teruel y de Albarrac?n
+ Demetrio Fern?ndez, Obispo de C?rdoba
y Administrador Apost?lico de Tarazona


Publicado por verdenaranja @ 22:36  | Hablan los obispos
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